18/9/20

Negra noche en blanco - Abril Gordienko


 

Esta novela, pudo haber sido sobre la última noche de Raimundo Fonseca Vargas, y en cierta manera lo es, pero como subterfugio para más bien contarnos su vida mediante el recurso del racconto, desde su origen humilde, hijo de una madre soltera, y un padre abandónico y de la alta sociedad, sufrirá los más crueles tratos del padrastro durante la infancia, pero su enorme voluntad y notable inteligencia le abrirán el camino hacia el éxito, descollará pronto como estudiante, joven abogado, y se abrirá paso entre la aristocracia y desposará a una chica burguesa, encontrará el éxito en los negocios y la política, una historia feliz de no haber sido por el hecho de que su ambición lo volvió soberbio, no supo ser el padre amoroso de su primogénito a quien escarneció como lo hizo el padrastro con él, y pese a todo, ese hijo, lleno de resentimientos cuidará de él en su larga agonía devorado por el cáncer, hasta la última y negra noche en blanco de su vida. Así más o menos es la telenovelezca trama de esta obra, donde la excesiva tipificación de las situaciones y personajes la vuelven obvia y predecible a cada página.

Abril Gordienko

No se salva esta novela pese a la aleccionadora contraportada en que Anacristina Rossi la sitúa en el ámbito de la perspectiva de género, de cómo el patriarcado oprime y daña a los hombres y la dudosa necesidad del padre en la construcción de la masculinidad de los hijos, todo eso está bien, pero queda debiendo literariamente; el narrador omnisciente e intrusivo llega a ser molesto, sus ripiosos neologismos son insoportables, los juicios de valor inútiles, cuánto hubiera ganado el relato si se hubiera explotado más el monólogo interno de los personajes, si se hubieran desarrollado  más las contradicciones entre el padre y el hijo que se vuelven secundarias con el culebrón biográfico.

Germán Hernández.



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9/9/20

Los premios – Julio Cortázar

  


Creo que tendría entre 17 y 19 años cuando leí por primera vez Los premios de Julio Cortázar. Me pareció fantástica, especialmente los monólogos de Persio, las dulces ingenuidades del pequeño Jorge, la inquietante iniciación sexual de Felipe, en fin, todo escrito con esa prosa frondosa, y esa discreción exquisita del narrador omnisciente.

Ya pasaron bastantes años de aquella lectura juvenil, vuelvo a enfrentar el texto y no ocurrió la magia de la primera vez. Esta vez me resultó aburrida, incluso frívola. Eso sí, la técnica con que fue escrita está fuera de todo reproche. Inútiles las alegorías y rancias interpretaciones, la lucha de los personajes de cruzar de la popa a la proa del barco ante una arbitraria y misteriosa prohibición no alcanza para componer teorías existenciales sobre la otredad y los que buscan transgredir la realidad, trascenderla. Mas que nada quedan los insignificantes diálogos de sujetos que no hacen más que estar sentados fumando.

Pero hay un elemento que ahora me ha llamado la atención, uno que no fue relevante, apenas incidental durante mi primera lectura, se trata del presunto brote de tifus en el barco, y que justificaba el aislamiento de los pasajeros en una parte del barco. Escribo esto durante el segundo semestre de 2020, en circunstancias en que la nueva cautividad en que vivimos se antoja semejante a la de los pasajeros del Malcom, unos tan conformes y resignados, otros tan furiosos e iconoclastas, así son los pequeños ecosistemas que tan bien sabe construir Cortázar en sus obras.

Julio Cortázar
Es verdad lo que da a entender Vargas Llosa sobre la obra de Cortázar, sobrevivirán sus cuentos, pero no sus novelas.

Si te interesa este libro, aquí te dejo un link para que lo podás descargar y leer en formato epub: Los premios - Julio Cortázar

 Germán Hernández.




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16/3/20

Transhumano demasiado transhumano – Fernando Contreras Castro




El libro del Apocalipsis fue escrito en el siglo primero de nuestra era por un tal Juan, el anciano, de quien no sabemos absolutamente nada más. Se dirige a pequeñas comunidades cristianas en un lenguaje críptico, lleno de símbolos, que únicamente esas comunidades sabían interpretar. Las visiones del autor del Apocalipsis no eran visiones del futuro, ni estaban dirigidas a las personas del siglo XXI, sino exclusivamente a las comunidades cristianas de su entorno y su tiempo. Me permito esta pequeña glosa para proponer un paralelismo con el libro de Contreras Transhumano demasiado transhumano (Editorial Costa Rica 2019), quien, aprovechándose de las posibilidades de la ficción, propone un libro que es la recopilación de los trabajos de un periodista llamado Antonio La Puente, escritos a lo largo del siglo XXI, en un futuro próximo, aunque su obra impresa sea póstuma. Artificio que me recuerda aquel otro divertido libro de Monterroso, Lo demás es silencio.

