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23/1/12

El Burdel de las Pedrarias – Ricardo Pasos



Si la chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias

Octavio Paz


Publicada por primera vez en 1995 y hoy con 10 ediciones a cuestas, el Burdel de las Pedrarias del Novelista Ricardo Pasos, es una novela de corte histórico, ubicado en los primeros años de la conquista de lo que hoy es Nicaragua en el puerto del Realejo. Sus protagonistas Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza, viuda del primer gobernador Pedrarias Dávila y su criada María Fernanda la “India Andaluza”, serán las narradoras de una historia azarosa, donde sobresalen los valores supremos de la conquista: civilizar, evangelizar y tomar el oro.

Es quizá la única novela sobre la conquista en tierras centroamericanas que aborda la narración desde una perspectiva femenina. Efectivamente quienes narran son mujeres, mujeres españolas, mujeres de su tiempo, las cuales ajustadas a los mandatos de este, sobreviven y gobiernan.

Está tan bellamente escrita, y con una pericia en cuanto a la reconstrucción histórica y ficcional hasta difuminarse, Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza ha recuperado los bienes y encomiendas de su difunto Pedrarias, y en el puerto del Realejo ha instalado un burdel, ha negociado con sus “indios” cuanto algodón, maíz, cacao y mujeres deberán tributarle, su sueño es forjar una nueva raza de mestizos, que serán obedientes y sumisos a sus majestades católicas, a la larga todo intento será fallido.

En nombre de los valores de la conquista, se matará y violará, habrá voces disidentes como las de Fray Bartolomé de las Casas:

“Bueno Doña Isabel, yo no quería decírselo, y me disculpará por ser tan franca, pero creo que si no lo soy con Usted ahora, no lo seré nunca. Resulta que el Dominico dijo antes de desaparecer que prefería caminar por las selvas desde Granada hasta Nicoya, para desde ahí embarcarse hacia Guatemala sin pasar por el Realejo, por que a Usted no la quería ver ni desde lejos; que prefería conversar con el Demonio por estas selvas y fangales, ya que Usted era la encarnación del mal en esta Provincia de Nicaragua, porque  estaba privando a las indias desde ahora de toda posibilidad de enorgullecerse en el futuro de haber parido hijos de españoles; que Usted estaba suprimiendo lo más sagrado que puede haber entre los seres humanos y que eso era el amor; que los nuevos hijos de Nicaragua no iban a ser fruto del amor sino que fruto de la violencia, el engaño, el comercio despiadado y la putería”.

Son las voces solapadas y los poderes discretos y a la sombra del poder formal las que cuentan esta novela y la protagonizan, son mujeres, mujeres que tienen que sobrevivir en este nuevo mundo y para ello hacen suyos los valores del conquistador, y que en resumidas cuentas como dice Juan Durán Luzio: “La percepción que de la india tuvo el vencedor de la colisión entre europeos y aborígenes minusvaloriza todo el ámbito de su ser y de su quehacer femeninos, relegándola a un plano secundario y, cuando no , a uno de suyo degradado” y es que las voces que nos llegan de la conquista, voces masculinas de cronistas y sacerdotes, que matizan sus relatos, no son y no pueden ser los únicos relatos, en ese sentido, por vía indirecta Pasos construye un relato que nadie quiso contar antes, desde el reverso de la historia, pero no por las víctimas, si no por otros perpetradores que la historia ha callado, también es la voz, desenfadada y sínica de los herederos de la conquista, es el legado de los conquistadores citando a Samuel Stone “la clase dirigente colonial original del Istmo, que se dividió con el establecimiento de cinco territorios separados. De ahí los antepasados comunes de esas agrupaciones contemporáneas. Aun hoy muchos de los presidentes de la región descienden de la hidalguía colonial. Gran número de gobernantes centroamericanos han sido parientes entre sí.”

