Si la chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias
Octavio
Paz
Publicada por primera vez en 1995
y hoy con 10 ediciones a cuestas, el Burdel de las Pedrarias del Novelista
Ricardo Pasos, es una novela de corte histórico, ubicado en los primeros años
de la conquista de lo que hoy es Nicaragua en el puerto del Realejo. Sus
protagonistas Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza, viuda del primer gobernador
Pedrarias Dávila y su criada María Fernanda la “India Andaluza”, serán las
narradoras de una historia azarosa, donde sobresalen los valores supremos de la
conquista: civilizar, evangelizar y tomar el oro.
Es quizá la única novela sobre la
conquista en tierras centroamericanas que aborda la narración desde una
perspectiva femenina. Efectivamente quienes narran son mujeres, mujeres
españolas, mujeres de su tiempo, las cuales ajustadas a los mandatos de este,
sobreviven y gobiernan.
Está tan bellamente escrita, y
con una pericia en cuanto a la reconstrucción histórica y ficcional hasta difuminarse,
Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza ha recuperado los bienes y encomiendas de
su difunto Pedrarias, y en el puerto del Realejo ha instalado un burdel, ha
negociado con sus “indios” cuanto algodón, maíz, cacao y mujeres deberán
tributarle, su sueño es forjar una nueva raza de mestizos, que serán obedientes
y sumisos a sus majestades católicas, a la larga todo intento será fallido.
En nombre de los valores de la
conquista, se matará y violará, habrá voces disidentes como las de Fray
Bartolomé de las Casas:
“Bueno Doña Isabel, yo no quería decírselo, y me disculpará por ser tan
franca, pero creo que si no lo soy con Usted ahora, no lo seré nunca. Resulta
que el Dominico dijo antes de desaparecer que prefería caminar por las selvas
desde Granada hasta Nicoya, para desde ahí embarcarse hacia Guatemala sin pasar
por el Realejo, por que a Usted no la quería ver ni desde lejos; que prefería
conversar con el Demonio por estas selvas y fangales, ya que Usted era la
encarnación del mal en esta Provincia de Nicaragua, porque estaba privando a las indias desde ahora de
toda posibilidad de enorgullecerse en el futuro de haber parido hijos de
españoles; que Usted estaba suprimiendo lo más sagrado que puede haber entre
los seres humanos y que eso era el amor; que los nuevos hijos de Nicaragua no
iban a ser fruto del amor sino que fruto de la violencia, el engaño, el comercio
despiadado y la putería”.
Son las voces solapadas y los
poderes discretos y a la sombra del poder formal las que cuentan esta novela y
la protagonizan, son mujeres, mujeres que tienen que sobrevivir en este nuevo
mundo y para ello hacen suyos los valores del conquistador, y que en resumidas
cuentas como dice Juan Durán Luzio: “La
percepción que de la india tuvo el vencedor de la colisión entre europeos y
aborígenes minusvaloriza todo el ámbito de su ser y de su quehacer femeninos,
relegándola a un plano secundario y, cuando no , a uno de suyo degradado” y
es que las voces que nos llegan de la conquista, voces masculinas de cronistas
y sacerdotes, que matizan sus relatos, no son y no pueden ser los únicos
relatos, en ese sentido, por vía indirecta Pasos construye un relato que nadie
quiso contar antes, desde el reverso de la historia, pero no por las víctimas,
si no por otros perpetradores que la historia ha callado, también es la voz,
desenfadada y sínica de los herederos de la conquista, es el legado de los
conquistadores citando a Samuel Stone “la
clase dirigente colonial original del Istmo, que se dividió con el
establecimiento de cinco territorios separados. De ahí los antepasados comunes
de esas agrupaciones contemporáneas. Aun hoy muchos de los presidentes de la
región descienden de la hidalguía colonial. Gran número de gobernantes
centroamericanos han sido parientes entre sí.”
Siendo así, esta historia es
narrada por las madres de nuestros gobernantes oligarcas, paternalistas y
finqueros, por los que concilian estirpes sin contar que fue una violación de
las madres indias, y la castración del abuelo indio. Vale la pena desmitificar
el relato de los “tres abuelos”, aquel en que se nos dice que somos hijos de
ese abuelo europeo, negro e indio, pues los últimos dos fueron castrados, somos
los hijos de madres violadas, de abuelas que la historia borró y que ahora esta
novela de Ricardo Pasos nos recuerda, con toda su brutalidad, y dolor.
El Burdel de las Pedrarias, es sin
duda una de las obras más valiosas de la reciente narrativa nicaragüense, tan
vital y robusta como su poesía, solvente dentro del amplio subgénero de la novela
Histórica, tan hermana por igual de Asalto al Paraíso de Tatiana Lobo, y de una
calidad literaria evidente que se desarrolla a la par de su testimonio.
Germán Hernández
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