19/7/09

La múltiple forma del delirio y La condena - Gustavo Solórzano-Alfaro



La múltiple forma del delirio

Igual que en el trabajo anterior de Solórzano-Alfaro, las Fábulas del olvido (Editorial EUNED, 2005), nos encontramos ante poemas extensos, y estilos similares. Nuevamente Solórzano remueve tópicos usuales, y una fuerte carga simbólica. Para destrabar los poemas y encontrar llaves a su obra, debemos tener en cuenta que lo concreto y abstracto en su poesía apenas se rozan, que una piedra no es una piedra, y que el olvido no es olvido.

Un aspecto formal en la poesía de Solórzano-Alfaro es el ritmo y el casi siempre afortunado uso de la rima interna y asonante, que permiten una lectura líquida y sin obstáculos. A pesar de ello, a veces sentimos un manejo de las imágenes casi abusivo, por momentos los poemas están sobre edificados innecesariamente restando muchas veces en sus poemas su capacidad provocadora y evocativa.

Este problema en mi opinión de la sobre edificación, es bien conocido por el poeta de mi parte, así que sabemos que no lo tomará a mal. El resultado en ocasiones es que nos sentiremos extraviados en algunos poemas, hay mucho de laberinto en ellos, y a veces no queda más que conformarnos con el entorno atmosférico de estos. Este problema se rompe, más adelante, cuando el poeta utiliza recursos narrativos que le dan movilidad, ejemplo de esto es Fijeza de los Trenes, no así cuando los poemas son más estáticos y contemplativos. Veamos un par de ejemplos:


Hoy duermo en una casa abandonada.
Las flores secas adornan mi lecho.

La historia de mi pueblo
Es la historia de quien amo.
Mis amigos bailan
Con músicas antiguas
Y han cerrado la puerta
Por donde a diario transita
La fugaz blasfemia de tus labios.
(Elegía para alguien que duerme)

Este fragmento inicial del poema que abre el poemario nos ubica en un lugar y un momento específico: Hoy duermo en un casa abandonada… (recordemos que la casa no es una casa) pero el momento “hoy” ¿será determinante? ¿Podría ser ayer o mañana?, lo podemos dejar pasar… viene un segundo verso que únicamente adorna la escena del primer verso, prescindible para nosotros, y luego viene la evocación en los versos siguientes del 3 al 7, la memoria de alguien quien ama, el recuerdo como único lugar habitable para uno que se ha quedado dormido, inmóvil. Pero los versos 8 y 9, son otro elemento decorativo, que no ofrece información relevante, puede estar bellamente escrito, pero no basta, interpela a alguien, ¿A quien ama, al pueblo, a la historia, a los amigos, al lector? Imposible saberlo, y además nos desplaza fuera del escenario inicial del poema.


… y si de repente la luna hablara,
sabría que tu nombre
es una llaga en la memoria.

………………………………………………….

Habría en todas las cosas
un instante de amor.
Sabrías que tiemblo en tu presencia,
como una rodaja al viento,
como una espada ciega en la carne abatida
Sí, sabrías eso, no más,
porque la luna moriría por mi mano.
(La Luna)
Con los versos iniciales y finales de este poema, queremos insistir en la sobre edificación: El poema arranca con fuerza, lo verdaderamente hermoso es ese nombre transformado en llaga, que sea en la memoria parece un dato irrelevante, podría ser en la consciencia, en la tarde, en la sombra, etc… atenúa en todo caso el efecto inicial. Hacia los últimos versos, lo que molesta es el uso de los símiles, y la retórica del penúltimo verso, donde solo bastaba decir “no más”. Entonces creemos que en ocasiones el poeta intenta enfatizar y dejar bien claro algo, abigarrándolo de imágenes que no siempre facilitan ese sentido, la carga semántica de los elementos recurridos a lo largo del poemario son tan grandes: sombra, memoria, piedra, muerte, olvido, cuerpo, sangre, etc., etc., que resultan demasiado densos y recurrentes incluso para un solo poema.