Pero claro, el lector sabe que Antonio La Puente no existe, es un personaje, y que las obras a él atribuidas, escritas en el futuro, han sido escritas en el presente, para el presente por Contreras. ¿Acaso nos encontramos con una obra de ficción científica o de anticipación?, en realidad no, aunque posee elementos de ambos, se aproxima más a la escatología apocalíptica, porque a nuestro modo de ver, la obra de Contreras no habla de cosas que podrían suceder, más bien nos relata cosas que ya están sucediendo, nos las dice en lenguaje críptico, como el autor del Apocalipsis, se dirige a nosotros, al presente. A nuestro presente.

Los textos que componen Transhumano, no son cuentos, son precisamente lo que dicen ser, columnas de un periodista iconoclasta, resignado de antemano a no generar la menor reacción con su trabajo, que es más que nada un acto de digna rebeldía, semejante a la voz de los profetas del Antiguo Testamento, es decir, la consciencia moral y crítica de su tiempo. Expuestos de manera circunstancial, nos proponen lecturas para discutir, para plantear analogías y confrontar el presente, de alguna manera nos desafía a desencriptarlo, como hacen los exégetas modernos con el Apocalipsis. Traeré a colación algunos ejemplos de textos que me llamaron la atención.

Lempira Siglo XXII, ciudad privada, donde no hay ciudadanos sino clientes, “y el mundo se dividirá por las murallas de las ciudades privadas en un interior altamente avanzado en tecnologías y modos de vida y un extramuros donde las gentes más dispares vivan de manera cada vez más primitivas, reducidas a reservas genéticas y mano de obra esclava.” (Pág. 15). Si bien esas ciudades privadas no existen hoy como espacios edificados, sí existen en las maneras en que las personas viven e interactúan, así como hoy miles de personas migran desesperadas de sus hogares, expulsadas, absolutamente prescindibles para el libre mercado en vista de que no compran, ni consumen, ni tienen Master Card, no porque sus países fracasaran, sino que hay un modelo económico y político que igual que produce pobreza y exclusión, ese mismo modelo económico y político también produce riqueza inimaginable, prosperidad y abundancia infinita en esos mismos países para sus pequeñas élites, esas ya viven en Lempira Siglo XXII, sin salir de su país, sin tener que migrar a ninguna ciudad privada. Las murallas que separan a la humanidad, no son las de una ciudad, son las de un modelo que solo conoce ganadores y perdedores y es capaz de construir los discursos y la moral para justificarlo.

Argumentos a favor de ofrecer el “Programa Borges”, el IB ó inner book, “(El libro incorporado, o interiorizado, es la técnica y la tecnología de transmitir al cerebro humano el contenido puro y puntual de un texto literario).” (pág. 35). Esta idea me trajo a la memoria aquella película La Matrix, donde Neo el protagonista, una vez rescatado de la Matrix, y devuelto al mundo real, debe aprender las habilidades necesarias para liderar la resistencia humana contra las máquinas, lo curioso es que para ello, simplemente lo conectan a una computadora y le instalan literalmente como se instala un app en un teléfono, el uso en armas y artes marciales; lo cual me pareció ridículo, el cerebro humano no es un disco duro, ni la producción de conocimiento es un paquete de bits. Pero digamos que se nos pudiera instalar en el cerebro una linda edición comentada (ojalá por Clemencín) del Quijote de la Mancha, eso implicaría apenas la omisión de un paso: tomar el texto y mediante la lectura a través de unos dispositivos ópticos llamados vulgarmente ojos, decodificarlos y reconstruirlos en la memoria, pero aun así, con o sin dicha mediación, la aprehensión del texto será una acción voluntaria del lector, y la comprensión e interpretación del mismo será singular y personal, en ese sentido, el inner book no supone ningún tipo de innovación salvo como medio de transmisión. Todo lo positivo que Antonio La Puente encuentra en el IB siempre ha estado ahí en los medios tradicionales de transmisión de datos, a los que vulgarmente llamamos libros, sean impresos o digitales.

