31/7/19

Notas VIII




Los inmigrantes, no importa de dónde, son seres humanos de desecho, los perdedores. No los quiere nadie, ni sus países de origen como tampoco los países receptores. Pero nadie los aborrece más que el Libre Mercado, pues los inmigrantes no compran pantallas, ni autos, ni celulares, ni casas; los inmigrantes no se hospedan en resorts ni comen en restaurantes, no compran ropa de marca ni suvenirs, no usan Master Card ni Américan Express, lo único que cargan es su pobreza y su hambre.
En cambio, un lindo, redondo y rojo tomate sin aranceles gracias al Libre Mercado todos lo quieren. El tomatito puede viajar libre por el mundo, es mejor que cualquier inmigrante, por eso ante él caen todas las barreras arancelarias y todas las fronteras para que el feliz tomatito viaje libre por el globo, y llegue a las mesas del mundo, a tu mesa, a la de los ganadores.

Germán Hernández
 



26/7/19

Notas VII




Desde un punto de vista cuantitativo (para nada cualitativo) las personas leen hoy más que nunca, incluso escriben más que nunca, el acceso a las redes sociales lo han hecho posible. Eso sí, la escritura queda subordinada a la imagen, al audio, al video, pero ahí está, desafiada y trastornada por mil extrañas y emergentes formas de querer decir y comunicar algo.
Una de esas formas curiosas es el meme. Una imagen y un texto brevísimo, por lo general en clave de humor, picardía pura, espontánea, y generalmente anónimo. Para saludar, para comunicar, para que sepan que existimos, para ser necesitamos los memes, las palabras prestadas de nadie para poder decir algo que no sabemos cómo decir.
Acariciamos la pantalla del smartphone persiguiendo memes, repartiendo likes, caritas y dedos pulgares. A toda prisa secuestramos los memes que nos son afines y a toda prisa los viralizamos a nuestros contactos con una compulsión feroz esperando ser los primeros en compartir el ingenio de nadie como propio, la peor de las decepciones es cuando el acuse de recibo es “ya lo había visto”.
El meme es vehículo de los que necesitan las palabras de otros, de los que nada tienen que decir.

Germán Hernández.


17/7/19

Notas VI




Sobre una inmensa estepa desierta, apenas se advierte levantando una estela de polvo que cubre sus huellas, la cámara se va aproximando y se distingue el bólido a toda marcha en dirección a una cordillera nevada y sobre ella un horizonte infinito que sangra celajes bajo un sol crepuscular; la cámara se acerca aún más, y sos vos quien va en la cabina del auto reclinado en sus asientos de piel, con tu diestra controlás el volante, con la barbilla en alto y la vista fija en tu destino, y en tu pierna la mano blanca de una rubia platinada que no despega la mirada de vos. Nada te detiene, ahora tu auto escala las montañas salvajes, atraviesa ríos y llega hasta la cumbre, tu gesto lo dice todo, has vencido; pero no vas a detenerte todavía, la libertad y el poder de ir siempre hacia adelante sobre tu heraldo de plástico y hierro.
Más o menos, así es como nos presentan los fabricantes de autos sus modelos en la publicidad: como una promesa de libertad, de éxito y poder, una promesa que algunos solo pueden soñar, que otros están arañando sin alcanzar, y que vos seguramente creés que alcanzaste, hasta que te detiene la hora pico en las carreteras arterioescleróticas.
Te han arrebatado un derecho, alguien te ha robado el éxito, el poder, la libertad, porque realmente te creíste la promesa de los fabricantes de autos, no podés creer en el engaño, a vos no pueden engañarte y pensás que la culpa es de otro, del gobierno que no gestiona carreteras para tu libertad, de los resentidos que las bloquean protestando contra tu éxito, mirás hacia el frente la horizontalidad espinal de los otros autos, su torpe andar, su estoico avance, y los culpás por no tener la voluntad de ejercer el poder al que no renunciaste todavía, aunque no sintás en tu pierna la araña lasciva que se ha evaporado en el asiento del acompañante, o más bien, nunca estuvo.
Te creíste una mentira, una realidad imaginada, un éxito, un poder, y una libertad que nunca existieron.

Germán Hernández.


19/6/19

Notas V

La muerte de Sócrates. De Jacques-Louis David


Una nación pierde la decencia cuando todos sus miembros creen que la tienen.

Germán Hernández.


12/6/19

Notas IV




Imposible. La idea de “dios” no resiste las categorías de género y número.
Ni uno ni muchos dioses, sino todos, manifestándose con todos los nombres, con todos los rostros, en todas la formas a hombres y mujeres de todas partes, de todos los tiempos.
Ni un dios hembra, ni un dios macho, sino todos los matices y formas en que es posible amar y manifestarse en todos los cuerpos, diverso, infinito.

Germán Hernández