11/11/16

Seis poemas de Bob Dylan - traducidos por Gustavo Solórzano-Alfaro (2010-2016)



Una oportunidad de acercarse al bardo, pero esta vez sin guitarra, sin estudios, sin escenarios, así no más, el texto desnudo, ¿y por qué no? Y nunca más oportuno ahora que “quizás” Bob Dylan vaya a recoger su cheque a Suecia, y más afortunados nosotros, pues las traducciones son del amigo escritor, editor, crítico y académico Gustavo Solórzano-Alfaro, por lo que llevan ese gusto fresco y delicado que se siente con el pan acabado de hornear.  


Muy fuerte va a llover

⎼¿Dónde has estado,
hijo mío de ojos azules?
¿Dónde has estado,
adorado niño mío?

⎼He tropezado con la ladera
de doce montañas llenas de bruma.
He caminado y me he arrastrado
sobre seis autopistas  torcidas.
He andado en medio
de siete oscuros bosques.
He estado en frente
de doce océanos muertos.
Me he adentrado diez mil millas
en la boca de un cementerio.
Y va a llover, va a llover,
muy fuerte va a llover.

⎼¿Y qué viste,
hijo mío de ojos azules?
¿Qué viste,
adorado niño mío?

⎼Vi a un recién nacido
rodeado por lobos salvajes
y una carretera de diamantes
pero no había nadie en ella.
Vi una rama negra
con sangre que chorreaba
y un cuarto lleno de hombres
con martillos ensangrentados.
Vi una escalera blanca
toda cubierta de agua,
diez mil predicadores
cuyas lenguas estaban rotas.
Vi pistolas y afiladas espadas
en las manos de los jóvenes.
Y va a llover, va a llover,
muy fuerte va a llover.

⎼¿Y que escuchaste,
hijo mío de ojos azules?
¿Qué escuchaste,
adorado niño mío?

⎼Escuché el sonido de un trueno
que rugió sin aviso,
el bramido de una ola
que podría ahogar al mundo entero.
Escuché mil tamborileros
cuyas manos ardían
y a diez mil personas susurrar
pero nadie las escuchaba.
Escuché a una persona morir de hambre
y a muchas otras riendo.
Escuché la canción de un poeta
que murió en una alcantarilla
y el sonido de un payaso
que lloraba en el callejón.
Y va a llover, va a llover,
muy fuerte va a llover.

⎼¿Y a quiénes conociste,
hijo mío de ojos azules?
¿A quiénes conociste,
adorado niño mío?

⎼Conocí a un niño
junto a un pony muerto.
Conocí a un hombre blanco
que paseaba a un perro negro.
A una muchacha
cuyo cuerpo ardía.
Conocí a una niña
que me dio un arcoíris.
Conocí a un hombre
que estaba herido de amor
y a otro
que estaba herido de odio.
Y va a llover, va a llover,
muy fuerte va a llover.

⎼¿Y ahora qué vas a hacer,
hijo mío de ojos azules?
¿Qué vas a hacer,
adorado niño mío?

⎼Voy a salir
antes de que empiece a llover.
Atravesaré las profundidades
de los bosques más oscuros,
donde hay demasiada gente
con las manos vacías,
donde el veneno
contamina sus aguas,
donde el hogar en el valle
se topa con una prisión sucia y húmeda,
donde la cara del verdugo
está siempre escondida,
donde el hambre es horrible
y las almas han sido olvidadas,
donde el color es negro,
cero el número.
Y lo contaré y lo pensaré y lo diré
y lo respiraré
y lo reflejaré desde la montaña
para que todas las almas puedan verlo.
Y me posaré en el océano
hasta que empiece a hundirme.
Pero haré valer mi canción
mucho antes de empezarla.
Y va a llover, va a llover,
muy fuerte va a llover.


Botas de cuero español

⎼Amor mío, voy a zarpar.
Saldré temprano en la mañana.
¿Hay algo que pueda mandarte
desde el otro lado del mar,
donde sea que desembarque?
                               
⎼No, no hay nada que podás
mandarme, amor mío,
no hay nada que desee tener.
Solamente regresá intacta
desde ese océano solitario.                       
                                 
⎼Es que se me ocurrió
que a lo mejor quisieras algo hermoso,
hecho de oro o de plata,
de las montañas de Madrid
o de la costa de Barcelona.                       
                                 
⎼Si tuviera las estrellas
de la noche más oscura
y los diamantes del océano más profundo
renunciaría a todo por tus dulces labios,
porque son lo único que anhelo tener.                
                                 
⎼Pueda que me vaya por mucho tiempo
y por eso te pregunto si te puedo mandar algo
para que te acordés de mí,
para hacer que los días
pasen fácilmente.                         
                                 
⎼Pero cómo, cómo podés
preguntarme de nuevo.
Solo me provoca dolor.
Lo mismo que hoy quiero de vos
voy a quererlo mañana.

