17/8/09

Los adioses


Ilustración de Cristian Brenes

¿Cómo nos enteramos de la muerte de los otros? No es complicado. A veces la noticia llega por teléfono o alguien por detrás posa su mano en tu hombro; puede llegar a través de los titulares sangrientos, pero solamente cuando la muerte tiene algo morboso u obsceno que mostrar. Hay otras muertes que nadie espera y ocurren en lugares infortunados como las maternidades. Pero cuando las muertes son simples como un reloj que se detiene con exactitud, casi no sorprenden, ocurren como algo sabido de antemano.
Así lo supo él, había encendido la televisión para ver las noticias mientras almorzaba. Cuando estas terminaron y recogía la mesa y pasaban aquella música de réquiem con los obituarios reconoció de inmediato un nombre, apenas alcanzó a leer el lugar de la vela, que mañana en la mañana era el entierro. Si quería despedirse tendría que salir esa misma tarde.
Buscó con calma dos mudadas de ropa, algunos accesorios para el aseo y los guardó holgadamente en un maletín que antes estuvo limpiando empecinadamente hasta sacarle aquel aroma verdoso que deja el moho y el olvido. Tomó un taxi hasta la terminal de Turrialba y compró su tiquete. Cuando el bus arrancó, se dio cuenta de que estaba rompiendo la única promesa que había jurado cumplir, y que irónicamente para decir adiós tenía que volver.
El centro de Turrialba tiene un aroma extraño y una humedad equívoca, una nostalgia de puerto sin mar y unas palmeras gigantescas sobre los rieles oxidados del ferrocarril que alguna vez pasaba por ahí y que casi ninguno de sus habitantes actuales conoció. Aún así, sin reconocer aquella ciudad, sabía perfectamente a dónde se dirigía cuando bajó del bus, tal vez por eso alargó su camino, atravesando cuadras innecesarias que ya no devolvían ningún recuerdo y donde las casas habían sucumbido y se habían levantado otras, o simplemente, las habían pintado de otro color.
Todo en la habitación del hotel olía a humedad, los cajones de la cómoda, los armarios y la ropa de cama, todo estaba lleno de ese gangoso aroma a vejes y madera podrida. Sentado largo rato, no sabía si tendría el ánimo de ir a la vela, si podría desarrugar la camisa que traía y ponerla en uno de los abollados ganchos de ropa del armario. Dejó que la tarde se fuera por la ventana, hasta que ese sonido de pasos distantes y plagas nocturnas llenara las luces de la calle. Cuando miró por fin la hora, supo que ya era demasiado tarde para regresar y le confortó la idea de estar atrapado, que ya había pasado la primera prueba.
Salió, subió hasta el parque y entró a una cantina. Nadie lo reconoció, y él no reconoció a nadie. Pidió una cerveza y una boca de lengua en salsa, luego otra, y entonces se pidió un trago de guaro. El cantinero se le quedó mirando, se le acercó y le dijo quedito:
—Tengo contrabando.
El asintió con la cabeza y le sirvieron, el pecho se le despejó y el aire se volvió menos espeso, más fácil de respirar y se tomó un par más hasta sentir que la ropa apretaba menos, el cuerpo era más liviano y no había ruido; las esquinas se volvieron más distantes y el relente bañaba con frescura. Carraspeó más joven, menos triste, con estos tragos y este aliento no podía asomarse por nada del mundo a la vela, ahora lo sabía, otra prueba superada, otro peligro menos, mejor tomarse un traguito más antes de irse al hotel.
Cuando se acostó no sintió la pegajosa tibieza de las sábanas, mientras miraba el cielo raso le fueron llegando las preguntas, los recuerdos y el sueño, porque uno no se despide, lo sabía, en todos estos años habían llegado tarde pero seguros los rumores y las noticias borrosas. En la habitación contigua escuchó a alguien que tosía y hablaba por celular y se quedó dormido.
Despertó desorientado, no sabía dónde estaba ni quién era, afuera llovía y aún así logró oír la descarga de algún inodoro vecino. Bajo la ducha fue destrabando los hombros, la mandíbula, las sienes endurecidas por el sueño y frente a un espejito diminuto recordó quien era y que hacía allí, se hizo la barba y para que no lo fueran a reconocer se dejó el bigote.
En la recepción había un muchacho somnoliento viendo las noticias de las seis de la mañana, y se dirigió hacia él:
—¿A qué hora sirven el desayuno?
—Ahorita, la muchacha ya está en la cocina.
—Bueno.
—Quiere leer el periódico? – le preguntó el muchacho extendiéndole La Nación.
—Gracias, yo no leo esa mierda.
El muchacho sonrió.
—Ahorita pasa un señor vendiendo la Extra.
—Me avisa.
Se fue a sentar en el comedor, se distrajo escuchando la lluvia y esta continuó mientras desayunaba. Subió una vez más hasta la habitación, se lavó los dientes, volvió a peinarse, a contar los billetes que traía, a calcular los pasos que tendría que dar hasta la iglesia, bajó y la lluvia estaba ahí; parado frente a la puerta la veía como esperando que esta acabara por fin de barrer la brisa invisible que huía hasta dentro.
—¿Don?  ―lo interrumpió el muchacho―, ¿tiene que salir?
—Sí.
—¿Le llamo un taxi?
—No, voy aquí cerca, hasta la iglesia
—¿Le presto un paraguas?
El paraguas tenía algunas varillas quebradas y olía igual que los muebles y las tablas del hotel, pero bastaba para caminar, orientarse de esquina a esquina y ocultarlo de la gente. Llegó al parque. La cantina de la noche anterior estaba cerrada y tuvo la oportunidad de mirar uno de los pericos ligeros que descendía lentamente de uno de los palos del parque, verdoso y bello como un niño y cagar al pie del árbol. Hipnotizado lo vio ascender otra vez, y sonaron las campanas de la iglesia y caminó lentamente hacia ella, cerró su paraguas y entró dejando un hilo de agua hasta la banca que eligió. ¿Era incienso o era cedro aquel sabor amargo que se le metió en la boca?
Entre los ecos obtusos del padre oficiando recordó que él no tenía por qué estar ahí, que a esa iglesia no podían entrar comunistas ni gente como él, pero eso era antes, ahora a nadie le importaba. Ahí sentado se sorprendió de ver el ataúd lleno de coronas, todo se iluminó por los relámpagos, y las luces se encendieron a media mañana como si el sol se hubiera apagado; la temprana lluvia de la madrugada había crecido y ahora quería vengarse de todo.
Apenas unos gestos y unos ademanes y todo había terminado, ahora unos hombres levantaban el ataúd en hombros y mucha gente se desperdigaba y la lluvia afuera golpeaba sobre ellos. Entonces reconoció un rostro entre la multitud. Había pasado tanto tiempo que aquella mujer parecía otra, y junto a ella, también reconoció al muchacho que la sostenía del brazo, pero no porque lo conociera a él, si no porque el muchacho tenía el rostro del muerto y la misma edad del muerto la última vez que lo vio, y sin saber cómo, comprendió que también a él le pudo haber pasado lo mismo, que también hubiera podido tener un hijo como aquel muchacho, que hubiera podido hacer otra vida, admitir sus derrotas, o no, y en lugar de haberse ido, pudo haber luchado.
Se acercó a ella y al muchacho, sostuvo la mirada con dignidad como reclamando su derecho a estar ahí, pero ella no lo reconoció y el muchacho no sabía quién era él.
El aguacero mugía con una violencia inexplicable y la gente se iba dando por vencida durante el cortejo, subían la cuesta hasta el cementerio y correntadas verticales de barro bajaban de ella. No había nadie a quien acercarse, no había manos que estrechar, intruso y ajeno decidió estar frente a las espaldas del puñado de sombras que pudieron llegar a ver por última vez al muerto desde la empañada ventanita de su ataúd. Los peones del cementerio sacaban agua a paladas del hueco que habían abierto la noche anterior, nadie sabía cómo bajarlo, nadie sabía si flotaría o se hundiría en aquel lodazal, y por un momento imaginó que no cabría allí adentro, que se deslizaría por las cuestas, que todos correrían ridículos tratando de rescatar aquel muerto que todos querían olvidar, tirarle toda aquella tierra anegada para olvidarlo, menos él, que sabía exactamente qué decirle.
Empapado descubrió que había olvidado el paraguas en la iglesia. Bajó la cuesta y no se detuvo hasta llegar al hotel. Temblando de frío, levantó la vista para disculparse con el muchacho de la recepción por haber perdido su paraguas, pero ya no estaba el muchacho, y en su lugar había una mujer que le cobró la noche sin decir nada, sin preguntar por el paraguas, sin despedirse de él cuando salió hasta la estación de buses, y la lluvia, agotada por fin, había cedido su lugar a un incipiente sol y a esa sustancia densa y bochornosa que solía flotar sobre el asfalto.
El bus arrancó, comenzó a subir por los cerros y a abandonar el diminuto valle. Por la ventanilla vio por última vez el cementerio sobre una loma y, sin querer admitirlo, se despidió por fin de quien más había amado.

