19/7/09

Delirios y condenas, una reseña por partida doble



La múltiple forma del delirio (EUCR, 2009)

Igual que en el trabajo anterior de Solórzano-Alfaro, las Fábulas del olvido (Editorial EUNED, 2005), nos encontramos ante poemas extensos, y estilos similares. Nuevamente Solórzano remueve tópicos usuales, y una fuerte carga simbólica. Para destrabar los poemas y encontrar llaves a su obra, debemos tener en cuenta que lo concreto y abstracto en su poesía apenas se rozan, que una piedra no es una piedra, y que el olvido no es olvido.

Un aspecto formal en la poesía de Solórzano-Alfaro es el ritmo y el casi siempre afortunado uso de la rima interna y asonante, que permiten una lectura líquida y sin obstáculos. A pesar de ello, a veces sentimos un manejo de las imágenes casi abusivo, por momentos los poemas están sobre edificados innecesariamente restando muchas veces en sus poemas su capacidad provocadora y evocativa.

Este problema en mi opinión de la sobre edificación, es bien conocido por el poeta de mi parte, así que sabemos que no lo tomará a mal. El resultado en ocasiones es que nos sentiremos extraviados en algunos poemas, hay mucho de laberinto en ellos, y a veces no queda más que conformarnos con el entorno atmosférico de estos. Este problema se rompe, más adelante, cuando el poeta utiliza recursos narrativos que le dan movilidad, ejemplo de esto es Fijeza de los Trenes, no así cuando los poemas son más estáticos y contemplativos. Veamos un par de ejemplos:


Hoy duermo en una casa abandonada.
Las flores secas adornan mi lecho.

La historia de mi pueblo
Es la historia de quien amo.
Mis amigos bailan
Con músicas antiguas
Y han cerrado la puerta
Por donde a diario transita
La fugaz blasfemia de tus labios.
(Elegía para alguien que duerme)

Este fragmento inicial del poema que abre el poemario nos ubica en un lugar y un momento específico: Hoy duermo en un casa abandonada… (recordemos que la casa no es una casa) pero el momento “hoy” ¿será determinante? ¿Podría ser ayer o mañana?, lo podemos dejar pasar… viene un segundo verso que únicamente adorna la escena del primer verso, prescindible para nosotros, y luego viene la evocación en los versos siguientes del 3 al 7, la memoria de alguien quien ama, el recuerdo como único lugar habitable para uno que se ha quedado dormido, inmóvil. Pero los versos 8 y 9, son otro elemento decorativo, que no ofrece información relevante, puede estar bellamente escrito, pero no basta, interpela a alguien, ¿A quien ama, al pueblo, a la historia, a los amigos, al lector? Imposible saberlo, y además nos desplaza fuera del escenario inicial del poema.


… y si de repente la luna hablara,
sabría que tu nombre
es una llaga en la memoria.

………………………………………………….

Habría en todas las cosas
un instante de amor.
Sabrías que tiemblo en tu presencia,
como una rodaja al viento,
como una espada ciega en la carne abatida
Sí, sabrías eso, no más,
porque la luna moriría por mi mano.
(La Luna)
Con los versos iniciales y finales de este poema, queremos insistir en la sobre edificación: El poema arranca con fuerza, lo verdaderamente hermoso es ese nombre transformado en llaga, que sea en la memoria parece un dato irrelevante, podría ser en la consciencia, en la tarde, en la sombra, etc… atenúa en todo caso el efecto inicial. Hacia los últimos versos, lo que molesta es el uso de los símiles, y la retórica del penúltimo verso, donde solo bastaba decir “no más”. Entonces creemos que en ocasiones el poeta intenta enfatizar y dejar bien claro algo, abigarrándolo de imágenes que no siempre facilitan ese sentido, la carga semántica de los elementos recurridos a lo largo del poemario son tan grandes: sombra, memoria, piedra, muerte, olvido, cuerpo, sangre, etc., etc., que resultan demasiado densos y recurrentes incluso para un solo poema.

Más adelante, casi a mitad del poemario tropezamos con Fijeza de los Trenes, un poema que rompe en ritmo, lenguaje y tratamiento con todo el resto del poemario, un poema ajeno si se quiere, y además portentoso, y que queremos examinar con más detalle:

Compuesto en cuatro partes, el poema es circular, y parece ir poco a poco desmadejando un largo hilo de situaciones y estados de ánimo, pero sobre todo, nunca se aleja de su objeto, su divagación siempre va hacia su centro:


I

Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
Acaricio cada contorno de piedra y sal,
Y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
Fijo en un punto,
En un punto sin salidas ni senderos,
Sin otra aspiración que quedarme sentado,
Esperando,
Hastiado de mí mismo,
Como una estatua, un lecho,
Un árbol sin ramas ni raíz.

La fijación se me vuelve una angustia
Y la angustia una apatía
Y la apatía empieza a enojar mis manos
Y mis manos también se quedan mudas,
Fijas y absortas,
Moderadas y abiertas.
Deambulo por esta calles
Con los pitos de los carros
Queriendo fijarse
En mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
Fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.


Esta primera parte introductoria y desconcertante, brilla por el juego alrededor de la fijeza, que se convierte en mutismo y hastío, fijar la mirada, y fijeza, ante todo, fijeza hilarante incluso. Y la sentencia, la imposibilidad de movimiento y transcurso, fijar la mirada es petrificarse. La fijación es toda la vida.

