12/2/20

Los living – Martín Caparrós





- La religión son las metáforas que significan una sola cosa; el arte son las que pueden decirte lo que quieras.
Carpanta, en Los living, de Martín Caparros.

Martín Caparrós es una de las figuras más visibles del periodismo y la narrativa argentinas contemporáneas, entre la radio, el reportaje y la crónica periodística y, la novela, ha dicho, opinado y escrito sobre prácticamente todo y sobre todo; a no ser por la buena fortuna y recepción que ha tenido su enorme obra, Caparrós es lo que vulgarmente llamamos un “bombeta”.

Los living, de 2011, fue galardonada con el premio Herralde de novela en su vigésima novena edición. Trata básicamente sobre la vida de Nito, o Juan Domingo desde el día en que nació, precisamente el día en que murió el otro Juan Domingo, Perón, algo significativo y lleno de connotaciones para los lectores coetáneos de Caparrós, aunque al resto de la periferia nos resulte indiferente. Pero eso es lo que me encanta de la literatura argentina, se escribe sin complejos, lo local se exalta con dignidad universal y los resultados casi siempre son buenos, y universales también. En todo caso, la novela divaga sobre la vida contada en primera persona por el protagonista alternada con algunas escenas descritas por el narrador omnisciente, nuestro protagonista narra y narra sin énfasis y desenfadamente, casi impúdicamente todo sobre sí, y reflexiona, vaya que reflexiona, como si fuera tan sábio e inteligente como el autor, demasiado a veces, pero agudo y de una sabrosa mordacidad la más de las veces, aunque los manierismos retóricos del autor a veces llegan al cantinflismo, lamentablemente esa retórica que resumo así: “puede que sí, puede que no, lo más seguro es que quién sabe o todo lo contrario” y con la que sazona toda la novela puede ser un juego ingenioso una vez, pero no cuatrocientas veces en cuatrocientas páginas, para muestra un botón:

“Él siempre dijo que no lo proyectó: que tampoco había sido su culpa. Pero es difícil de creer. Al principio, decía, sólo quiso llevar más hombres a su molino —eso decía: hombres a su molino, sin pensar en la imagen repulsiva de hombres despatarrados revoleados por las palas de un molino, aplastados por las ruedas de un molino, molidos por molinos— porque las mujeres son la base, la argamasa, pero ninguna congregación puede avanzar sin hombres, decía, y que eso era todo, sin otras intenciones. Conociéndolo como llegué a conocerlo, yo diría que quién sabe sí, quién sabe no. Hay personas que creen que conocer a alguien es garantía de entender por qué hace lo que hace; yo creo que es exactamente lo contrario: sólo podemos pensar que sabemos cómo funciona lo que no conocemos, y conocerlo es el camino a la aceptación de la ignorancia o, por lo menos, la perplejidad de que las cosas son tanto más complejas que cualquier explicación que alguien les atribuya. Así que nunca sabré si lo había pensado desde el principio o no.”


Martín Caparrós

La vida de Nito estará atravesada por las muertes, la del padre, la del abuelo, las que previene, sí, porque ese es su don, contarle a la gente cómo habrá de morir y, poco a poco, su vida se hilvana con la de otros personajes, se enreda, se retuerce y termina siendo la marioneta de Trafálgar, el pastor evangelista, de Tinita y especialmente de Pitu Carpanta, el artista que finalmente triunfa discretamente con su obra maestra, todos ellos bichos que parecen extraídos de una novela de Roberto Arl, y que establecen un paralelismo entre lo que la novela venía siendo hasta más de la mitad de esta y, que no me convence mucho la forma en el autor hace converger el relato de Nito, con el asunto de los “living”.

La novela a nuestro modo de ver da lugar a demasiadas situaciones para llegar a un final de parodia sobre la muerte. Me decepciona el Epílogo y la facilidad con que la “Movida del living” triunfa y donde el autor que todo lo quiere decir incontinentemente sobre sus personajes, nada nos dice sobre el devenir del pastor Trafálgar o de la madre del protagonista, en fin, sobran muchas páginas, faltó economía y contención.