Germán Hernández

16/8/09

Identidad y continuidad del cristianismo

La Torre de Babel - Pieter Brueghel el Viejo


Introducción

Hasta ahora, la historia del Cristianismo pasa transversalmente por la historia de Occidente. Podemos afirmar que la historia de Occidente es también parte de la identidad y la historia del Cristianismo; su desarrollo, su expansión, sus crisis y cismas, todos estos procesos los podemos localizar en el espacio geográfico y temporal de Occidente, fuera de este, todo se vuelve periférico. Quizá la última gran expansión del cristianismo está asociada al colonialismo imperial Inglés y el colonialismo Español, pero los centros de estas iglesias nunca se desplazaron hacia esos focos periféricos como África, Asia y América.

Durante este periodo de expansión colonial, las instituciones eclesiásticas jugaron un papel importante en dicho proyecto, no vamos afirmar que hubo un programa racionalmente elaborado y ejecutado, pero el Cristianismo y sus instituciones sin duda contribuyeron a lo que denominaremos durante este periodo como “La inversión de la Torre de Babel”.

¿Cómo contribuyó el Cristianismo a este proceso de inversión? Lo podemos precisar al menos en tres aspectos interdependientes:

Un Dios – Una Iglesia
Un Rey – Un poder político 

Una Lengua – Una cultura

Más adelante, el proceso colonial desembocó en los procesos de formación administrativa y geográfica de entidades emergentes; en el caso de América principalmente las clases “criollas” que detentaban un gran poder económico aspiraron también por el poder político, por primera vez el poder y la toma de decisiones centralizado en Europa, era pretendido y quería ser desplazado hasta los satélites coloniales, el largo proceso de independencia en América afirmó a las antiguas colonias como nuevos Estados.

Las ex colonias en América, en busca de su afirmación e identidad, no tuvieron problema en adoptar la cultura occidental, la construcción de la torre de Babel solo cambió de capataces, pero la construcción continuaba.

Hasta nuestros días, somos depositarios de un mismo legado, y la adopción (y no construcción) de una identidad propia comenzó en tiempos de la colonia, en primer lugar por el genocidio cultural, una segunda etapa ya durante el periodo de independencia se identificará por el rechazo.

Actualmente, la sociedad humana experimenta un momento de transición intensa, los debates de hoy están dirigidos hacia qué modelo de convivencia y desarrollo es necesario para la continuidad de la sociedad y el planeta mismo; como nunca, se tiene hoy conciencia de tantos aspectos y relaciones entre la sociedad humana y el planeta mismo, que no es posible como antes ignorar los hechos, la toma de decisiones no puede basarse en modelos estáticos “ceteris paribus”.

Las mismas instituciones cristianas de hoy atraviesan internamente por estos debates: ambientales, económicos, políticos, culturales, espirituales, todos ellos en la mira de su preservación como estructuras. Desde luego que estas instancias no son la fe cristiana, vivida y experimentada por los sujetos y sus comunidades, aunque no podemos negar su importancia e impacto en esa experiencia de fe.