(Recibí una carta un día gris,
de su barco en altamar.
Decía que no estaba segura
de cuándo iba a volver
y que dependía de cómo se sintiera.)                   
                                 
Entiendo, amor mío.
Si pensás de esa manera
debe de ser porque tu mente vaga
y tu corazón no está conmigo
sino con el país hacia el que vas.                            

Así que tené cuidado,
tené cuidado del poniente,
tené cuidado de las tormentas.
Y sí, sí hay algo que me podés mandar:
unas botas de cuero español.


Amor bajo cero / sin barreras

Mi amor habla como el silencio,
sin ideales ni violencia.
No tiene que decir que es fiel, y aun así
es real, como el hielo, como el fuego.

La gente lleva rosas
y hace promesas todo el día.
Mi amor se ríe como las flores
y ningún san Valentín la convence.

En los baratillos y en las paradas de bus
la gente habla de sus cosas,
lee libros, repite citas,
escribe conclusiones en los muros.

Algunos hablan del futuro,
pero mi amor habla suavemente.
Ella sabe que no hay éxito como el fracaso
y que el fracaso es eso y nada más.

La capa y la daga penden,
las damas encienden las velas.
En las ceremonias de los jinetes
hasta los peones guardan resentimientos.

Unas estatuas hechas de fósforos
se desmoronan unas sobre otras,
y mi amor me guiña, ni se inmuta.
Ella sabe mucho como para juzgar o discutir.
A la medianoche tiembla el puente,
el médico rural divaga,
las sobrinas de los banqueros buscan la perfección,
a la espera de los regalos de los Reyes Magos.

El viento aúlla como un martillo,
la noche sopla lluviosa y fría.
Mi amor es como un cuervo
con el ala rota en mi ventana.


Como un canto rodante

Había una vez en que te vestías muy bien,
les dabas limosna a los mendigos
en la flor de tu vida, ¿no es cierto?
La gente te decía:
“Muñeca, tené cuidado, te vas a caer”. 
Pensabas que te estaban vacilando.
Solías reírte
de aquellos a los que les iba mal,
pero ahora ya no hablás tan fuerte
y no te ves tan orgullosa
al tener que chulearte a alguien
para poder comer.

Ok, fuiste a las mejores escuelas,
Señorita Soledad,
pero sabés que solo te aprovechaste
y nunca nadie te enseñó cómo vivir en la calle.
Entonces te das cuenta
de que tendrás que acostumbrarte.
Dijiste que nunca te enredarías
con el vagabundo misterioso,
pero ahora descubrís
que él no te está vendiendo ninguna coartada,
mientras mirás fijamente en el vacío de sus ojos
y le preguntás: “¿Querés hacer un trato?”.

Nunca te dignaste a mirar
las muecas de los malabaristas y de los payasos
cuando hacían trucos para vos.
Nunca entendiste que no era bueno.
No debiste permitir que otra gente
recibiera los golpes en tu lugar.
Solías cabalgar en un caballo cromado
con un diplomático
que cargaba un gato simaés en su hombro.
¿Fue muy duro cuando te diste cuenta
de que realmente había desaparecido
después de quitarte todo lo que pudo robar?

La princesa está en el campanario
mientras toda la gente linda
toma, creyendo que ha triunfado,
intercambiando todo tipo de cosas y de regalos preciosos.
Pero será mejor que te quités tu anillo
de diamantes y lo empeñés.
Solías divertirte tanto con Napoleón el Harapiento
y las palabras que usaba.
Andate con él ahora que te llama.
No tenés nada que perder.
Ahora sos invisible
y no tenés secretos que guardar

¿Cómo se siente?
Decime, ¿cómo se siente
valerte por vos misma,
sin la dirección de una casa,
como una completa desconocida,
como una canto rodante?


Dama de ojos tristes de las llanuras

Con tus labios de mercurio en tiempos de misioneros,
tus ojos ahumados, tus oraciones en verso,
tu cruz plateada y tu voz que repica,
¿quién de ellos piensa que podría enterrarte?