 Si te interesa este libro, aquí te dejo un link para que lo podás descargar y leer en formato epub: Los livin - Martín Caparrós

Germán Hernández


29/1/20

Crimen con sonrisa – Mirta González Suárez




Crimen con sonrisa es la primera novela publicada por Mirta González Suárez (San José, 1948), la cual fue distinguida con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría 2013.

Básicamente, Crimen con sonrisa es una colcha hecha de retazos mal remendados que le queda pequeña a la cama que pretende abarcar. Construida a partir de glosas académicas, clises revolucionarios, anécdotas estudiantiles, notas históricas de la política nacional, centroamericana y algunos crímenes que alcanzaron repercusión mediática, carece de la más mínima tensión narrativa o al menos de una trama que una tanta mezcolanza tratada superficialmente y desaprovechada en sus potencialidades y relevancia.

Los personajes son planos, esquemáticos, sin contradicciones, sin desarrollo psicológico, y ni decir del supuesto protagonista Juan prácticamente ausente hasta la mitad de la novela, que no es chicha ni limoná.

No es histórica, según la opinión de algunos; mentar hechos sociales y políticos de las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI no convierten una novela en ficción histórica, hay historia, pero no es histórica. Como tampoco entra dentro del género negro, sí, hay crímenes, y policías, pero no es policiaca pese a su provocador título donde la “sonrisa” sobra y el sugerente diseño de portada y contraportada resultan ajenos y engañosos al texto que resguardan.

Mirta González Suárez


Cuesta entender cómo esta novelita mediocre compartiera el premio nacional Aquileo J. Echeverría de 2013 con Girnaldas bajo tierra, novela notable y exquisita, obra de madurez y posiblemente obra maestra de Rodolfo Arias, semejante equiparación por parte de los jurados[1] es difícil de comprender, así como su generosa actitud de repartir premios de dos en dos[2].

Germán Hernández



[1] Para los premios nacionales Aquileo J. Echeverría de 2013, los jurados para las ramas de poesía, cuento, novela y libro no ubicable fueron Mónica Perea (Ministerio de Cultura y Juventud) y Carlos Villalobos (Universidad de Costa Rica), no hubo tercer miembro del jurado pues la Asociación de Autores no tuvo representante.
[2] Pues sí, parece que entre dos no pudieron ponerse de acuerdo y con la excepción de la categoría de cuento, en las restantes dividieron el premio.




22/1/20

La alquimia de la Bestia – Luis Diego Guillén



Luis Diego Guillén debuta literariamente con La alquimia de la Bestia, un mamotreto de quinientas y pico de páginas impresa por URUK en 2016. Cobra relevancia al recibir el premio nacional de novela Aquileo J. Echeverría de ese año y el premio de la Academia costarricense de la Lengua en 2017.

La alquimia de la Bestia es lo que se suele mal llamar “novela histórica” con todos los equívocos que eso conlleva, cuando lo que mejor cabe a mi parecer es denominarla “ficción histórica”, es decir una mentira sobre un trasfondo histórico, requisito indispensable para que sea también novela, y para que una buena ficción histórica sea una buena novela, debe primero construir un riguroso andamiaje histórico que resista la majadería académica, y con ese esqueleto, una hermosa mentira, lo suficientemente verás para creerla sabiéndola mentira, si esto ocurre, y creo que sí ocurre con La alquimia de la Bestia, entonces se puede retirar el andamiaje para disfrutar del edificio.