Tomando en cuenta lo antes indicado, pretendemos reflexionar un poco sobre la identidad y el cristianismo en las sociedades periféricas de América, ubicarnos en este proceso de formación histórica que hemos llamado la “Inversión de la Torre de Babel” y el papel de las instituciones cristianas en ese proceso.


El mito de la Torre de Babel

En el libro de Génesis (11, 1-9) se halla este relato etiológico que explica el por qué de la diversidad de lenguas y culturas. Pero dicho relato no se queda ahí, y nos relata algo más: aquellos hombres que ordenaron la construcción de una torre que les trajera prestigio y fama, sometieron pueblos enteros, los convirtieron en sus tributarios o esclavos, les impusieron sus ideas. Pero muy pronto vieron truncado su afán de hegemonía y control de los seres humanos. La respuesta del relato bíblico sugiere la intervención de Dios restaurando las lenguas y tradiciones de los pueblos sometidos y estos se dispersan y se desarrollan con autonomía y soberanía.

El problema de este mito, es que occidente lo ha leído al revés: si los opresores no hubiesen buscado su propia gloria si no la de Dios, este no hubiera intervenido en su proyecto confundiendo las lenguas; para Occidente la liberación y diversidad de estos pueblos es confusión.

Este relato contra el imperialismo, la tiranía y la opresión, nos revela también que Dios intervino para que la humanidad fuera un proyecto lleno de diversidad contra cualquier intento de hegemonía, todas las diversas culturas y lenguajes son parte de la obra de Dios, y este se revela en la historia y la cultura de estos pueblos de una manera singular.

Pero esto no ha sido así para Occidente, a la inversa, en su proyecto hegemónico, primero se identifica con el proyecto de Dios, la torre ya no se construye desde la tierra hacia el cielo, ahora se construye desde el cielo hacia la tierra, pero Occidente es poseedor de ese proyecto, tiene una misión en este mundo, construir la obra de ese dios único y revelado únicamente a Occidente. En este proceso entrará en juego la institucionalidad de la Iglesia, para que exista “orden” en el culto, y habrá un rey, un poder político legitimado por esa institucionalidad y ese dios para ejercer su autoridad a las demás naciones, y finalmente, todos los pueblos se someterán bajo una sola lengua, una sola cultura, expresada por un único modelo de desarrollo y convivencia, el proyecto de Occidente es reunir de alguna manera lo que Dios dispersó y confundió, occidente se siente depositario de una obra trascendental: corregir este accidente para la propia gloria de su dios.

En esta lectura invertida de la Torre de Babel, Occidente entiende a la acción de Dios en la liberación de los pueblos como un desorden que hay que ordenar, como una acción correctiva, para Occidente, la obra de Dios debe ser corregida.


La acción correctiva de Occidente

Sabemos que la expansión de Occidente a partir de 1492 y antes, no obedecía en última instancia a una “misión” o “proyecto correctivo” pero sin ninguna duda le sirvió como pretexto. El saqueo y el sometimiento de los pueblos autóctonos de las nuevas colonias estaban justificados teológicamente. Sólo había un dios, un príncipe y una lengua.

Había que extirpar el paganismo y el culto a los demonios, el aparato eclesiástico jugó un papel fundamental en la evangelización de los nuevos súbditos, pero también jugó un papel más práctico en la distribución, censo y administración mediante la encomienda y la esclavitud. El avance del colonialismo se podía medir mediante el avance de este proceso de evangelización, se podía trazar una línea divisoria entre los “indios bautizados” y los “salvajes adoradores de demonios”.

Los pueblos autóctonos americanos eran numerosos y diversos, hoy día tenemos una perspectiva más bien reducida y casi idílica de la situación precolombina, una visión muy occidental por cierto, en que se identifican grandes centros hegemónicos, el Imperio Inca, el área de influencia Maya, la Triple Alianza Azteca, etc., nada más. Pero la diversidad existente en ese momento, estaba muy clara para los conquistadores y los curas, de no ser así, Cortés nunca hubiera podido destruir Tenochtitlán; en principio, la hegemonía de imperios como el Azteca fueron la fuente de su propia derrota, cientos de pueblos sometidos, tributarios y humillados por este imperio encontraron la oportunidad para su liberación e independencia… aunque el resultado posterior fue muy distinto.

Para los misioneros, la administración de las nuevas almas tenía que atravesar por un correctivo indispensable, destruir la fe en los demonios en primer lugar, ya Dios había derrotado en la guerra al panteón azteca y maya, este dios victorioso de los conquistadores era ahora el dios de los derrotados y sometidos.

Nuevamente hay una inversión de sentido. En la carta de Pablo a los Gálatas (3,28) “ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Y si son de Cristo, ya son descendencia de Abrahán, herederos según la promesa.” La fe de Cristo y no la Iglesia, actúa como una especie de catalizador universal, no se trata que desaparezcan las culturas, que desaparece lo griego, lo judío, lo maya, lo negro, es que a pesar de todos, hay un común denominador en Cristo, la fe de Cristo se puede predicar en cualquier cultura. Pero la inversión comienza por la fe de Cristo, ya no es la fe de Cristo, es la Iglesia, la estructura que se impone a todas las estructuras, la lectura que occidente hace de este pasaje es: “ya no hay culturas, ¡solo la nuestra!"

Por lo tanto, todos los que fueron “sometidos” que no “convertidos” a la nueva fe, estarán al menos temporalmente sometidos a una nueva forma de gobierno en la tierra, hay un príncipe, un rey terrenal impuesto por el dios conquistador, y por lo tanto legitimado por la Iglesia representante de ese dios. Este príncipe representa el proyecto de Dios en la tierra, por el todas las guerras están justificadas, todo lo que su poder abarca estará al servicio de ese proyecto, de esta manera, las minas de Potosí, la infinita trata de esclavos desde África, todo el costo humano inimaginable en la América colonial servirá para un único propósito: la edificación de la Torre de Babel, pero para que todo ello sea posible, es necesario finalmente que los nuevos miembros de este imperio y esta iglesia sean de una misma lengua, en un sentido amplio, se trata del proceso civilizatorio de Occidente, ahora todos adoran a un mismo dios, sirven a un mismo rey, y tienen una misma lengua, es decir, una sola cultura.