Más adelante, casi a mitad del poemario tropezamos con Fijeza de los Trenes, un poema que rompe en ritmo, lenguaje y tratamiento con todo el resto del poemario, un poema ajeno si se quiere, y además portentoso, y que queremos examinar con más detalle:

Compuesto en cuatro partes, el poema es circular, y parece ir poco a poco desmadejando un largo hilo de situaciones y estados de ánimo, pero sobre todo, nunca se aleja de su objeto, su divagación siempre va hacia su centro:


I

Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
Acaricio cada contorno de piedra y sal,
Y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
Fijo en un punto,
En un punto sin salidas ni senderos,
Sin otra aspiración que quedarme sentado,
Esperando,
Hastiado de mí mismo,
Como una estatua, un lecho,
Un árbol sin ramas ni raíz.

La fijación se me vuelve una angustia
Y la angustia una apatía
Y la apatía empieza a enojar mis manos
Y mis manos también se quedan mudas,
Fijas y absortas,
Moderadas y abiertas.
Deambulo por esta calles
Con los pitos de los carros
Queriendo fijarse
En mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
Fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.


Esta primera parte introductoria y desconcertante, brilla por el juego alrededor de la fijeza, que se convierte en mutismo y hastío, fijar la mirada, y fijeza, ante todo, fijeza hilarante incluso. Y la sentencia, la imposibilidad de movimiento y transcurso, fijar la mirada es petrificarse. La fijación es toda la vida.

Luego el poema transcurrirá por diversos escenarios, será un recorrido por la vida, invitando a pasar la puerta (que no es una puerta) a todo lo que mirada fija, para que se quede atrás, perdido, hasta el desengaño de no encontrar la estación del tren, ni el tren, porque nunca lo hubo, de alguna manera son los “pasos perdidos” de la existencia. Comparto otros fragmentos.

II

¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí,
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.

…………………………………………………………………………..


Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.

………………………………………………………………………….

Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.

………………………………………………………………………..

III

¡Qué impertinentes son los vecinos!
Tan necios y tan ciegos
como estas líneas
que poco a poco avanzan sin razón,
absortas en sí mismas,
perdidas, buscando no sé cuáles
jeroglíficas serpientes
que se muerden la cola
y chillan como degeneradas
intentando decir algo que nunca dicen,
porque están condenadas a nunca decir ese algo
que eternamente están a punto de decir,
porque muy bien saben que si lo dijeran
no serían ya palabras,
sino cosas útiles
que podríamos endosar en los álbumes,
pegar en las paredes,
incluir en tratados de libre comercio,
enviar en cartas
a los que se quedaron lejos,
expresar nuestro afecto,
conquistar a la novia,
entusiasmar al auditorio.
Por eso no dicen
lo que siempre están a punto de decir,
y eso es todo lo que nos queda.

……………………………………………………………………..

IV

¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.


Traspasado este poema, sentimos la ruptura en toda la poesía en Gustavo Solórzano-Alfaro, una interesante fusión entre viejos y nuevos recursos expresivos, es afortunada la amalgama lírica y vernácula, se siente una actitud más dialógica y menos oracular, no es aparente la transición, la cual será más evidente en La Condena que citaremos a continuación.




La Conden

En la medida que Gustavo Solórzano-Alfaro asume un tono más conversacional, las decoraciones prácticamente desaparecen, la retórica se vuelve más utilitaria y ayuda a enfatizar y destacar el estado de ánimo del poema, pero ante todo, los poemas se vuelven más eficaces y concéntricos. Tal es el caso de Balada y su dulce tonalidad elegíaca.

Balada

Hoy me duele más que nunca tu mirada.
Hoy me duele esta casa, tan grande tan vacía.
Me duele el deseo y me sabe a tiempo tu palabra.
Me duelen las distancias, me duelen las ventanas,
y las notas de un piano sumergido en las tinieblas

……………………………………………………………………………

Hace ya tantos días y mi hermano no regresa.
Su cuarto está vacío desde el último rincón del sueño.
Tiemblo en las tardes al pensar que no se duerme,
tiemblo al recordar que su nombres es una tumba
y su alma una montaña.

De todo los que lloran,
es mi madre quien más sufre:
como a deshoras y habla poco.

Tenemos la misma impresión cuando leemos “Libros”, que se abre como una ventana para asomarnos en otro de esos territorios imaginarios del poeta, (recuerden que esa quiebrahuesos, no es una quiebrahuesos, y esos libros tampoco son libros) cuánto desengaño transpira la poesía de Gustavo!!!.


Libros

3

Soy un cobarde.
No hay más poesía que eso.
No hay poesía.