Con tus bolsillos por fin bien protegidos,
tus visiones de tranvía regadas en la hierba,
tu carne sedosa y tu cara de cristal,
¿quién de ellos podría cargarte?

Dama de ojos tristes de las llanuras,
ahí donde el profeta de ojos tristes
anuncia que nadie llega,
¿debería dejar en tu puerta
mis tambores árabes,
mis ojos que todo lo guardan,
o debería esperar,
dama de ojos tristes?

Con tus sábanas de metal y tu cinturón enlazado,
tu baraja de cartas sin la J y sin el As,
tus ropas de segunda y tu expresión hueca,
¿quién de ellos piensa que podría vencerte?
Con tu silueta a la luz del sol que se desvanece
en tus ojos donde nada la luna
y tus canciones de fósforos e himnos gitanos,
¿quién de ellos intentaría impresionarte?

Los reyes de Tiro con sus listas de prisioneros
aguardan en fila sus besos de geranio
y vos no sabías que podría ocurrirte algo así.
¿Quién de ellos pensás que realmente quiera besarte?

Con tus amores de infancia en tu alfombra de medianoche,
tus ademanes hispanos, las medicinas de tu madre
y tu boca vaquera y tus balas de salva,
¿quién de ellos podría resistirte?

Los granjeros y los hombres de negocios decidieron
mostrarte los ángeles muertos que solían esconder,
pero ¿por qué te escogieron como aliada en su causa?,
¿cómo pudieron equivocarse tanto con vos?

Querían que te responsabilizaras de la granja,
pero con el mar a tus pies, la ridícula falsa alarma
y el niño de un matón arropado en tus brazos,
¿cómo podrían ellos haberte convencido?

Con tus recuerdos de láminas de metal de Cannery Row,
tu marido de revista que un día tuvo que irse
y esa gentileza que ahora no tenés más remedio que mostrar,
¿quién de ellos pensás que te daría trabajo?

Ahora estás con tu ladrón y compartís su libertad condicional,
con tu sacro medallón doblado por tus dedos
y tu cara de santa y tu alma de fantasma,
 ¿quién de ellos pensás que podría destruirte?

Dama de ojos tristes de las llanuras,
ahí donde el profeta de ojos tristes
anuncia que nadie llega,
¿debería dejar en tu puerta
mis tambores árabes,
mis ojos que todo lo guardan,
o debería esperar,
dama de ojos tristes?


Todavía no está oscuro

Aparecen las sombras
y he estado aquí el día entero.
Hace mucho calor para dormir
y el tiempo se está agotando.

Siento como si mi alma
se hubiese vuelto de acero.
Aún tengo las heridas
que el sol no pudo curar.

Ni siquiera hay espacio
suficiente en ningún parte.
Todavía no está oscuro,
pero pronto lo estará.

Mi sentido de humanidad
se ha ido por el escusado.
Detrás de todo objeto hermoso
yace algún tipo de dolor.

Ella me escribió una carta
y lo hizo delicadamente.
Puso por escrito
lo que estaba pensando.

Ni siquiera veo por qué razón
debería importarme.
Todavía no está oscuro,
pero pronto lo estará.

He estado en Londres
y en la alegre París.
Seguí un río
y llegué hasta el mar.

Estuve en el fondo
de un mundo repleto de mentiras.
No estoy buscando nada
en los ojos de nadie.

A veces mi carga parece pesar más
de lo que puedo soportar.
Todavía no está oscuro,
pero pronto lo estará.


Aquí nací y aquí moriré,
contra mi voluntad.
Pareciera que me muevo,
pero estoy quieto.

Cada nervio de mi cuerpo
está sin uso y entumecido.
Ni siquiera recuerdo
de qué huía cuando llegué.

Apenas si escucho
el murmullo de una plegaria.
Todavía no está oscuro,
pero pronto lo estará.


Referencias

“Muy fuerte va a llover”. “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, del álbum The Freewheelin' Bob Dylan (1963).
“Botas de cuero español”. “Boots of Spanish Lather”, del álbum The Times They Are-A Changin´ (1964).
“Amor bajo cero / Sin barreras. “Love Minus Zero / No Limits”, del álbum Bringing It All Back Home (1965).
“Como un canto rodante”. “Like a Rolling Stone”, del álbum Highway 61 Revisited (1965).
“Dama de ojos tristes de las llanuras”. “Sad Eyed Lady of the Lowlands”, del álbum Blonde on Blonde (1966).