Siendo así, esta historia es narrada por las madres de nuestros gobernantes oligarcas, paternalistas y finqueros, por los que concilian estirpes sin contar que fue una violación de las madres indias, y la castración del abuelo indio. Vale la pena desmitificar el relato de los “tres abuelos”, aquel en que se nos dice que somos hijos de ese abuelo europeo, negro e indio, pues los últimos dos fueron castrados, somos los hijos de madres violadas, de abuelas que la historia borró y que ahora esta novela de Ricardo Pasos nos recuerda, con toda su brutalidad, y dolor.

El Burdel de las Pedrarias, es sin duda una de las obras más valiosas de la reciente narrativa nicaragüense, tan vital y robusta como su poesía, solvente dentro del amplio subgénero de la novela Histórica, tan hermana por igual de Asalto al Paraíso de Tatiana Lobo, y de una calidad literaria evidente que se desarrolla a la par de su testimonio.

Germán Hernández

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8/5/11

Siembra vientos y cosecha tempestades (Oseas 8,7)

Y si como dice la sabiduría popular, “para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado” yo recomiendo hablar con el hígado, ese órgano que no es bilis solamente, sino residencia del alma, el espacio donde toda sustancia se sintetiza y de donde brotan todos los sentimientos.

Pero hablar con el hígado exige sensatez y responsabilidad. En la edición del Semanario Universidad número 1895 del 27 de abril de este año, el Catedrático Miguel Rojas publica en la sección de opinión una notita llena de insultos a los Pueblos Autóctonos del territorio costarricense y a nuestros hermanos y vecinos de Nicaragua, la nota se titula “Nicaragua y sus ínfulas de imperio”. Donde expone al menos cuatro cuestiones: La Teoría de la conspiración imperialista Nicaragüense, El cinismo güegüense, La Juventud nazisandinista y la identidad de la nación boruca.


La Teoría de la Conspiración Imperialista Nicaragüense

Según Miguel Rojas, desde hace casi dos siglos Nicaragua viene ejecutando una sistemática estrategia de agresión contra Costa Rica, cuyo propósito es:

Gobernar a Costa Rica y
Anexarse el territorio de Nicoya y Guanacaste

Dice Miguel Rojas: “el 29 de octubre de 1821,comienza un proceso sistemático de agresiones por parte de los nicas, pues querían seguir dando órdenes”, “se inventaron la historia que todavía se la creen para ellos y sus fines militares expansionistas, de que Costa Rica les había robado el territorio de Nicoya y de Guanacaste”,

Para llevar a cabo su plan Nicaragua cuenta:

En primer lugar con un ejército militar de quince mil hombres  “se creen dueños de costa rica y son tremendamente ingeniosos para torcer y tergiversar cualquier palabra, acuerdo o estrategia maquiavélica de que cualquier medio justifica el fin de apoderarse a la brava, por fuerza de las armas de su ejército profesional de quince mil ahombres, con doctrina militar señalada en la recuperación de sus “territorios”

Y en segundo lugar con una invasión de civiles. “Un millón de nicaragüenses viven en Costa Rica en forma mayormente ilegal, primero los asesoran allá para que se vengan sin nada, luego vayan a la embajada en San José y saquen documentos. Primero invadan, segundo manden dólares y tercero pónganse a derecho medianamente curvilíneo. Y si no los apoyamos desde aquí en Managua por que los ticos tienen que respetarles sus derechos humanos”

Nos gustaría que el catedrático Miguel Rojas enumere exhaustivamente las órdenes que Nicaragua ha querido imponer a Costa Rica en los últimos 200 años, y nos gustaría también que citara las declaraciones de representantes nicaragüenses en ese mismo periodo que han invocado su soberanía sobre el territorio costarricense y cuántas veces hemos sido invadidos por ese ejército profesional nicaragüense y cuantos miles de kilómetros ha perdido Costa Rica por medio de dichas invasiones militares. El silencio de Miguel Rojas será obvio, porque todas sus afirmaciones son falsas, son “tan ingeniosas, torcidas y tergiversadas como las maquiavélicas estratégias de quienes él ataca”.