En tiempos de la colonia, el rey prhibió las lenguas autóctonas…., más recientemente en Guatemala de principios de siglo 20 era prohibido hablar en lenguas autóctonas en los sitios público, inclusive, en El Salvador de tiranos como Hernández Martínez hubo legislación expresa que prohibía la inmigración de personas de raza negra, otra práctica muy corriente de los oligarcas y latifundistas y hasta libertadores americanos criollos era la de cruzar a "sus" indias con hombres blancos o ellos mismos para "mejorar la raza", los indios varones no se cruzaban con las mujeres blancas, la semilla india debía ser castrada y exterminada, la torre de babel occidental se levantaba como un gigantesco falo cultural.


El proyecto occidental, con ayuda de la Iglesia finalmente se había amalgamado y cristalizado, el genocidio cultural daba paso finalmente a la siguiente fase, la construcción de la Identidad a partir del rechazo.


El Proyecto de la construcción de una identidad

Definitivamente una carta constitucional, un aparato administrativo y unos límites geográficos no son suficientes para tener una identidad. Esto es mucho más evidente para Centroamérica.

Antes de la época colonial, nunca existió una “Centroamérica”, ni existía Guatemala, ni Honduras, etc., conforme avanzó el proceso "civilizatorio" occidental los nuevos territorios se fueron dividiendo para su administración sin tener en cuenta para nada la situación anterior, ni la distribución cultural y espacial de los pueblos autóctonos.

Las provincias coloniales alcanzarán su independencia y autonomía en la medida que algo distinto de los pueblos autóctonos y de las autoridades coloniales va surgiendo, se trata de los criollos, son una clase subordinada, son los “naturales” de las nuevas tierras, pero sin los títulos y derechos de los europeos; ello no impidió su auge, son latifundistas y como buenos hombres de negocios comienzan a lamentar su dependencia, la carga tributaria que se dirige hacia los centros reinantes en Europa, va surgiendo así una necesidad real de autonomía y autodeterminación, sus referentes se encuentran no en los pueblos autóctonos, su raíz es occidental y en ella encuentran su justificación, el liberalismo filosófico, el espíritu racionalista e iluminista son fuente de inspiración, sin duda uno de los ejemplos más claros en la América Colonial son los casos de Bolivar y San Martín. Menos dramático, en Centroamérica, pero en todo caso, asunto de criollos y ladinos, las nuevas naciones surgen cuando el proyecto imperial Español fracasa (el proyecto imperial Británico se extenderá hasta el siglo 20).

Las nuevas entidades nacionales no tienen un pasado inmediato, no tienen identidad, todo a lo que aspiran estará al otro lado del océano Atlántico, asumir su nueva identidad comenzará por el rechazo, rechazo a los pueblos autóctonos en primer lugar, y luego al pasado colonial expresado en las instituciones religiosas y monárquicas previas, no es que estas pierdan vigencia en los roles y asuntos domésticos, sino más bien, en la medida, que las nuevas instituciones políticas requieren su consolidación.

En todo caso, para las ex colonias, y ahora nuevos estados, la identidad había que tomarla prestada en otra parte y tropicalizarla.


Cristianismo, iglesia e identidad

A pesar de la Iglesia, como estructura aglomeradora y legitimadora de las diversas expresiones de fe, la experiencia de fe de los pueblos americanos ha recorrido diversidad de matices, prácticas y expresiones populares, ha sido un recorrido lleno de sincretismo y adaptabilidad, las estructuras de la iglesia ante dicha respuesta no han tenido otro camino que adaptarse tímidamente al “signo de los tiempos” hoy se puede hablar del cristianismo mexicano, brasileño, antillano, etc. Los pueblos han impreso su singularidad en la iglesia, y la negación de este es imposible, la iglesia mantiene su cuerpo y estructura eclesial, al mismo tiempo que tiene que ir reconociendo poco a poco las expresiones populares de religiosidad, e inclusive convivir con las emergentes manifestaciones carismáticas fuera de toda estructura eclesial, nuestros países son un semillero fértil para toda clase de sectas y movimientos, la mayoría de ellos inerciales y dualistas, parece que nada detiene el tramado socioeconómico presente, las diversas prácticas parecen actuar en estadios simbólicos desprendidos de la realidad cotidiana inmediata, responden a una promesa trascendente, la mayoría de estos movimientos está envuelto en un aura escatológica, se vive preliminarmente esperando el fin de los tiempos, mientras que la salvación y la esperanza están fuera de su realización concreta e inmediata.

Se trata de una fe sin fe, una fe que espera y no se realiza nunca, una fe en que la acción atenta contra la fe misma, la espiritualidad se convierte en espacio contemplativo o burgués, el hambre y la exclusión no son más que instantes purificadores para los que esperan.

Pero esta situación no podría aletargarse por más tiempo, dentro de la iglesia comienzan a gestarse cuestionamientos y reflexiones sobre la precariedad presente, otra vez parece darse un desplazamiento desde la verdad oficial y las oligarquías criollas hacia los pueblos mestizos y autóctonos. Uno de los ingredientes que vendrán a facilitar este proceso serán los movimientos de izquierda; (que también son occidentales), estos movimientos aspiran por la construcción de un socialismo periférico, radical, demoledor de todas las instituciones anteriores, no se reconoce en las sociedad que pretende transformar, todo lo indio, todo lo campesino, todo lo mestizo es idealizado en su sustrato útil, o juzgado de embrutecimiento decadente, nuevamente este proyecto tiene su referente fuera de aquí, a pesar de sus expresiones locales.

Pero estos impensables ingredientes: cristianismo y marxismo se amalgaman, permiten la construcción de discursos alternativos, le dan voz a los que no tienen voz, y cosecha mártires en todas las naciones americanas, elabora tesis nuevas y se identifica con los pueblos y su religiosidad. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX la Teología de la Liberación se sacudió entre las pétreas estructuras eclesiales tradicionales y las sectas escatológicas.

