24/4/15

Los amigos venían del sur – José Picado Lagos



La “historia de vida”, como técnica de investigación cualitativa, es de las más difíciles de recopilar, sistematizar, analizar y sintetizar. Cuando es trabajada y moldeada mediante los recursos literarios, se vuelve también un ejercicio virtuoso entre la ficción literaria y la palpitante realidad vaciada en ese difícil género llamado “testimonio”. Mencionemos dos casos relevantes: “Los hijos de Sánchez” de Oscar Lewis, o “Memorias de un cimarrón” de Miguel Barnet, textos que si no se hubiera advertido de previo al lector, los hubiera leído con la certeza de que se trata de proezas literarias (que también lo son).
 
Los amigos venían del sur, de José Picado Lagos se emparenta con las obras citadas, y cuidado si no se advierte antes al lector de que se trata de una recopilación de historias de vida de excombatientes costarricenses durante el proceso revolucionario en Nicaragua entre 1979 y 1987, el lector llegaría a pensar fácilmente que se trata de una exquisita novela épica y polifónica, pues su composición, el hilo testimonial, geográfico e histórico que se tejen fina y sutilmente en cada relato es en sí mismo un logro. No solo son las circunstancias históricas las que unen cada relato, también están unidos, fusionados magistralmente por la habilidad y el oficio de José Picado Lagos.
 
Creo que hay que destacar que este libro es valioso por el testimonio que expone, y también por el trabajo de composición de dicho testimonio (donde también contribuyó nuestro querido poeta Alfredo Trejos).
 
Estas historias de vida tratan sobre la solidaridad de Costa Rica en 1979 por la caída del tirano Somoza y en favor de la revolución sandinista. De las brigadas de costarricenses “Carlos Luis Fallas” y “Juan Santamaría”  organizadas por los Partidos Vanguardia Popular, Socialista Costarricense y el Movimiento Revolucionario del Pueblo con más de 300 combatientes de toda índole: estudiantes, campesinos y obreros. Gobernaba entonces Rodrigo Carazo Odio, quien simpatizó con la lucha armada del FSLN; y facilitó de varias maneras la insurrección, entre ellas el apoyo de la aviación venezolana pues Carlos Andrés Pérez presidente de Venezuela era otro gran amigo de la revolución sandinista (ironías de la historia, el gran enemigo de Hugo Chávez). Guanacaste pasó a ser un bastión del Frente Sur, se establecieron campamentos en nuestro territorio, se impartió instrucción militar, se coordinó el tráfico de armas, pertrechos y diversidad de insumos en apoyo al FSLN, en todo el país hubo casas de seguridad, se prestaron servicios de salud a los combatientes para su recuperación y rehabilitación, el país estaba con el pueblo nicaragüense.
 
Luego del triunfo, en el proceso, muchos costarricenses colaboraron con la incipiente revolución  en temas de educación, agrarios, apoyo logístico, militar y otras áreas. Los somocistas se rearmaron y formaron la contrarrevolución (o más bien un ejército mercenario con la única intención de desestabilizar al gobierno sandinista), con el apoyo del gobierno de Ronald Reagan construyeron bases militares en Honduras y Panamá. El antes gobierno amigo de Costa Rica presta nuestro territorio para pistas de aterrizaje en apoyo a “la contra” a cambio del apoyo económico de $2 millones de dólares diarios al gobierno de Luis Alberto Monge, para 1983 las organizaciones políticas costarricenses conforman la Brigada Mora y Cañas, que envió tropas para combatir a “los contras” de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE) lideradas por el mercenario Edén Pastora, en el Río San Juan hasta su derrota en 1987.
 
A 36 años de la Revolución Sandinista, es totalmente válido rescatar el significado de lo que implicaba entonces hablar de “internacionalismo”, de “revolución” de contrastarlos, de someter a examen los testimonios de quienes estuvieron in situ, en la selva, la montaña y los sueños, y con  el primer entusiasmo domado por la cuesta de años encima, leemos los relatos de unos costarricenses, de unos amigos, de unos héroes prácticamente olvidados examinando esos significados de entonces, ahora. El saldo es conmovedor, humano, vibrante.
 
Nada de discursos trasnochados, ni furor juvenil. Tampoco un texto histórico, pero eso sí, lleno de historia; ni biográfico, pero lleno de vida y de vidas. Un texto que sabe bien que ya no tiene sentido adoctrinar, pero sí sabe restaurar la memoria.
 