Todavía más fantasioso e ingenuo es la sola insinuación de que existe dentro de la conspiración nicaragüense la estrategia de enviar una invasión de un millón de civiles (también esperaríamos que citara la fuente autorizada sobre esa cifra) con instrucciones claras de cómo ingresar a Costa Rica. Eso es tan inocente como decir que México tiene una estrategia de invasión hacia USA por sus 25 millones de migrantes a ese país, o mejor todavía, que El Salvador está invadiendo a USA con su millón y pico de ciudadanos residiendo en California.

Las razones de la migración son diversas, existen razones estructurales y otras coyunturales, históricas, sociales, políticas y económicas que desafortunadamente convierten a Nicaragua (igual que otros países de la región) en un país que expulsa población, por su parte, Costa Rica, también tiene razones estructurales y otras coyunturales, históricas, sociales y políticas que lo hacen receptor de población migrante, un buen ejemplo de ello es la ausencia de mano de obra para satisfacer la demanda de empleo en diversas actividades agrícolas, de trabajo doméstico, seguridad, transporte, etc. Hasta el día de hoy no he escuchado a ningún tico quejándose que los nicaragüenses nos quitaron el empleo como guachimanes, o cogedores de café o como empleadas domésticas o como albañiles.

También le recuerdo a don Miguel Rojas, que no existen personas “Ilegales” quizás su estatus migratorio no esté en regla según los procedimiento de cada país pero de ahí a ser “ilegal” existe una gran diferencia.


El Cinismo Güegüense

Según Miguel Rojas, toda esta conspiración es resultado del cinismo güegüense, dice Miguel Rojas “ése güegüense que se acomodó corruptamente al poder colonial español en vez de combatirlo a muerte”.

Sólo para no olvidar, la obra del Güegüense sintetiza la fusión de las culturas españolas e indígenas que combinan el teatro, la danza y la música, y es considerada una de las expresiones folclórica y literaria más sobresalientes de la era colonial en América Latina. La obra teatral fue escrita por un autor anónimo en el siglo XVI, siendo una de las más antiguas obras de teatro indígena de nuestro hemisferio. Se transmitió oralmente durante muchos siglos hasta que fue escrito y publicado en un libro en 1942. La primera versión escrita tiene 314 parlamentos y fue originalmente escrito en náhuatl y español. "El Güegüense" representa el folklore de Nicaragua, por lo tanto, la UNESCO lo proclamó "Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad" en el 2005 convirtiendo a Nicaragua en el único país en América Central  con 2 obras maestras proclamadas por la UNESCO. (fuente Wikipedia).

Así que don Miguel Rojas ofende el patrimonio oral e inmaterial de la humanidad y el folklor nicaragüense gracias a  extrañas galimatías entre folklor y conspiración. Le falta mucha autoridad a don Miguel Rojas para hablar sobre sometimiento colonial, pues hasta dónde puedo observar, su idioma, su dios y costumbres occidentales, coinciden bastante armoniosamente con la herencia de los invasores, inclusive, el espacio territorial que habita es un legado de la administración política y territorial de la colonia.


La Juventud Nazisandinista

Más galimatías, pero esperamos también una detallada elaboración teórico conceptual de un catedrático universitario de esa cosa llamada nazisandinismo (sospecho que me quedaré con las ganas). Dice Miguel Rojas: “La juventud nazisandinista es fanática del ejército y del partido sandinista, de pelear, de ser muy machitos y hacerse machorros pegando gritos, agrediendo todo aquello que sea Costa Rica”

Yo, he tenido la oportunidad de trabajar al lado de jóvenes nicaragüenses de la juventud del FNT, de universidades y del sandinismo, he conocido muchachos y muchachas con disciplina, muy críticos y llenos de sueños y expectativas, que con mística y determinación han respondido con vehemencia a las convocatorias y acciones que se les reclama. También he sentido su cariño fraterno, sus contradicciones e interrogantes, saben que a veces han sido utilizados y no se reprimen de decirlo y reclamarlo cuando es necesario, sueñan con su revolución y no renuncian a construirla, los insultos sin conocimiento de primera mano de Miguel Rojas son inaceptables.