Los tópicos poéticos en Gustavo Solórzano-Alfaro siempre son los mismos, tienen que ver con un tiempo y un lugar perdidos, cada poema es un largo rodeo por las ruinas de lo que alumbra, hasta ahora sentimos que su poesía es un solo y basto poema, donde lo que va cambiando es el ángulo de observación, pero como apuntamos antes, ahora el caldo hierve y para que no sepa muy salado le pusimos agua, y ahora a Gustavo le gusta combinar especias distintas, para lograr una nueva sazón…

La contemplación bucólica del pasado, un tópico recurrente en la poesía de Gustavo, está más que bien lograda en esta ocasión en “Poblados”.

Hay pueblos diminutos
Como gotas de sudor
Como lágrimas de Dios
Y aquellos que no lo saben
Y creen
Hasta ser Dios.

Si sentimos por un momento que en la Fijeza de los Trenes, hay todo un giro, en la Condena se detiene, pero los poemas tienen mayor sentido, se nota el esfuerzo por sintetizar más, las imágenes pierden protagonismo afortunadamente.

El tema amoroso también es recurrente, de la amada permanece siempre el nombre, y los labios, esto es central, siempre se evocan, inclusive, esas evocaciones vienen también en la múltiple forma del delirio:

Tu nombre es una llaga en la memoria (en La Luna)

Tu nombre es una marca, una llaga (en Apología del Nombre)

Sorprendentemente en al menos tres ocasiones el centro de la evocación son los labios o el beso:

… tus brazos se entregan como antorchas encendidas,
Y en ellos tu hijo nace de nuevo, cada día,
A la vendimia final de tus besos.

(de Fecundidad)

… Tu nombre se desgrana
Letra a letra entre mis labios…

… y el amor,
Como el fuego indolente que es,
Poblará nuestros labios
Hasta que se extingan…

(de Apología del Nombre)

Hoy en esta estación tranquila.
Entonces me detengo, pienso
En qué sería de mi sin tus labios

(de Poema de Amor)

Gustavo Solórzano-Alfaro


Poesía en crisis, huracanes y granizos, la poesía propuesta por Gustavo no es concluyente, está sangrando y retorciéndose, muchas cicatrices le esperan, muchas relecturas, lo bueno es saber lo que está germinando ahora mismo, el lenguaje nunca podrá reinventarse, se devora y fallece, una tarea humana y cotidiana será rescatarlo.

Germán Hernández

12/6/09

Notas al Evangelio de Juan según Franz Hinkelammert



Franz Hinkelammer, en su trabajo El grito del sujeto, nos advierte de primera entrada que existe un prejuicio, un estigma sobre determinados textos, en este caso el Evangelio de Juan. Dicho estigma, tiene que ver con el hecho que se le considera “teológico” y por este hecho, las diversas disciplinas sociales no lo consideran relevante en su ámbito. A esto le llama “inmunización”.

A pesar de ello, Hinkelammer expone el Evangelio de Juan como un texto que habla de la realidad, y que tratando de interpretarla, concurren en él lo teológico, pero también lo político, y lo económico, y lo social… etc., más lejos aún, lo considera como un texto fundante de nuestra cultura.

Por tratarse de un texto, el Evangelio de Juan ha sufrido a lo largo del tiempo una inversión como conjunto de sentido. Esta inversión se da ante todo con la palabra “mundo” entendida como toda estructura de poder. El evangelio exige estar en el mundo sin ser del mundo, su contrario opera cuando siendo del mundo desaparece el pecado que se comete cumpliendo la ley.

Los cambios de conjunto del sentido, como en el caso de Juan se vienen dando desde el siglo segundo, el cristianismo que había surgido desde la perspectiva del pobre, se transforma en un cristianismo desde el punto de vista del poder; desaparece el conflicto con el mundo y con la ley, se vuelve un cristianismo del mundo con el mundo.

En Juan, los imperativos del mundo son el pecado, y el hombre que no es de este mundo no está sujeto a esos imperativos. El que es del mundo, condena en nombre del cumplimiento de la Ley, y está dispuesto a matar para que se cumpla la Ley. Por el contrario, Jesús exige soberanía frente a la Ley en nombre del sujeto como ser vivo. El ser humano no es para el sábado, sino el sábado es para el ser humano.