“Todavía no está oscuro”. “Not Dark Yet”, del álbum Time Out of Mind (1997).


4/11/16

¿Y qué es lo que quiso decir el autor?



“¿Y qué es lo que quiso decir el autor?” Recuerdo esta pregunta en mis años de secundaria, cuando había que aplicar exámenes, el profesor citaba un texto de los que había que leer durante el curso lectivo y venía la angustiosa pregunta.

Desde luego yo no tenía la menor idea de “lo que el autor quería decir”, fuera un poema, un cuento o una novela, afortunadamente ya existía una respuesta prefabricada brindada por el profesor que, si estabas al día con la materia y habías estudiado un poco, podías transcribir en el examen y ganarte los puntos.

Desde luego que no importaba si coincidías o no con “eso que se supone el autor quiso decir”, y menos importaba si el texto te decía otra cosa. Realmente el texto era lo de menos, apenas un vehículo para transportar “lo que el autor quería decir”.

Desde la educación formal se ha castrado al estudiante-lector su capacidad y voluntad de interactuar con el texto, de cuestionarlo, de dialogar con él, de emitir juicio sobre él y sentido, pues a priori, ya existe un sentido único que es “eso que el autor quiso decir”.

Pero es posible “que eso que el autor quiso decir” no nos interese, o que por esa maravillosa cualidad polisémica del lenguaje y por el tiempo y espacio transcurridos por el texto el lector sea más bien, en una acción creativa y comprometida quien de sentido y haga hablar al texto.

El texto como vehículo, es decir como transportador de un mensaje, o sea, en su funcionalidad, existe, y claro que “el autor quiere decir algo”, digamos por ejemplo un Manual de instrucciones de una lavadora, el autor quiere explicarnos cómo aprovechar y hacer uso adecuado de tan necesario electrodoméstico, el texto es solo un vehículo para transmitir ese mensaje. Pero, cuando hablamos de literatura, el texto deja de ser únicamente un medio para que “el autor diga algo”, el lector se enfrenta al texto, no con el autor, el vehículo es ahora la subjetividad, la experiencia, el saber y las expectativas del lector quien emite juicio y sentencia sobre lo que el texto le dice, y del valor y el sentido que el lector le asigna al texto.

Lo contrario, es decir, que existe un sentido original, precediendo la lectura, eso implica la petrificación del sentido, si los textos son “lo que el autor quiso decir”, la literatura sería aburridísima como el manual de instrucciones de una lavadora y no le reprocharía nada a quien decida abandonarla ipso facto.

La lectura de un texto es la única manera de salvarlo de su petrificación, de su mutismo, el lector, ese que toma el texto y le da sentido, que lo hace hablar, es quien le asigna o no vigencia y relevancia a ese sentido, ni siquiera al texto, y menos al autor.

Esa lectura del texto es lo que llamamos en un sentido amplio “crítica”, la puede hacer un académico, un crítico profesional o aficionado, un chofer de bus, un colegial, su abuelita, cualquiera, la crítica sin importar que recursos más o menos sistemáticos emplee o no, la hace cualquier lector, pues la crítica es sencillamente un testimonio, una experiencia de lectura.

Como experiencia, esta no puede ser transferida, se puede compartir, se puede debatir, se puede coincidir o disentir con ella, pero no puede ser transferida, por la sencilla razón de que esa experiencia particular, le pertenece a otro. Por lo tanto, la crítica del lector, no puede ser validada o invalidada, es lo que és. Puede ser más o menos ingenua, más o menos informada, siempre intencional, parcial, de buena y de mala fe, pero no puede validarse como correcta o incorrecta, nadie habita en un pedestal por encima de los demás para decir quien lee o no correctamente un texto.

Me refiero a todo esto dado a que habría que justificar entonces si tiene derecho o no el autor para indicar cuál es el sentido final de su texto y cuáles lecturas de éste son correctas o incorrectas.

En su prólogo a la primera parte del Quijote, Cervantes indica que su propósito es ridiculizar a las novelas de caballerías. ¿Qué bueno verdad? Algo que no creo que tenga la menor vigencia ni relevancia para los lectores del siglo XXI. Sin embargo, pese al autor, es mi libro, mi lectura de él es perpetua, lo comienzo y lo termino una y otra vez, es transversal en mi vida, es mi referencia para todo lo que leo y escribo, en fin, es mi caso, mi experiencia, no tiene por qué serlo para nadie más. Las razones y sinrazones del autor son irrelevantes.