Sobre la identidad de la Nación Boruca

Y sobre esto, como haciendo un contraste ente el Güegüense y la identidad costarricense, Miguel Rojas roba sin sonrojo algo que le es completamente ajeno: la identidad de la Nación Boruca, dice: “el juego de los diablitos de boruca, puro Costa Rica, es un símbolo nacional de resistencia perpetua y no de no entrega a ningún imperio, porque a diferencia de los llamados güegüenses los borucas libran una lucha sin cuartel cíclicamente cada año, lucha a muerte contra el imperio español, contra cualquier fuerza exterior nacional o extranjera que los quiera esclavizar” y tiene razón en parte, porque la lucha boruca lucha también contra la Costa Rica idealizada de Miguel Rojas que los quiere desplazar para convertir sus tierras en un lago en nombre del progreso y la modernidad, pero se equivoca Miguel Rojas cuando dice de los borucas “puro Costa Rica” porque los borucas son y han sido mucho antes de Costa Rica, son una cultura en sí misma que no le debe nada a Costa Rica, tienen una cosmovisión del mundo, una lengua propia; en su lugar, Costa Rica (igual que el resto de países de nuestra región) son un invento bastante reciente, resultado y resabio colonial. Debería tener cuidado Miguel Rojas cuando insulta a una cultura, dígale lo mismo a los Chinos “Puro Japón” a ver qué le pasa. Por favor, tenga el mínimo rigor académico!


Siembra vientos y cosecharás tempestades

Esta advertencia del profeta Oseas que tomo prestada de la tradición judía, es oportuna en situaciones como la actual. Con qué facilidad Miguel Rojas emula las palabras de Laura Chinchilla cuando dice: “qué ironía la de la historia, que del mismo país donde Juan Santamaría ofrendó su vida para defenderlo, llegaron ahora nuevas botas filibusteras a ultrajarnos” que palabreja tan maleable esa: filibusterismo, aplica a todo, así nos llamaron a los que luchamos contra el TLC, y seguramente quien le escribió el discurso a Doña Laura.


Para evitar sospechas, aclaro que soy costarricense, nacido en Costa Rica, cédula 1,  mi madre también lo es, mi padre no, él es nicaragüense (posiblemente eso me hace sospechoso a los ojos de Miguel Rojas), pero en mi Costa Rica, un pequeño país tan rico en diversidad, un país donde somos tantos ticaraguenses, donde todos tenemos un amigo, un cuñado, un abuelo nica, y un largo etc. Una realidad que nos exige llamar a la concordia y la unidad de los pueblos, al entendimiento y la creatividad por construir puentes y no fronteras.

Que don Miguel Rojas no nos venga a hablar de constitucionalidad ni tratados y laudos, precisamente esos instrumentos sólo sirven para distanciar lo que está unido, que no nos hable desde el odio, aunque sea eso lo único que conoce, que hable como catedrático y honre ese honor y postura opinando con rigurosidad, apelando a argumentos y exhaustiva investigación y no con la doxa digna de un borrachín haciendo catarsis dominical en cualquier barra de cantina.

Cuando Miguel Rojas siembra vientos diciendo: “¡Nicas invasores sin excepción, váyanse, no los queremos y los combatiremos a muerte!”  Debe saber que las tempestades que cosechará son de odio, xenofobia, intolerancia, que los que gritarán su consigna serán los peores, los que odian, los que se refugian con miedo ancestral en su caverna sintiéndose amenazados de todo cuanto los rodea, que solo los miserables dan la vida luchando contra lo que odian.