Lo que el mensaje de Jesús en el Evangelio de Juan parece sugerir con la proposición “Estar en el mundo sin ser de este mundo” no se refiere a una naturaleza mística y trascendente de Jesús fuera del mundo material, y que quienes lo siguen pertenecen a una especie de supra mundo espiritual a pesar de estar temporalmente en sus prisiones físicas y corporales. Al contrario, si entendemos al mundo como bien dice Hinkelammer como las instituciones, entonces todo cobra un nuevo sentido, las instituciones son creaciones humanas, los humanos no pueden estar sujetos a sus propias creaciones, y más bien éstas deberían subordinarse a la vida en última instancia.

¡Y a la vida en todos sus ámbitos! Quizás hoy día estamos atravesando la última crisis del capitalismo, que no consiste en la caída de la bolsa, o en la quiebra de sistema financiero, etc. Esta crisis, tiene que ver con el modo en que el desarrollo tecnológico y los imperativos del modelo de desarrollo vigente están amenazando la viabilidad de la vida del planeta mismo.

Estamos en el mundo: la sociedad de consumo, el modelo capitalista, sometidos a toda clase de mandatos que imponen “estilos de vida”, y no ofrecen “opciones de vida”. Las leyes del mercado se pretenden tan indiscutibles como la ley de la gravedad, incluso en su momento, Oscar Arias durante su segundo mandato como presidente de Costa Rica dijo: “es más fácil cambiar las tablas de la ley que modificar el TLC”. Ante estos determinismos, impuestos exteriormente al sujeto humano, a la naturaleza, al planeta entero como sistema viviente, podemos seguir esperando pasiva e inercialmente la utopía juánica de un Jesús que derrotó la muerte y quitó el pecado del mundo, o bien, asumir como bien dice Hinkelammer, esta utopía como nuestra, su realización está en someter al mundo y sus instituciones al servicio de la vida.

Germán Hernández


29/5/09

El Dulce humor de Francisco Zúñiga Díaz - Tamuga


Quiero compartir un brevísimo cuento del maestro Francisco Zúñiga Díaz (1931-1997) de su libro El Viento Viejo, editado en 1978 por la Editorial Costa Rica.

Anteriormente habíamos posteado aquí un pequeño ensayo sobre su poesía humorística, "Sonetos de Amor en Bicicleta", con el objetivo de recordar al maestro en su faceta humorísta y sobre todo en el género del cuento, el cual cultivó mayoritariamente, ponemos para hacer las delicias de todos el titulado "Tamuga" otro heterónimo de "Chico" y que muchos años después, daría lugar a otra saga de cuentos, todos humorísticos, sobre este misterioso y apócrifo personaje, sus andanzas y travesuras, que no maldad, no puede haber maldad en la cándida y hermosa picardía de nuestro héroe... Provecho!!!!!


TAMUGA

En el recreo o en clase -y más en clase- Tamuga era el problema.

¿Qué una diablura?: Tamuga. Qué un alboroto?: Tamuga. ¿Qué un nuevo apodo?: Tamuga.
Y la fama de Tamuga -la de malo, que la de bueno no trasciende- se saltó las cercas de la escuela y circuló, con viento a favor, por todo el pueblo.

"...que no te juntes con Tamuga". "...Que me pegó Tamuga". "...Que es que Tamuga me quitó el cuaderno y escribió unas malacrianzas y la maestra, por eso, me dejó arrestado".

Y Tamuga por aquí y Tamuga por allá.

Doña Tomasa aumentó sus preocupaciones de madre, que eran como una gran colcha remendada con problemas, tendida en la extensión del estar lidiando todo el día con chiquillos. Y por las dudas le dijo a Josecito:

-Mire, mijito. Yo le recomiendo una cosa: por el amor de Dios, por lo que más quiera, no se junte con ese Tamuga.

Y Josecito se quedó cariacontecido. Muy temeroso ante la nueva prohibición, sumada al no moleste al gato, al no le tire piedras al palo de cas, al no se ensucie porque esa camisa se la tiene que poner mañana, no tuvo más remedio, por primera vez porque doña Tomasa no aceptaba réplicas, que salir en defensa de Tamuga.

Y lo dijo con temor y sorprendido:

-Pero mamá... Si Tamuga es mi hermano Carlos. Es que le dicen Tamuga en la escuela.