Ya a inicios de este siglo XXI, los movimientos sociales se han focalizado, movimientos ecológicos, movimientos campesinos, movimientos por la diversidad sexual, movimientos de mujeres, etc., Los partidos políticos como estructuras aglutinadoras de ideología y modelo de desarrollo, no son más que aparatos electorales sin mayor penetración en la conciencia colectiva, la filiación a ellos reside más que nada en la oportunidad, el arribismo, y en la ensoñación mediática. Las grandes manifestaciones populares son ahora más espontáneas, y menos programáticas.

¿A dónde ha llegado la construcción de Identidad y qué papel juega el cristianismo en la realización de dicha identidad?


La fe de Cristo como identidad, presente y futuro

En medio de los profundos e irreversibles cambios experimentados en los últimos veinte años dentro de la denominada Globalización, el éxito o el fracaso de cualquier Estado nacional parece que está determinado por su capacidad de apertura y transculturación, independientemente de cuanto este influya o incorpore de sí mismo a esta “Aldea Global”.

Los Estados Nacionales se incorporan más como mercados, que como entidades culturales, su éxito se mide en su capacidad de intercambiar capitales, bienes y servicios, en los mejores términos de intercambio e incremento de la productividad. Para las autoridades económicas actuales, el debate entre las profundas inequidades sociales y el crecimiento de la riqueza no tienen nada que ver, nunca han estado más fracturadas la política económica de la política social.

La identidad, se limita a un sentimiento de pertenencia y filiación, que se expresa más como condición individual que comunitaria… se puede ser patriota en un partido de fútbol, se puede ser cristiano llevando a bautizar a los hijos, pero no hay expresiones comunitarias, como proyecto nacional, nuestros países están profundamente fracturados, en otras palabras, no hay proyecto.

Las estructuras eclesiales tradicionales también pierden relevancia, amplios sectores de la sociedad no tienen mayor interés en las grandes discusiones teológicas de los cardenales pontificios sobre el uso del condón; a la iglesia se le respeta, pero el sustrato liberal y secular de antaño ha impregnado el tejido social, la iglesia no es autoridad para opinar sobre ningún tema, inclusive, tampoco es autoridad definitiva en asuntos de fe.

Pero estos hechos no quieren decir que los estados nacionales como los de Centroamérica van a desaparecer o que la Iglesia va a extinguirse o reformarse. En el fondo no han perdido su funcionalidad como sustrato cohesionador, y organizador de la dinámica social, el Estado Nacional es la estructura más conveniente para nuestros territorios, a pesar de que dicha situación parece sobrepasarlos, las naciones centroamericanas parecen más expresiones regionales de algo mayor. Lo contrario ocurre en las naciones suramericanas, en donde países como Perú, o Colombia, la idea de estado nacional se hace pequeña e insuficiente ante su excedente cultural.

Las estructuras eclesiales quizás experimenten en algunas décadas algún grado de reconocimiento al laicismo y las mujeres, ello a pesar de su intransigencia actual, si se quiere ver de esta manera, desde el Vaticano Segundo hasta nuestros días, la iglesia no ha hecho más que experimentar un movimiento pendular opuesto, en determinado momento, las fuerzas gravitatorias propias exigirán un cambio de dirección. Este es el espacio de la Teología de la Liberación: dentro de la Iglesia. Fuera de ella no tendrá mayor sentido, o se alínea y convoca la reforma de las iglesias latinoamericanas, o que se queda como proyecto revolucionario romántico y anacrónico; la teología de la liberación no tiene mayor atractivo o novedad en su discurso fuera de la iglesia misma.

Al frente está el sujeto histórico, “solitario como un astronauta ante la noche espacial” diría el poeta Ernesto Cardenal. El racionalismo y el furioso movimiento tecnológico no han resuelto los conflictos de la humanidad, los paradigmas económicos fracasan ante la profunda exclusión social. El sujeto histórico contempla una realidad caótica, la torre de babel no soporta su propio peso y comienza a desboronarse… la confusión reina, las multitudes se están dispersando, el sujeto busca dentro de sí un refugio… estamos en un tiempo de introspección.

El futuro estará marcado por la consigna de “sálvese quien pueda” y de la deificación del ser humano.

Germán Hernández



19/7/09

La múltiple forma del delirio y La condena - Gustavo Solórzano-Alfaro



La múltiple forma del delirio

Igual que en el trabajo anterior de Solórzano-Alfaro, las Fábulas del olvido (Editorial EUNED, 2005), nos encontramos ante poemas extensos, y estilos similares. Nuevamente Solórzano remueve tópicos usuales, y una fuerte carga simbólica. Para destrabar los poemas y encontrar llaves a su obra, debemos tener en cuenta que lo concreto y abstracto en su poesía apenas se rozan, que una piedra no es una piedra, y que el olvido no es olvido.

Un aspecto formal en la poesía de Solórzano-Alfaro es el ritmo y el casi siempre afortunado uso de la rima interna y asonante, que permiten una lectura líquida y sin obstáculos. A pesar de ello, a veces sentimos un manejo de las imágenes casi abusivo, por momentos los poemas están sobre edificados innecesariamente restando muchas veces en sus poemas su capacidad provocadora y evocativa.

Este problema en mi opinión de la sobre edificación, es bien conocido por el poeta de mi parte, así que sabemos que no lo tomará a mal. El resultado en ocasiones es que nos sentiremos extraviados en algunos poemas, hay mucho de laberinto en ellos, y a veces no queda más que conformarnos con el entorno atmosférico de estos. Este problema se rompe, más adelante, cuando el poeta utiliza recursos narrativos que le dan movilidad, ejemplo de esto es Fijeza de los Trenes, no así cuando los poemas son más estáticos y contemplativos. Veamos un par de ejemplos:


Hoy duermo en una casa abandonada.
Las flores secas adornan mi lecho.