Germán Hernández

1/4/09

Las dos mitades de un solo corazón







Nací en Costa Rica y me crié en Costa Rica, un pequeño país en el istmo centroamericano, que respecto al resto de sus vecinos, recorrió la segunda mitad del siglo XX con una inusual estabilidad sociopolítica, casi al margen de los conflictos armados y sociales que desangraron cada país de la región. Mi madre, costarricense, es una mujer humilde, con una educación media y cinco hijos, yo soy el mayor de ellos. Mi padre, nicaragüense, un hombre itinerante y muy trabajador, igual que mi madre, con una educación media, no fui el primero de sus hijos, pero sí, su primer varón.


Por esta condición de ser hijo de una costarricense y un nicaragüense, siempre me he identificado como “tico-nica”, o “ticaragüense”, en todo caso, siempre me he atrevido a sentir en mis latidos la sangre de dos pueblos, ni más ni menos, independiente de mi status ciudadano.


A Costa Rica la he tenido siempre, como Cardoza y Aragón tuvo su Guatemala en las líneas de su mano, pero Nicaragua me llegó en la remembranza, en una misteriosa nostalgia infantil, con los relatos e historias de mi padre. Entonces Nicaragua en los recuerdos de mi niñez, era una tierra cubierta de lagos infinitos llenos de voraces tiburones… y el campo, casitas de campo, llenas de gallinas y árboles frutales, así fue mi primer recuerdo de Nicaragua, contado por mi padre, la Nicaragua de mi infancia, la viví a través de la infancia de mi padre.


Mi padre era de Diriamba, pero vivió su infancia en el gran lago, en el archipiélago de Solentiname, exactamente en las Ínsulas Extrañas de Cardenal y que he amado sin conocer durante toda mi vida, son exactamente para mí como lo sería para el Islam la Meca, o para los cristianos Jerusalén, ese punto de llegada donde se besan las piedras sagradas. Recuerdo que mi padre me contaba sobre el cielo lleno de estrellas en la noche, y el viento que soplaba alegrando los techos de las casitas, y me contó también cuando quemaban pólvora para la Purísima y otras fiestas, el cielo se llenaba de esa lluvia de luces, mientras el lago en calma, como espejo del cielo, reflejaba ese doble espectáculo, y mi mente divagaba, imaginando aquella guerra de luces, entre las dos bóvedas del cosmos.


Y por supuesto, muy pronto bebí de la poesía orgánica y animada de Nicaragua, de Darío, de Ernesto Gordillo, de Pablo Antonio Cuadra, de Joaquín Pasos, de Carlos Martinez Rivas, de Ernesto Cardenal, de Salomón de la Selva, de Gioconda Belli, de Leonel Rugama y tantos y tantos poetas nicaragüenses, que las listas se volvieron infinitas, y el deseo devorador de esa sustancia densa como el agua que se vertía en el suave registro de las letras.


También había una Nicaragua sombría, turbia… donde se narraban los crímenes de un dictador temible, de una dinastía dueña de la tierra, de los lagos, del aire y de la gente; y también estaba fresca la tragedia de un terremoto que destruyó la capital dejando muerte y escombros que nadie se atrevía a recoger para no olvidar que aquella tierra bramaba enfurecida cuando quería.


Por aquellos años de mi infancia, en Nicaragua se libraba una tercera guerra fundamental, según yo, la primera fue contra los filibusteros en la década de 1850, la segunda fue en las Segovias, librada por aquel masón de mirada océanica, y nombre de emperador romano, y cuyo apellido resuena desde entonces en miles de tonos y claves según quien lo escuche, Sandino, el nombre que se ha usado para todo, para alabar y escupir, para traicionar y para inmolar, para el amor y el odio, caleidoscopio luminoso, como los juegos artificiales vertidos sobre la atmósfera del gran lago. Pero esta tercera guerra, volvía a enfrentar al verdugo con su víctima, era otro Somoza, y otros Sandinos, y era la guerra.