Francisco Zúñiga Díaz

 

13/5/09

Juan Carlos Mestre y la perdurable belleza de la poesía

Juan Carlos Mestre


Memoria de la noche

Esta noche y no en otra noche más cercana o desnuda
voy a empezar a vivir
es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño de las carnicerías
y entonces entra y clausura todas las sangres
y los clamores del mundo mugen tan gozosos
ya de la vida toda y de la muerte ninguna.
Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda
voy a empezar a nacer
es que ha pasado un niño con más fusiles que risas
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño del hambre
y la esperanza general de la tierra se conmueve
ya de venganza o de ira.
Esta noche y no en otra noche más triste y obscura
voy a empezar a creer
es que ha pasado una mujer parecida a mi madre
y yo también soy
cuando pregunta por mí y yo me reconozco
ya de dolor o vergüenza.
Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida
voy a empezar a morir
es que me ha saludado el que me odia
y no soy yo
cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura
y ya una bala me sueña.

Esta noche y no en otra noche más deseada y querida
voy a empezar a cantar
es que el silencio recorre mis cosas
y no soy yo
cuando se callan en el miedo las estrellas
ya sentencia o castigo.
Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta
voy a aparecer de repente
es que a tantos han ido reduciendo a la sombra
que ni soy yo
cuando estábamos todos y ahora no existes
ya desolación y miseria.
Esta noche y no en otra noche más bella y sentida
voy a preguntar por el pan
es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo
y no soy yo
cuando responde la lluvia cayendo en la nada
ya paciencia o trabajo.
Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira
voy a confesarme del miedo
es que han encendido una hoguera
y soy también en la llama
cuando arde el deseo prohibido
ya diferencia o pecado.
Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga
voy a rendirme con pena
es que una caricia me acusa
y no soy yo
cuando apuntan mi nombre en el aire
ya condenado o alegre.
Esta noche y no en otra noche más fría o ajena
voy a marcharme hacia siempre
es que nunca la muerte termina
y no soy yo
cuando maltratan el beso con ira
ya religión o fracaso.

Esta noche y no en otra noche más noche y eterna
voy a pensar que respiro
es que una palabra se ahoga en un libro
y no soy yo
cuando aplauden lo horrible del mundo
ya consagración o veneno.
Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida
voy a escribir al tirano
es que pasa mi abuela con flores, con vida
y no soy yo
cuando llora vacía ante el cielo
ya letanía o milagro.
Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana
voy a quedarme contigo
es que ocurre un monstruo en las selvas del alma
y no soy yo
cuando claman heridas y heridas
ya gobiernos o leyes.
Esta noche y todas las noches del día
voy a decirte mi amiga culpable
es que está pasando la vida
y yo no soy
cuando un hombre se sienta y nos habla
ya destrucción o poesía.

 
http://www.juancarlosmestre.com/



30/4/09

El seminario vergonzante - Sergio Golwartz




El Seminario Vergonzante

Por un inexplicable prejuicio colectivo, creemos que la cultura sólo se adquiere en las bibliotecas, en las escuelas, en las universidades. Aunque en parte sea cierto, el verdadero templo de la sabiduría es otro lugar mucho más íntimo, más recogido, más solitario; al que entramos con disimulo, sin exhibicionismos, sin alardes inútiles; en el que nos solazamos con nuestro libro favorito, o donde garabateamos a puerta cerrada nuestras más preciadas ideas; recinto en el que nos concentramos mejor que en ningún otro, gracias a la soledad que impera en él. En ese templo del saber -donde todo esfuerzo es fructífero-, el que lee, el que se instruye, el que escribe, no admite compañía alguna para entregarse en cuerpo y alma a elevar el espíritu. Allí, todo el que puede, obra en pro de la cultura, obra bien y con arte. El que no puede, por lo menos hace el esfuerzo, decidido a triunfar, aunque pierda la vida en la empresa, como suele suceder.

No sé si el hombre es ingrato, disimulado, distraído o tonto, pero parece no haber reparado en esa cámara cultural que tantos servicios le presta, que tantas satisfacciones le brinda. Sin embargo, una vez en ese deleitoso templo de la cultura -extraña contradicción-, nos regimos por respetuoso ceremonial; una vez allí, sólo leemos o escribimos sentados en un trono, (1) y ni los más fuertes ruidos logran distraernos de nuestra tarea (el ritual, al que nos prestamos con gusto, exige que nos despojemos de parte de la vestidura, lo que nos imposibilita la salida, convirtiéndonos en ufanos presos voluntarios). Pero a pesar de ello, infamamos al Seminario, evitando la mención de su nombre, que disimulamos de inhábil, de torpe manera, con los apodos más vagos e inexpresivos, y rodeamos el acto de leer o de escribir en él, de grande misterio y sigilo, como si se tratara de hechos vergonzosos o deshonestos.