Argumentos en contra de resucitar a Belzamira, si es cierto que llegaremos a resucitar gente en el futuro, ¿cómo afrontarán su resurrección?, de ahí la demanda de La Puente, estaríamos violando sus derechos humanos, una acción inconsulta, inevitablemente, las víctimas están muertas. Pero acaso no lo hacemos hoy en día, revivimos a los muertos, los recreamos y los convertimos en nuestras ilusiones, les arrebatamos toda su humanidad, la desechamos sin más, para convertirlos en lo que quisiéramos que fueran, indefensos, incapaces de sacudirse de su muerte para defenderse, y así lo hacemos, cuando resucitamos a Marilyn Monroe, a Juan Mora Fernández, a Lenin, y tantos más, indefensos, incapaces de reclamar, de defenderse, los bichos que resucitamos son tan ajenos al muerto que pensamos resucitar del olvido.


Fernándo Contreras Castro

Imágenes post-proféticas la mayor de las veces, eso es lo que encuentro en este libro curioso de Contreras, sugerente para la tertulia, revelador entre conversos, pero sospecho que poco eficaz para persuadir a quienes no están en sintonía con él, como lo es el mensaje del Apocalipsis para quieres no pertenecen a las comunidades de fe a quienes fue dirigido. Literariamente, estos textos parecen siempre el preámbulo de algo que se pudo desarrollar ficcionalmente, pero no pasaron de ahí.

Me desconciertan un poco los textos finales del libro, “Como lágrimas en la lluvia, “Transhumano demasiado humano” este último bellamente logrado en sí mismo, pero en el conjunto de los textos lo siento tan ajeno, ¿A cuál voluntad a fin de cuentas respondían las ciudades privadas, acaso no era a una especie de liberalismo económico en extremis, o más bien a una confabulación científica y tecnológica, incluso una rebelión de las máquinas? Ignoro cómo se llegó hasta donde llegó el autor. Intuyo eso sí, una ciclicidad típica de todo relato escatológico, todo final implica un nuevo comienzo, o bien, la repetición absurda, el castigo de los dioses, Sísifo.

Germán Hernández







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10/3/20

El ladrón de meriendas – Andrea Camilleri




Andrea Camilleri recién se nos murió en el 2019 de vejez a los 93 años, buena muerte para uno de los escritores italianos más prolíficos y populares de su tiempo. En 1996, publicó la segunda entrega de su saga del comisario Montalbano: El perro de terracota y ese mismo año la tercera: El ladrón de meriendas, a la que dedicamos esta pequeña reseña.

El estilo de Camilleri es tan ligero y ágil, que resulta casi imposible detenerse en la lectura, no pierde tiempo en largas descripciones o explicaciones, su habilidad es que las cosas parecen explicarse por sí mismas, orgánicamente, donde nada parece estar puesto de relleno, ni siquiera las pausas que toma Montalvano para degustar alguna delicia culinaria.

En esta ocasión el Comisario por más que quiere evadir el crimen de un supuesto pescador Turco baleado en altamar a cambio de otro, aparentemente menos engorroso y más mundano, el de un viejo retirado que ha aparecido apuñalado en el ascensor del edificio donde habitaba, este lo llevará de vuelta al otro, a las circunstancias tristes de los migrantes, a las oscuras confabulaciones de oscuros criminales y altos funcionarios, y por si fuera poco, a un ladronzuelo que roba meriendas a los chicos que van a la escuela, y un par de homicidios mas, todo salpicado de ese fino cinismo e incorrecto humor que caracteriza a su autor. Y entre comidas y crímenes, Libia, la eterna novia de Montalvano poniendo las cartas sobre la mesa, en plena crisis de los treintas, pidiendo boda e hijo, y un lejano progenitor que agoniza, en fin, una novela bisagra que abre enormes expectativas a los lectores respecto a las futuras entregas de la saga.


Andrea Camilleri

En resumen, un ejemplo de ejecución exquisita, libro que se lee con una sonrisa y que también nos conmueve y nos deja ese nudo en la garganta, una delicia culinaria que se digiere bien y que no da agruras, ni levanta esas mareas alcalinas que nos tumban. De esos platos que uno quiere repetir.

Si te interesa este libro, aquí te dejo un link para que lo podás descargar y leer en formato epub: El ladrón de meriendas - Andrea Camilleri

Germán Hernández.





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