Ahora sé, y comprendo mejor lo que ocurría en aquellos años en Costa Rica, porque nunca hubo un amor más hermoso y una hermandad tan firme como aquella vez entre Costa Rica y Nicaragua, se escuchaba aquel slogan: “desde algún lugar de Nicaragua, Radio Sandino” pero en Costa Rica todos sabían que transmitía desde aquí, que muchas casas fueron pequeñas clínicas clandestinas para recuperar a los guerrilleros heroicos, que muchos hombres y mujeres costarricenses y hasta muchachos de secundaria, trasegaron armas para llevarlas al frente desde la neutral y pacífica Costa Rica, que muchos ticos y ticas amaron tanto esa revolución que pelearon en ella, y murieron en ella, y su sangre no se derramó en vano en Nicaragua que fue una madre amorosa para recogerla.

La revolución triunfó y el dictador se fue, y así como miles lloraron y celebraron en Nicaragua, en Costa Rica también hubo banderas rojinegras celebrando en los parques. Hubo luego muchachos y muchachas voluntarios que se fueron al norte a alfabetizar, a construir casas, a enamorarse y embriagarse en esa pequeña esperanza que estaba pariendo Nicaragua.

Luego vinieron muchas cosas, el servicio militar obligatorio, la contra, el boicot, los errores, las piñatas… nadie sabía cómo se hacía una revolución, en esos momentos todo es demasiado nuevo, que no vale la pena seguir apuntando en la oscuridad buscando culpables.

A mi escuela comenzaron a llegar mis primeros compañeros nicaragüenses, el gobierno ya no apoyaba la revolución, por que los gringos llenaban de billetes los bolsillos y las conciencias de la clase política costarricense, Costa Rica era ahora según la propaganda: el último rincón de la democracia ante la amenaza comunista, y esos niños y niñas que no sabían de qué estaban huyendo, eran recibidos como una especie de héroes, el espectáculo era bochornoso.

Recuerdo a un compañero de segundo grado; Ariel, por qué se refugiaron sus padres en Costa Rica durante la revolución lo ignoro, y no me interesa tampoco suponerlo, solo me importa Ariel, era un niño igual que yo, pero lloraba, y en los recreos lloraba, y en los exámenes lloraba, se aislaba y ocultaba su rostro en un rincón, tenía su corazón destrozado, había un dolor terrible en él y a nosotros nos decían que era por la guerra…

La guerra era un fantasma que nos asustaba, recuerdo que en esos días se rezaba por la paz.

La democracia llegó tan ingenua como mi adolescencia. Pero igual que me llegaron las tribulaciones y las estrecheces de esos años, la más sombría pobreza en mi corazón y en mi vida, así quedó Nicaragua, llena de discursos y promesas que no se cumplieron nunca, porque la inversión extranjera prometida nunca llegó, y los campesinos nicaragüenses no podían llenar sus estómagos hambrientos con sufragios y se vinieron por oleadas hasta Costa Rica, pero esta vez no eran héroes que huían del comunismo, ahora eran borrachos, violadores, criminales, eran el chivo expiatorio para una Costa Rica que también se ahogaba en una marea triunfalista y mediocre de reformas estructurales, así, toda la frustración se volvió contra el “otro”, tristemente, el país donde me crié, para reafirmarse en sus mitos y la imagen de sí mismo, vertía todos sus miedos, odios y fantasías sobre aquellos hombres y mujeres nicaragüenses que buscaban cómo sobrevivir.

Manos nicaragüenses construyeron los hoteles de lujo, manos nicaragüenses recogen las cosechas del café, el “grano de oro” costarricense, manos nicaragüenses limpian las casas, lavan la ropa y cuidan los hijos de la burguesía y de la pequeña burguesía costarricense, ojos nicaragüenses vigilan sus casas, y cuidan sus autos a la salida de los bares y los salones de fiesta; silenciosamente este pueblo es el andamiaje sobre el que se construye otro país. Y para inflamar todavía más el resentimiento entre dos pueblos, la clase política de ambos países finge encendidos discursos sobre la soberanía y el derecho internacional, para que un río en vez de fluir, se petrifique y se levante como esos muros de vergüenza que levanta Israel entre su pueblo y Palestina, y como las bardas asesinas que levanta USA para contener a los mexicanos y centroamericanos, y que no quiere caer, como cayó en Alemania.