Los antiguos, más sabios, sentían veneración por el Recinto: sabemos que en Grecia, esos lugares se emplazaban junto a los templos, lo que prueba bien a las claras el carácter sagrado que se les atribuía; y en Roma no sólo no se avergonzaban de ellos, sino que hasta estaban adornados con estatuas de gladiadores, que el envidioso Nerón mandó quitar. (2)

Glorificamos las bibliotecas, las universidades, las escuelas, y olvidamos ese laboratorio sagrado donde adquirimos la mayor parte de nuestros conocimientos, donde escribimos la obra que ha de consagrarnos. ¡Cuántos grandes poetas han compuesto allí sus mejores odas! ¡Cuántas creaciones del ingenio humano -las más sorprendentes, las más perdurables, las más felices-, se deben a los gratos momentos pasados en ese gabinete de concentración, estudio y trabajo, donde el hombre puja por superarse y superar a los demás! Muchos han escrito allí sus obras completas, y otros allí deberían haberlas escrito: es inconcebible que lo hayan hecho en distinto lugar.

Aunque la cárcel ha inspirado buen número de obras maestras, y sólo ella podría competir con el Lugar Olvidado, no vacilo en asegurar que éste es el auténtico templo del saber y del ingenio, porque una vez allí, el afán de leer o de escribir es insaciable, y prolongamos nuestra estada en el Seminario Vergonzante, olvidados por completo del mundo exterior, mientras buscamos la satisfacción exhaustiva. Los escritores son allí más sinceros; renuncian al afán de parecer eruditos, a los conocimientos de segunda mano, por la incomodidad física de usar más de un solo libro: nadie se atrevería a trasladar hasta allí una Enciclopedia Británica u otros gruesos volúmenes de consultas.

¿Quién podría probar que Homero no escribió allí la "Odisea", que Virgilio, Lucrecio, Tácito y Juvenal (3) no usaron el sellae Palmoclanae de que habla Marcial (4) para legarnos lo mejor de su genio? De Rabelais podemos decir con absoluta certeza que para escribir desdeñó todo otro lugar. Quevedo, que escribió en la cárcel gran parte de sus obras filosóficas y ascéticas, no cabe duda que usó el Sacro Recinto para las festivas y las satírico-morales. También sospechamos con fundamento que Lope no lo despreció, ya que su frase: "Sabio es el lector de un solo libro", es, evidentemente, fruto de la experiencia adquirida en el Instituto.

Aunque estamos seguros de que al lector tanto le interesaría obtener la información como a nosotros proporcionársela, de Cervantes nada podemos asegurar en concreto. Sufrió, el infeliz, tantas cárceles, que sería muy aventurado suponer que para escribir se impusiera una por su gusto. Nuestro escepticismo se debe, también, a que sus obras tienen más del perfume de la campiña, que de la fresca humedad del Seminario. En cambio, Shakespeare no está en entredicho. Cinco de sus obras teatrales fueron sin duda alguna escritas en el Recinto. Ellas son: "Mucho ruido y pocas nueces", "A buen fin no hay mal principio", "A vuestro gusto", "Lo que queráis", "La tempestad"; así como sus "Sonetos para diferentes aires de música". Moliére no podía ser menos. Allí urdió: "El avaro", "El misántropo", "El médico a la fuerza" y "El amor del pintor".

Es simbólico que en ese nido fecundo de obras maestras, en este tálamo de la idea, siempre se busque la proximidad del papel, cuya calidad tan preocupado tuvo a Azorín5 y que nunca resulta lo bastante refinado.