Puede ser por eso, que el jurado de los premios nacionales Aquileo Echeverría 2013, concede  a este libro testimonio, a esta novela viva, el premio nacional de ese año en la categoría de “libro no ubicable”, aunque a la larga nos ubica a nosotros más bien, en un presente en que los “amigos ya no son amigos” en que se disputan litigios en nombre de soberanías abstractas, y fronteras que en lugar de unir separan, en que se olvida que esa línea imaginaria se cruzaba para luchar por los sueños más hermosos. Los “amigos de hoy” de la extinta revolución sandinista quedan desenmascarados: como el Mercenario Pastora, comandante de la “Contra” que en su propia tierra y a su propio pueblo le envenenaba pozos de agua, quemaba cosechas, masacraba y violaba niños y niñas y reclutaba humildes campesinos a cambio de no matarles. Impune, el asesino es ahora un paladín de la soberanía al servicio del orteguismo.
 
 Todo ello se puede constatar mediante este testimonio, y se puede hacer también todo un minucioso ejercicio historiográfico para comprender la cronología de los hechos, las circunstancias que mediaron y especialmente, para sentir las vidas que vivieron esos hechos y circunstancias y devolverles los latidos. Una lectura urgente, necesaria, imprescindible.
 

Germán Hernández.
 
 

27/3/15

Ricardo Marín - El miedo es un director de orquesta








Recién presentado este segundo poemario de Ricardo Marín, durante la pasada feria del libro 2014 bajo el sello de Ediciones Espiral, constataos su vena poética terrestre, lúdica y callejera, son poemas de calle, de peatón, de largas distancias recorridas en la vida, se le siente ese aroma a autenticidad, y el autor comparte con todas y todos los lectores esta breve selección de poemas de su libro, para que también se impregne y se anime a ir con todas por el poemario completo.

Germán Hernández


Lamento por Flor Vega

Lo último que escuché de vos
Flor Vega
fue sobre tu hígado del tamaño de una uña
de la vez en el hospital arrancándote las mangueras
y la morfina
en dosis más altas que el café

nadie entendió
para vos
las fechas siempre fueron de cuidados intensivos

¿fue necesario tanto exceso Flor?
¿fue necesario incendiar tu casa aquella madrugada?
¿ser la plana de los periódicos?

a punta de altas dosis de clonazepán
te soltaron un día la camisa de fuerza
y de alguna manera te tambaleabas por el barrio

nadie te dio una cerveza o un rosario
lo tuyo era a solas
porque el alcohol de fricciones no se comparte
porque el olor del pegamento
era superior a la caridad de las fisgonas
vendrán otras generaciones Flor Vega
vendrán otras generaciones con el pan bajo el brazo
ninguna de tu árbol genealógico

el útero se te convirtió en un silencio de crack
y nadie te defendió de las pedradas

estoy sentado en la banquita del parque donde
[solías asolearte
a ratos se acercan las palomas que te gustaba alimentar
con el estruendo de los carros
se alejan y se esconden en los pinos

a pesar de tu ausencia nadie las nota
nadie recuerda con aplauso tu voz de trompeta
ni la sonrisa que nos dabas
aunque te faltaran los dientes.


El Catalunia

Visto desde el bar Copas
es la última facultad
donde los universitarios se gradúan

abrazados bajo un paraguas roto
se ayudan a contar monedas
las pequeñas para el bus de regreso
las grandes para ser un solo hilo de carne

tras esos vidrios polarizados
aúllan por igual trotskas y futuras docentes del país
estudiantos de danza se arrancan la virginidad
y estudiantas de derecho el piercing
como si la sangre fuera un delito
o el último tango en San Pedro

las lenguas una encima de la otra
el fin del mundo se paraliza
en el intento de un orgasmo
y es en el jacuzzi donde sobresale
el mejor promedio

el sexo nunca es gratis
habrá que comparar precios
y estar atentos a que no vengan en la factura
las pulgas del colchón

bajo esta lluvia que limpia el año
como una lágrima en la axila de un muerto
los universitarios lo saben

por eso disfrutan de cada espasmo
aunque la crisis y el desempleo
tengan la última palabra.


Happy End

Recordá
al niño asmático de botines ortopédicos
sus pulmones y rodillas donde anotar en el basket
o correr tras el autobús fueron su ruina

recordá
la tendencia a despertar siempre en una mala hora
y  no tener a mano el Gravol
algún libro de Onetti
siquiera los ácaros que dejan las mujeres
cuando en verdad se marchan

recordá
el aviso del desahucio
como si un Testigo de Jehová
pasara la resurrección debajo de la puerta

recordá
el autogol de pesimismo
la fobia al sudoku y al dengue
el infarto que viene
la derrota como un bocadillo delicatessen

que no se te olvide
el hombre asmático de botines ortopédicos
que aspira llegar a los 40.


la culpa es de Mao Tse- Tung

                                    “hace mucho debí
                                      darme cuenta
                                      que tengo prohibido tanto
                                      la cocina oriental
                                      como dos días felices consecutivos”