La historia de mi pueblo
Es la historia de quien amo.
Mis amigos bailan
Con músicas antiguas
Y han cerrado la puerta
Por donde a diario transita
La fugaz blasfemia de tus labios.
(Elegía para alguien que duerme)

Este fragmento inicial del poema que abre el poemario nos ubica en un lugar y un momento específico: Hoy duermo en un casa abandonada… (recordemos que la casa no es una casa) pero el momento “hoy” ¿será determinante? ¿Podría ser ayer o mañana?, lo podemos dejar pasar… viene un segundo verso que únicamente adorna la escena del primer verso, prescindible para nosotros, y luego viene la evocación en los versos siguientes del 3 al 7, la memoria de alguien quien ama, el recuerdo como único lugar habitable para uno que se ha quedado dormido, inmóvil. Pero los versos 8 y 9, son otro elemento decorativo, que no ofrece información relevante, puede estar bellamente escrito, pero no basta, interpela a alguien, ¿A quien ama, al pueblo, a la historia, a los amigos, al lector? Imposible saberlo, y además nos desplaza fuera del escenario inicial del poema.


… y si de repente la luna hablara,
sabría que tu nombre
es una llaga en la memoria.

………………………………………………….

Habría en todas las cosas
un instante de amor.
Sabrías que tiemblo en tu presencia,
como una rodaja al viento,
como una espada ciega en la carne abatida
Sí, sabrías eso, no más,
porque la luna moriría por mi mano.
(La Luna)
Con los versos iniciales y finales de este poema, queremos insistir en la sobre edificación: El poema arranca con fuerza, lo verdaderamente hermoso es ese nombre transformado en llaga, que sea en la memoria parece un dato irrelevante, podría ser en la consciencia, en la tarde, en la sombra, etc… atenúa en todo caso el efecto inicial. Hacia los últimos versos, lo que molesta es el uso de los símiles, y la retórica del penúltimo verso, donde solo bastaba decir “no más”. Entonces creemos que en ocasiones el poeta intenta enfatizar y dejar bien claro algo, abigarrándolo de imágenes que no siempre facilitan ese sentido, la carga semántica de los elementos recurridos a lo largo del poemario son tan grandes: sombra, memoria, piedra, muerte, olvido, cuerpo, sangre, etc., etc., que resultan demasiado densos y recurrentes incluso para un solo poema.

Más adelante, casi a mitad del poemario tropezamos con Fijeza de los Trenes, un poema que rompe en ritmo, lenguaje y tratamiento con todo el resto del poemario, un poema ajeno si se quiere, y además portentoso, y que queremos examinar con más detalle:

Compuesto en cuatro partes, el poema es circular, y parece ir poco a poco desmadejando un largo hilo de situaciones y estados de ánimo, pero sobre todo, nunca se aleja de su objeto, su divagación siempre va hacia su centro:


I

Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
Acaricio cada contorno de piedra y sal,
Y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
Fijo en un punto,
En un punto sin salidas ni senderos,
Sin otra aspiración que quedarme sentado,
Esperando,
Hastiado de mí mismo,
Como una estatua, un lecho,
Un árbol sin ramas ni raíz.

La fijación se me vuelve una angustia
Y la angustia una apatía
Y la apatía empieza a enojar mis manos
Y mis manos también se quedan mudas,
Fijas y absortas,
Moderadas y abiertas.
Deambulo por esta calles
Con los pitos de los carros
Queriendo fijarse
En mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
Fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.


Esta primera parte introductoria y desconcertante, brilla por el juego alrededor de la fijeza, que se convierte en mutismo y hastío, fijar la mirada, y fijeza, ante todo, fijeza hilarante incluso. Y la sentencia, la imposibilidad de movimiento y transcurso, fijar la mirada es petrificarse. La fijación es toda la vida.

Luego el poema transcurrirá por diversos escenarios, será un recorrido por la vida, invitando a pasar la puerta (que no es una puerta) a todo lo que mirada fija, para que se quede atrás, perdido, hasta el desengaño de no encontrar la estación del tren, ni el tren, porque nunca lo hubo, de alguna manera son los “pasos perdidos” de la existencia. Comparto otros fragmentos.

II

¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí,
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.

…………………………………………………………………………..


Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.

………………………………………………………………………….

Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.

………………………………………………………………………..

III

¡Qué impertinentes son los vecinos!
Tan necios y tan ciegos
como estas líneas
que poco a poco avanzan sin razón,
absortas en sí mismas,
perdidas, buscando no sé cuáles
jeroglíficas serpientes
que se muerden la cola
y chillan como degeneradas
intentando decir algo que nunca dicen,
porque están condenadas a nunca decir ese algo
que eternamente están a punto de decir,
porque muy bien saben que si lo dijeran
no serían ya palabras,
sino cosas útiles
que podríamos endosar en los álbumes,
pegar en las paredes,
incluir en tratados de libre comercio,
enviar en cartas
a los que se quedaron lejos,
expresar nuestro afecto,
conquistar a la novia,
entusiasmar al auditorio.
Por eso no dicen
lo que siempre están a punto de decir,
y eso es todo lo que nos queda.

……………………………………………………………………..

IV

¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.


Traspasado este poema, sentimos la ruptura en toda la poesía en Gustavo Solórzano-Alfaro, una interesante fusión entre viejos y nuevos recursos expresivos, es afortunada la amalgama lírica y vernácula, se siente una actitud más dialógica y menos oracular, no es aparente la transición, la cual será más evidente en La Condena que citaremos a continuación.




La Conden

En la medida que Gustavo Solórzano-Alfaro asume un tono más conversacional, las decoraciones prácticamente desaparecen, la retórica se vuelve más utilitaria y ayuda a enfatizar y destacar el estado de ánimo del poema, pero ante todo, los poemas se vuelven más eficaces y concéntricos. Tal es el caso de Balada y su dulce tonalidad elegíaca.

Balada

Hoy me duele más que nunca tu mirada.
Hoy me duele esta casa, tan grande tan vacía.
Me duele el deseo y me sabe a tiempo tu palabra.
Me duelen las distancias, me duelen las ventanas,
y las notas de un piano sumergido en las tinieblas

……………………………………………………………………………

Hace ya tantos días y mi hermano no regresa.
Su cuarto está vacío desde el último rincón del sueño.
Tiemblo en las tardes al pensar que no se duerme,
tiemblo al recordar que su nombres es una tumba
y su alma una montaña.