Aunque no falte quien profane el Recinto leyendo en él periódicos o revistas, y aunque existan gentes más irrespetuosas aún, que lo utilizan para resolver fáciles problemas de palabras cruzadas -su única fuente de información-; aunque muchos seres viles pierdan en ese encierro, en esa prisión voluntaria, parte de su vida, entregados exclusivamente a prosaicas ocupaciones, casi todos, por lo menos nos dedicamos a meditar con beatitud: es muy difícil librarse del peso de muchos siglos de tradición y del ejemplo de tantos grandes hombres, cuya vida intelectual ha transcurrido en el Sagrado Seminario. Sin embargo, nuestro desagradecimiento llega hasta el extremo de que una vez leída en la Cámara nuestra obra favorita, nos apresuramos a retirarla de allí como si nos avergonzáramos de haberlo hecho.
Cuando pienso que todos tenemos en nuestro hogar un Santuario, y que en vez de usarlo para colocar amorosamente en él nuestros libros en adecuada estantería, por presumir los ponemos a la vista en ínfimas bibliotecas, me indignan la ingratitud, la vanidad y la pequeñez humanas.



(1) Ese trono, en la antigua Pompeya, hasta tenía dos piedras labradas para apoyar en ellas cómodamente los pies. El recinto, adornado con una hermosa lámpara colocada en una hornacina, estaba ventilado por una ventana al través de la que se mezclaban los efluvios de ese templete, con los no menos aromáticos del jardín. Nosotros a fuer de modernos innovadores, preconizamos la instalación de un pupitre.
(2) Son famosos los Seminarios del palacio de Augusto, en el Palatino, de los que existe un dibujo del abate Guattani.
(3) Desde uno de esos lugares, Luciano insultó a Nerón, aterrorizando con su imprecación a quienes lo oyeron. Otros, menos valientes, se conforman con llenar las paredes de epigramas y sátiras en verso y en prosa.
(4) Séneca habla hasta de las escobillas que se usaban para conservarlo limpio.
(5) Intuyo en él a un fanático frecuentador del Recinto; todos sus libros despiden el hálito inconfundible.


“Me sorprende a veces comprobar que existen todavía gentes que escriben en serio; y me sorprende, porque ya casi nadie lee en serio” 

Sergio Golwars 

Sergio Golwars, casi olvidado hoy, fue un hombre polifacético: escritor, inventor, músico, trotamundos. Como escritor abarcó el cuento, la novela, el teatro, el aforismo y la crítica de arte, su obra impresa de importancia comienza como en muchos grandes escritores, (Whitman, Saramago) después de los cincuenta años, El sombrero del hombre feliz (cuentos y aforismos, 1956), Entrada prohibida (novela, 1959), Una comedia para maridos(teatro, 1959), La máscara de la risa (ensayo, 1963), Cuentos para idiotas (1967) e Infundios ejemplares (cuento corto, 1969). 126 ensayos de bolsillo y 126 gotas tóxicas (1961), en el que vincula el ensayo y el aforismo. Como músico destacó en la ejecución del violín  y llegó a gravar varios LP’s para disqueras como  Musart, Orfeón y Columbia, en su catálogo hay títulos como: Un violín con alma, Violín gitano, Recital, Bailando Csardas, Recordando Viena o Puro gitano. Como inventor, fue un estudioso de la acústica y realizó importantes innovaciones en el uso de micrófonos para la realización de presentaciones y audiciones de grandes bandas y conjuntos musicales. Trotamundos, nació en Ginebra en 1906, pasó su infancia y juventud en Argentina, viajó por todo el mundo hasta establecerse en México, donde ejerció el periodismo, la creación literaria y la interpretación musical.

Sergio Golwartz
En su obra literaria, sobresale por su consumada vena humorística, maestro del sarcasmo, la ironía y el chiste; siempre anti solemne, escribió incluso diatribas contra la erudición y el intelectualismo llegando a mofarse de la obra de Borges y Cortázar en su novela Controversia. Testimonio de una discusión. Pero por otro lado alabó la obra de Torri, Arreola y Monterroso y su posterior búsqueda de la síntesis como summa literaria. 

“El valor del relato, ya sea novela o cuento, no reside en la descripción o en la retórica —casi siempre una triste sofística—, sino en el ingenio puro y la fantasía. La única dimensión literaria válida es la artística, y si el escritor tiene la valentía de sacrificar el ropaje de su obra —su propia vanidad—, toda narración podrá ser siempre reducida a su auténtico tamaño”. (En Infundios ejemplares 1969). 

El seminario vergonzante, pertenece a su libro Cuentos para idiotas de 1967, y representa una muestra de su irreverente humor e ingenio, ejecutado con maestría y virtuosismo, no estaría mal leerlo cómodamente sentado en el lugar que corresponde, quienes lo hagan no serán tan idiotas.



Germán Hernández