En este caso, ese andamiaje histórico se ubica en las colonias españolas del siglo XXVII, en una mugrienta y gris Cartago, en las costas del Caribe, en la indómita Talamanca, a propósito del alzamiento de Pablo Presbere, pero que quede claro que no es una novela sobre el líder indígena como algunos desvergonzados sin leer la novela han dicho. El edificio es sobre un personaje privilegiado, que será testigo y protagonista de su tiempo y su espacio, un raro pícaro como tantos de su tiempo, rescatado por la ficción y del anonimato histórico, Santiago Matías de Sandoval y Ocampo, mil veces muerto, mil veces resucitado, renacido y metamorfoseado espera al fin la ejecución de su sentencia como quien espera una muerte florida mientras narra a sus verdugos su travesía por el mundo. Inevitable es mencionar que me recordó ese mismo recurso en el caso de Mixtli, protagonista de Azteca, la fabulosa novela de Gary Jennings.

Siendo entonces la narración de un testigo, se trata también de la reconstrucción subjetiva de este, lo que le da curiosamente la solides y veracidad para recorrerla confiados. De todas maneras, su lectura no será diáfana, por el contrario, su autor fiel a un estilo, elabora una retórica maciza, densa, un clima y un aliento de época, la de los personajes y lugares que recrean su historia, con todos los riesgos del caso, esa obstinada fidelidad del autor es uno de sus mayores logros, pese a la linealidad del relato y a lo fácil que resulta ir anticipando los eventos que se irán desarrollando.

Luis Diego Guillén
A lo largo de este relato, a veces redundante, donde se han sacrificado muchos recursos narrativos que le restan fluidez, a veces maravilloso, en la opulenta descripción para reconstruir ambientes, lugares, acontecimientos, visiones de mundo, el fuego griego, las cosmologías de las naciones profundas de Talamanca, o la organización político-administrativa de las colonias hasta amalgamarse en las sincréticas introspecciones del protagonista, esfuerzo pocas veces ensayado en la narrativa costarricense, y que ha sabido matizar el autor sin caer en un relato pedagógico. Una novela significativa, para leerse con paciencia y compromiso.

Germán Hernández.


8/10/19

Viaje al reino de los deseos – Rafael Ángel Herra




Como suelen ser las novelas comerciales llamadas fantásticas o mal llamadas épicas, todo comienza con un viaje en busca de algo que restaurará la paz, el orden y en nombre del bien será sometido el mal. Mas o menos.


Paolo Uccello - San Jorge y el dragón

A cada página se irán sucediendo encuentros, pruebas y pistas que abrirán umbrales hacia el desenlace. Desfilarán seres fantásticos, acertijos enigmáticos, y transgresión, lo que pasa o se imagina, lo sólido o lo onírico, se fusionan, su realidad se suspende en lo concebible, al modo de Husserl: las ideas son parte de la realidad.


Cinta de Moebius - M.C. Escher

De las muchas lecturas posibles que admite Viaje al reino de los deseos, está la del regocijo erudito, obra pensada a partir de otras obras, plagada de referencias, desde Cervantes hasta Escher, desde Uccello hasta Ende, resolverlas, identificarlas, será algo más que la simple lectura porosa de un adolescente fanático a los video juegos y el cosplay.


El retablo de Maese Pedro - Gustavo Doré

Si hay alguien que sabe de lo monstruoso, es su autor, por eso presenta a un misterioso protagonista, Oreballac (caballero) quien es máquina, incapaz de sentir deseo o emoción, capaz apenas de comprender por analogía lo que experimenta a partir de lo que ha sido programado en su memoria. Un ser más cercano al monje tibetano que ha encontrado el nirvana o a un temible psicópata incapaz de empatía.


Rafaél Ángel Herra

No hay mayor originalidad en el texto, la cinta de Moebios, el viaje sin fin de Ende, la que se escribe mientras se lee, ese libro de arena que buscaba Borges, (¿Acaso la Word Wide Web no lo es?) apenas libro de aventuras, mejor decir un libro de acertijos, o bien, de homenajes y apologías, aún mejor: "había una vez un texto...".

Germán Hernández.