De todo los que lloran,
es mi madre quien más sufre:
como a deshoras y habla poco.

Tenemos la misma impresión cuando leemos “Libros”, que se abre como una ventana para asomarnos en otro de esos territorios imaginarios del poeta, (recuerden que esa quiebrahuesos, no es una quiebrahuesos, y esos libros tampoco son libros) cuánto desengaño transpira la poesía de Gustavo!!!.


Libros

3

Soy un cobarde.
No hay más poesía que eso.
No hay poesía.

Los tópicos poéticos en Gustavo Solórzano-Alfaro siempre son los mismos, tienen que ver con un tiempo y un lugar perdidos, cada poema es un largo rodeo por las ruinas de lo que alumbra, hasta ahora sentimos que su poesía es un solo y basto poema, donde lo que va cambiando es el ángulo de observación, pero como apuntamos antes, ahora el caldo hierve y para que no sepa muy salado le pusimos agua, y ahora a Gustavo le gusta combinar especias distintas, para lograr una nueva sazón…

La contemplación bucólica del pasado, un tópico recurrente en la poesía de Gustavo, está más que bien lograda en esta ocasión en “Poblados”.

Hay pueblos diminutos
Como gotas de sudor
Como lágrimas de Dios
Y aquellos que no lo saben
Y creen
Hasta ser Dios.

Si sentimos por un momento que en la Fijeza de los Trenes, hay todo un giro, en la Condena se detiene, pero los poemas tienen mayor sentido, se nota el esfuerzo por sintetizar más, las imágenes pierden protagonismo afortunadamente.

El tema amoroso también es recurrente, de la amada permanece siempre el nombre, y los labios, esto es central, siempre se evocan, inclusive, esas evocaciones vienen también en la múltiple forma del delirio:

Tu nombre es una llaga en la memoria (en La Luna)

Tu nombre es una marca, una llaga (en Apología del Nombre)

Sorprendentemente en al menos tres ocasiones el centro de la evocación son los labios o el beso:

… tus brazos se entregan como antorchas encendidas,
Y en ellos tu hijo nace de nuevo, cada día,
A la vendimia final de tus besos.

(de Fecundidad)

… Tu nombre se desgrana
Letra a letra entre mis labios…

… y el amor,
Como el fuego indolente que es,
Poblará nuestros labios
Hasta que se extingan…

(de Apología del Nombre)

Hoy en esta estación tranquila.
Entonces me detengo, pienso
En qué sería de mi sin tus labios

(de Poema de Amor)

Gustavo Solórzano-Alfaro


Poesía en crisis, huracanes y granizos, la poesía propuesta por Gustavo no es concluyente, está sangrando y retorciéndose, muchas cicatrices le esperan, muchas relecturas, lo bueno es saber lo que está germinando ahora mismo, el lenguaje nunca podrá reinventarse, se devora y fallece, una tarea humana y cotidiana será rescatarlo.

Germán Hernández

12/6/09

Notas al Evangelio de Juan según Franz Hinkelammert



Franz Hinkelammer, en su trabajo El grito del sujeto, nos advierte de primera entrada que existe un prejuicio, un estigma sobre determinados textos, en este caso el Evangelio de Juan. Dicho estigma, tiene que ver con el hecho que se le considera “teológico” y por este hecho, las diversas disciplinas sociales no lo consideran relevante en su ámbito. A esto le llama “inmunización”.

A pesar de ello, Hinkelammer expone el Evangelio de Juan como un texto que habla de la realidad, y que tratando de interpretarla, concurren en él lo teológico, pero también lo político, y lo económico, y lo social… etc., más lejos aún, lo considera como un texto fundante de nuestra cultura.

Por tratarse de un texto, el Evangelio de Juan ha sufrido a lo largo del tiempo una inversión como conjunto de sentido. Esta inversión se da ante todo con la palabra “mundo” entendida como toda estructura de poder. El evangelio exige estar en el mundo sin ser del mundo, su contrario opera cuando siendo del mundo desaparece el pecado que se comete cumpliendo la ley.

Los cambios de conjunto del sentido, como en el caso de Juan se vienen dando desde el siglo segundo, el cristianismo que había surgido desde la perspectiva del pobre, se transforma en un cristianismo desde el punto de vista del poder; desaparece el conflicto con el mundo y con la ley, se vuelve un cristianismo del mundo con el mundo.

En Juan, los imperativos del mundo son el pecado, y el hombre que no es de este mundo no está sujeto a esos imperativos. El que es del mundo, condena en nombre del cumplimiento de la Ley, y está dispuesto a matar para que se cumpla la Ley. Por el contrario, Jesús exige soberanía frente a la Ley en nombre del sujeto como ser vivo. El ser humano no es para el sábado, sino el sábado es para el ser humano.

Lo que el mensaje de Jesús en el Evangelio de Juan parece sugerir con la proposición “Estar en el mundo sin ser de este mundo” no se refiere a una naturaleza mística y trascendente de Jesús fuera del mundo material, y que quienes lo siguen pertenecen a una especie de supra mundo espiritual a pesar de estar temporalmente en sus prisiones físicas y corporales. Al contrario, si entendemos al mundo como bien dice Hinkelammer como las instituciones, entonces todo cobra un nuevo sentido, las instituciones son creaciones humanas, los humanos no pueden estar sujetos a sus propias creaciones, y más bien éstas deberían subordinarse a la vida en última instancia.

¡Y a la vida en todos sus ámbitos! Quizás hoy día estamos atravesando la última crisis del capitalismo, que no consiste en la caída de la bolsa, o en la quiebra de sistema financiero, etc. Esta crisis, tiene que ver con el modo en que el desarrollo tecnológico y los imperativos del modelo de desarrollo vigente están amenazando la viabilidad de la vida del planeta mismo.