Luego el poema transcurrirá por diversos escenarios, será un recorrido por la vida, invitando a pasar la puerta (que no es una puerta) a todo lo que mirada fija, para que se quede atrás, perdido, hasta el desengaño de no encontrar la estación del tren, ni el tren, porque nunca lo hubo, de alguna manera son los “pasos perdidos” de la existencia. Comparto otros fragmentos.

II

¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí,
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.

…………………………………………………………………………..


Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.

………………………………………………………………………….

Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.

………………………………………………………………………..

III

¡Qué impertinentes son los vecinos!
Tan necios y tan ciegos
como estas líneas
que poco a poco avanzan sin razón,
absortas en sí mismas,
perdidas, buscando no sé cuáles
jeroglíficas serpientes
que se muerden la cola
y chillan como degeneradas
intentando decir algo que nunca dicen,
porque están condenadas a nunca decir ese algo
que eternamente están a punto de decir,
porque muy bien saben que si lo dijeran
no serían ya palabras,
sino cosas útiles
que podríamos endosar en los álbumes,
pegar en las paredes,
incluir en tratados de libre comercio,
enviar en cartas
a los que se quedaron lejos,
expresar nuestro afecto,
conquistar a la novia,
entusiasmar al auditorio.
Por eso no dicen
lo que siempre están a punto de decir,
y eso es todo lo que nos queda.

……………………………………………………………………..

IV

¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.


Traspasado este poema, sentimos la ruptura en toda la poesía en Gustavo Solórzano-Alfaro, una interesante fusión entre viejos y nuevos recursos expresivos, es afortunada la amalgama lírica y vernácula, se siente una actitud más dialógica y menos oracular, no es aparente la transición, la cual será más evidente en La Condena que citaremos a continuación.


La Condena (EUNED. 2009)

En la medida que Gustavo Solórzano-Alfaro asume un tono más conversacional, las decoraciones prácticamente desaparecen, la retórica se vuelve más utilitaria y ayuda a enfatizar y destacar el estado de ánimo del poema, pero ante todo, los poemas se vuelven más eficaces y concéntricos. Tal es el caso de Balada y su dulce tonalidad elegíaca.

Balada

Hoy me duele más que nunca tu mirada.
Hoy me duele esta casa, tan grande tan vacía.
Me duele el deseo y me sabe a tiempo tu palabra.
Me duelen las distancias, me duelen las ventanas,
y las notas de un piano sumergido en las tinieblas

……………………………………………………………………………

Hace ya tantos días y mi hermano no regresa.
Su cuarto está vacío desde el último rincón del sueño.
Tiemblo en las tardes al pensar que no se duerme,
tiemblo al recordar que su nombres es una tumba
y su alma una montaña.

De todo los que lloran,
es mi madre quien más sufre:
como a deshoras y habla poco.

Tenemos la misma impresión cuando leemos “Libros”, que se abre como una ventana para asomarnos en otro de esos territorios imaginarios del poeta, (recuerden que esa quiebrahuesos, no es una quiebrahuesos, y esos libros tampoco son libros) cuánto desengaño transpira la poesía de Gustavo!!!.


Libros

3

Soy un cobarde.
No hay más poesía que eso.
No hay poesía.

Los tópicos poéticos en Gustavo Solórzano-Alfaro siempre son los mismos, tienen que ver con un tiempo y un lugar perdidos, cada poema es un largo rodeo por las ruinas de lo que alumbra, hasta ahora sentimos que su poesía es un solo y basto poema, donde lo que va cambiando es el ángulo de observación, pero como apuntamos antes, ahora el caldo hierve y para que no sepa muy salado le pusimos agua, y ahora a Gustavo le gusta combinar especias distintas, para lograr una nueva sazón…

La contemplación bucólica del pasado, un tópico recurrente en la poesía de Gustavo, está más que bien lograda en esta ocasión en “Poblados”.

Hay pueblos diminutos
Como gotas de sudor
Como lágrimas de Dios
Y aquellos que no lo saben
Y creen
Hasta ser Dios.

Si sentimos por un momento que en la Fijeza de los Trenes, hay todo un giro, en la Condena se detiene, pero los poemas tienen mayor sentido, se nota el esfuerzo por sintetizar más, las imágenes pierden protagonismo afortunadamente.

El tema amoroso también es recurrente, de la amada permanece siempre el nombre, y los labios, esto es central, siempre se evocan, inclusive, esas evocaciones vienen también en la múltiple forma del delirio:

Tu nombre es una llaga en la memoria (en La Luna)

Tu nombre es una marca, una llaga (en Apología del Nombre)

Sorprendentemente en al menos tres ocasiones el centro de la evocación son los labios o el beso:

… tus brazos se entregan como antorchas encendidas,
Y en ellos tu hijo nace de nuevo, cada día,
A la vendimia final de tus besos.

(de Fecundidad)

… Tu nombre se desgrana
Letra a letra entre mis labios…

… y el amor,
Como el fuego indolente que es,
Poblará nuestros labios
Hasta que se extingan…

(de Apología del Nombre)

Hoy en esta estación tranquila.
Entonces me detengo, pienso
En qué sería de mi sin tus labios

(de Poema de Amor)

Poesía en crisis, huracanes y granizos, la poesía propuesta por Gustavo no es concluyente, está sangrando y retorciéndose, muchas cicatrices le esperan, muchas relecturas, lo bueno es saber lo que está germinando ahora mismo, el lenguaje nunca podrá reinventarse, se devora y fallece, una tarea humana y cotidiana será rescatarlo.

Germán Hernández