Los medios de prensa de un lado y otro, comparten sus cables y corresponsales para cubrir los hechos de sangre, y teñirlos todavía más de mórbidos motivos y conspiraciones aberrantes. Gacetilleros, seudointelectuales, y onanistas maliciosos, nos han llenado de un humor lleno de asco y amargura, se ríe sobre el llanto del débil, se ríe sobre el desamparo de una madre sin hijos, se ríe sobre la orfandad de muchachos analfabetos y solos.

Por eso, cuando en las calles de Managua he visto un auto de lujo y un niño limpiando su parabrisas, o los resort que pueblan las costas del pacífico en Costa Rica, comprendo que alguien de este lado y del otro se ha enriquecido con todo ese odio, que alguien le ha sacado provecho a todo este dolor.

Pero no, todavía no han derrotado al amor.

Tuvieron que pasar treinta años para que yo por fin pudiera estar en Nicaragua, treinta años por donde pasé muchas cosas, mucha vida, hasta que al fin pude sentir la furiosa transparencia del aire de Nicaragua, su horizonte circular e infinito, y mi alegría fue tan grande, que sentí que regresaba a donde nunca estuve, a volver sobre mis propias huellas.
Apenas tenía 14 años cuando mis padres, por razones que no importan ya, se separaron, mi hogar se había fracturado para siempre, intenté ser padre de mis hermanos menores, y fui mal padre, y peor hermano, un fracaso más… ¿Era posible entonces que esta unión sea verdadera?, es verdad o una mentira tibia y fragante que me inventé?

¿Es falsa acaso toda esta indignación y todos mis besos y abrazos para mis nicas en Costa Rica, idealizados por mí, llorando por doña Odilia, que cuidó a dos niñas costarricenses hasta su adolescencia para poder mandar las remesas para que otra criara a sus hijas, o a Oscar, un experto en acabados, que dejó impecables las paredes y pintura de mi casa, para poder levantar su casita gris, sin divisiones y de ladrillos desnudos en Chinandega?.

Volver a Nicaragua, y sentirla mía, poseerla y llenarme de mi amada tierra distante, sentir tu dulce aroma a piel que ha sudado bajo el sol, y que amanece fresca, llena de la tibia certidumbre de que siempre volveré, llenarme de tu música que suena a sonrisas, llenarme de la sutil soberbia de los que caen y se levantan con un estoicismo que embruja y se siente en el pecho, habitar por un segundo las mesas rencas, los caminos polvorientos, los senderos por donde el vértigo y la sangre me nublan, para abrazar a mi gente amada, que sabe vivir con sus cruces y su esperanza de bolsillo.

No le nieguen a este corazón que no puede latir sin sus dos costados, cuya sangre no coagula en ninguna dirección, que es hermano de otros como yo, de las nuevas generaciones de ticos-nicas, que como esa raza imposible que soñaba Vasconcelos, habita mejor en los territorios del aire que es libre y puede deslizarse sobre la tierra, porque eso soy, uno entre los miles que han nacido de un padre nica y una madre tica ó de un padre tico y una madre nica, soy de los que no distinguimos la diferencia en las pupilas negras, y que contaminamos la pureza ancestral del aislamiento.

Déjame regresar a ti, mi tierra amada, no me rechaces, la mitad de todo lo que soy germinó en tu vientre, no pongas marcas en mi frente. A la Costa Rica donde nací y mi crié, sólo le pido recibir la otra mitad de mi vida, todo lo que he hecho y todo lo que he construido lo he hecho con amor en los vórtices de su vertical geografía, pero no me pidan que elija entre las dos, porque dejarían de latir las dos mitades de este corazón.


Germán Hernández.