Estamos en el mundo: la sociedad de consumo, el modelo capitalista, sometidos a toda clase de mandatos que imponen “estilos de vida”, y no ofrecen “opciones de vida”. Las leyes del mercado se pretenden tan indiscutibles como la ley de la gravedad, incluso en su momento, Oscar Arias durante su segundo mandato como presidente de Costa Rica dijo: “es más fácil cambiar las tablas de la ley que modificar el TLC”. Ante estos determinismos, impuestos exteriormente al sujeto humano, a la naturaleza, al planeta entero como sistema viviente, podemos seguir esperando pasiva e inercialmente la utopía juánica de un Jesús que derrotó la muerte y quitó el pecado del mundo, o bien, asumir como bien dice Hinkelammer, esta utopía como nuestra, su realización está en someter al mundo y sus instituciones al servicio de la vida.

Germán Hernández


29/5/09

El Dulce humor de Francisco Zúñiga Díaz - Tamuga


Quiero compartir un brevísimo cuento del maestro Francisco Zúñiga Díaz (1931-1997) de su libro El Viento Viejo, editado en 1978 por la Editorial Costa Rica.

Anteriormente habíamos posteado aquí un pequeño ensayo sobre su poesía humorística, "Sonetos de Amor en Bicicleta", con el objetivo de recordar al maestro en su faceta humorísta y sobre todo en el género del cuento, el cual cultivó mayoritariamente, ponemos para hacer las delicias de todos el titulado "Tamuga" otro heterónimo de "Chico" y que muchos años después, daría lugar a otra saga de cuentos, todos humorísticos, sobre este misterioso y apócrifo personaje, sus andanzas y travesuras, que no maldad, no puede haber maldad en la cándida y hermosa picardía de nuestro héroe... Provecho!!!!!


TAMUGA

En el recreo o en clase -y más en clase- Tamuga era el problema.

¿Qué una diablura?: Tamuga. Qué un alboroto?: Tamuga. ¿Qué un nuevo apodo?: Tamuga.
Y la fama de Tamuga -la de malo, que la de bueno no trasciende- se saltó las cercas de la escuela y circuló, con viento a favor, por todo el pueblo.

"...que no te juntes con Tamuga". "...Que me pegó Tamuga". "...Que es que Tamuga me quitó el cuaderno y escribió unas malacrianzas y la maestra, por eso, me dejó arrestado".

Y Tamuga por aquí y Tamuga por allá.

Doña Tomasa aumentó sus preocupaciones de madre, que eran como una gran colcha remendada con problemas, tendida en la extensión del estar lidiando todo el día con chiquillos. Y por las dudas le dijo a Josecito:

-Mire, mijito. Yo le recomiendo una cosa: por el amor de Dios, por lo que más quiera, no se junte con ese Tamuga.

Y Josecito se quedó cariacontecido. Muy temeroso ante la nueva prohibición, sumada al no moleste al gato, al no le tire piedras al palo de cas, al no se ensucie porque esa camisa se la tiene que poner mañana, no tuvo más remedio, por primera vez porque doña Tomasa no aceptaba réplicas, que salir en defensa de Tamuga.

Y lo dijo con temor y sorprendido:

-Pero mamá... Si Tamuga es mi hermano Carlos. Es que le dicen Tamuga en la escuela.

Francisco Zúñiga Díaz

 

13/5/09

Juan Carlos Mestre y la perdurable belleza de la poesía

Juan Carlos Mestre


Memoria de la noche

Esta noche y no en otra noche más cercana o desnuda
voy a empezar a vivir
es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño de las carnicerías
y entonces entra y clausura todas las sangres
y los clamores del mundo mugen tan gozosos
ya de la vida toda y de la muerte ninguna.
Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda
voy a empezar a nacer
es que ha pasado un niño con más fusiles que risas
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño del hambre
y la esperanza general de la tierra se conmueve
ya de venganza o de ira.
Esta noche y no en otra noche más triste y obscura
voy a empezar a creer
es que ha pasado una mujer parecida a mi madre
y yo también soy
cuando pregunta por mí y yo me reconozco
ya de dolor o vergüenza.
Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida
voy a empezar a morir
es que me ha saludado el que me odia
y no soy yo
cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura
y ya una bala me sueña.

Esta noche y no en otra noche más deseada y querida
voy a empezar a cantar
es que el silencio recorre mis cosas
y no soy yo
cuando se callan en el miedo las estrellas
ya sentencia o castigo.
Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta
voy a aparecer de repente
es que a tantos han ido reduciendo a la sombra
que ni soy yo
cuando estábamos todos y ahora no existes
ya desolación y miseria.
Esta noche y no en otra noche más bella y sentida
voy a preguntar por el pan
es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo
y no soy yo
cuando responde la lluvia cayendo en la nada
ya paciencia o trabajo.
Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira
voy a confesarme del miedo
es que han encendido una hoguera
y soy también en la llama
cuando arde el deseo prohibido
ya diferencia o pecado.
Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga
voy a rendirme con pena
es que una caricia me acusa
y no soy yo
cuando apuntan mi nombre en el aire
ya condenado o alegre.
Esta noche y no en otra noche más fría o ajena
voy a marcharme hacia siempre
es que nunca la muerte termina
y no soy yo
cuando maltratan el beso con ira
ya religión o fracaso.

Esta noche y no en otra noche más noche y eterna
voy a pensar que respiro
es que una palabra se ahoga en un libro
y no soy yo
cuando aplauden lo horrible del mundo
ya consagración o veneno.
Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida
voy a escribir al tirano
es que pasa mi abuela con flores, con vida
y no soy yo
cuando llora vacía ante el cielo
ya letanía o milagro.
Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana
voy a quedarme contigo
es que ocurre un monstruo en las selvas del alma
y no soy yo
cuando claman heridas y heridas
ya gobiernos o leyes.
Esta noche y todas las noches del día
voy a decirte mi amiga culpable
es que está pasando la vida
y yo no soy
cuando un hombre se sienta y nos habla
ya destrucción o poesía.

 
http://www.juancarlosmestre.com/