                                                                                AlfredoTrejos


Nos gustaba la comida china para llevar
a ella un poco menos que a mi
ella comía con palillos robados del King-Jo
y aprovechaba la vajilla heredada de su madre
a mí me gustaba comer frente a ella
con la bandejita plástica y la cuchara sopera

comíamos en silencio
entre Paul Auster
Cavafis
y libros de colorear
con los que mi ahijada se entretiene
otras veces
entre periódicos careados por polillas
o sobre la foto de alguna asesina en serie
que bien podría ser la madre del vecino

los jueves generalmente
pedíamos chop suey en salsa
y dos huevos de tortuga
los domingos
wan tan relleno de camarón

el resto de la cena
lo refrigerábamos para 
el día siguiente
siempre y cuando
el pescado con bambú
oliera bien

meses atrás
ella se marchó en pijama
y arrancó el carro
como quién dice:
“no es por vos ni por la comida
pero las cosas  están declinando”

días después
los chinos se llevaron
el restaurante a la capital
y solo a mí me dolió

ahora
frente a casa
donde antes se escuchaba el wok
como el rugido de un tigre
pusieron una venta de pollo asado
y los pollos sudan arriba de las brasas
como clientes fracasados de un gimnasio
desde mi ventana los miro
hasta marearme

he bajado de peso
he puesto boca abajo los porta retratos
y con los palillos del King- Jo
que ella en su prisa
dejó olvidados
intento atrapar la soledad
como si fuera esa mosca
que se mece en la cortina.


Galindo el mesero

Nunca dije que era un oficio fácil
entre poner gagos de limón con cloro en los orinales
explicar lo mejor del menú
y el orden de las cuentas se me va la noche

atiendo mujeres que piden cervezas micheladas
aunque sus amantes las golpeen
a mujeres que piden tequila después de la oficina
y abandonan sus tacones y las buenas costumbres
a jugadores de dardos que visten como Julio Iglesias
y beben al mejor estilo de Chavela Vargas

ninguna compañera me toma en serio
y solo mis consejos se llevan después de la jornada
como si la experiencia fuera mi mejor servicio

mis días de camisa abierta y tango no volverán
la risa de Milagros no volverá  
los clientes de la mesa cuatro tampoco
envejecí sin poseer una canción
o una foto de familia que me explique 
mi bigote es la herencia del alquitrán
y  de las malas propinas

por eso hazte karateca o bombero
siempre habrá pendejos que patear
o prótesis dentales bajo las llamas
si vas a servir un trago procura hacerlo gratis
como el anfitrión que estrena felpudo en el portal de su casa
y sobre todo evitá las morenas que a primera entrada
te dicen que escuchan a Piazzola y esconden la milonga
entre sus piernas 

no sigan mi ejemplo

hice de mi vida un bandoneón que nadie toca
y cada vez que surge el viejo verde que me habita
lo afina un amor que no existe.


los poetas (se) aburren
                                                   a  F.G

La última vez que enrolamos
Bily Idol y Bob Dylan
tenían muy mala acústica

quise llorar
cuando te hablé de la abuela de Gomez Jattin
pero me contuve al escucharte
que Henry Miller la pasó peor
esperando un plato de sopa
en la habitación más indecente
de Villa Borghese

y con la tranquilidad de los huérfanos
tomamos la cerveza de los demás
como si voláramos cometas
en el patio de un orfanato

para entonces
la tarde era una anciana ovulando
en una pupila dilatada

recitaste de memoria el poema
que nunca sirvió para acostarse
con las universitarias 
mucho menos de himno 
para el club de yonkis que tanto anhelaste
y por  el mismo hipo de aquellos versos
nos ahogaron la cara a golpes
aquellos compañeros de facultad
que le robaban la cocaína a sus padres

te recuerdo hincado
buscando el libro de  Antunes entre el confeti
mientras mis nudillos mancillaban
las piedras del asfalto

no hay mucho por decir
salvo que tus Converse All Star
cuelgan ahora de un mercurio
y brillan casi igual que tus poemas

de mi parte
no he vuelto escuchar a Dylan ni a Idol
porque de nada sirve la poesía
si no te puedo traer de vuelta
sobre el filo de una tocola.



Ricardo Marín (Coronado, San José, Costa Rica, 1977). Varios de sus poemas han sido publicados en varias revistas y periódicos nacionales e internacionales como en la revista Malacrianza del Semanario Universidad y la revista electrónica Ping Pong. Fue incluido en la antología Lunadas Poéticas (Editorial Andrómeda 2006). Fue miembro del taller literario de la Casa Cultural del Instituto Tecnológico de Costa Rica. Su primer poemario, Para no pensar, fue publicado por la Editorial Arboleda en el 2008.