Mi lectura del Quijote, es decir, mi crítica de este, puede ser compartida, debatida, enriquecida, influida con otras lecturas particulares, es decir, por otras experiencias, la crítica solo puede ser dialógica entre lectores. De ninguna manera permitiría que otra lectura se imponga a la mía, y mucho menos permitiría la mediación del autor en ella.

Volviendo a la interrogante inicial “¿Y qué quiso decir el autor?” En realidad, la respuesta es muy sencilla: no importa. Lo que quiso decir ya está petrificado en el texto impreso y nada puede hacer para cambiarlo y tampoco puede hacer nada en el proceso dinámico y complejo de la lectura.

Toda intervención del autor es siempre estorbosa, y peor cuando interviene para explicar, aclarar o justificar sus textos, el lector no se equivoca cuando lee, el lector siempre acierta. La intervención del autor para validar o invalidar la crítica, la experiencia de lectura de un lector es inaceptable. La recepción de un texto es cosa del lector no del autor. ¿O habrá que incluir manual de instrucciones a los textos?

Nada es más patético que el autor que justifica sus textos ante una lectura desfavorable de su obra, no es más que un alarido ex tempore, igual de patético es el autor que valida solo aquellas lecturas favorables como indicativas de que fueron correctas, el lector tiene criterio, el solo sabe con qué otras lecturas dialogar, coincidir o discrepar.

Ya es lugar común de muchos poetas decir que la escritura es un acto solitario, por si no lo saben, la lectura también lo es, y también es un acto creativo, leer debería considerarse más allá de su pura funcionalidad en un arte. Por eso, para que el autor no intervenga y termine echando a perder la obra artística del lector le recomiendo los siguientes concejos a los jóvenes poetas (los viejos no tienen remedio):

1. Al lector mientras lee le molesta el ruido. Calla.
2. El lector ante el texto es un artista también.
3. El lector nunca se equivoca.
4. El lector siempre entiende, es el autor el que no se da a entender.
5. Si el lector hace una crítica favorable de tu texto es mérito del lector. Calla.
6. Si el lector hace una crítica desfavorable de tu texto es mérito del lector. Calla.
7. Si crees que tienes algo que decir de tu texto después de publicarlo, calla, perdiste la oportunidad.
8. Si te sientes incomprendido por el lector, calla, y busca psicólogo.
9. Calla siempre.


Germán Hernández.


29/10/16

el otro damián - Rodrigo Zúñiga



Rodrigo Zúñiga nos entrega una breve muestra de su segundo poemario "el otro damián" para que los que queden con ganas de más vayan por el libro.


sale a escena con un cuchillo de verdad


el telón se levanta como las fauces de un león
     –lo sabe–
      son los lugares que se han vendido
      por tres décadas ya

Entonces, ojos y bocas observan
cómo va caminando por la cuerda floja,
al filo de sí,
al filo de cristales rotos sobre su vientre
y se los va tragando despacio,
porque hay cosas
que sencillamente
se deben aprender a masticar

Se hinca y
       contra el suelo empieza
a escupir blasfemias,
como decir sangre,  
           como decir mentiras,
como tragar fuego,
al igual que derrotas,
            al igual que palabras,
porque hay cosas
que lucen mejor al calor de las cenizas

Afuera son nuestros los aplausos,
adentro, suyo es el miedo
que sube de marea y llega hasta el cuello,
el desafío de domar su propio yo,
el acto de escapar,
        estando esposado a los sueños,
el ser capaz de lanzarse los cuchillos,
       acertarlos todos,
el desaparecer conejos, cartas, lágrimas
y saltar desde sí mismo                
sin red
        y cortarse en dos
 y decir

“Yo soy el payaso sentado
en la primera fila,
–descalza la risa–
tomate en mano,
esperando al siguiente acto”


el sujeto (vi)

Hoy no quiero mis fotos en el muro
de ninguna red social
Más parecería un retrato hablado,
un cartel desteñido de “Se busca”
o bien, un nuevo privado de libertad
sosteniendo con las manos su pena
de frente y de perfil
Más valdría poner una de anteayer
o, mejor aún,
esperar hasta mañana
Hoy no me esperen
No insistan,
        que hoy
          no voy a dar la cara


cuando las voces cuentan verdades en lugar de ovejas

escucha llegar la madrugada
como se escucha esa llave del baño descompuesta
que no deja de llorar
La madrugada entra
lo mismo que la mirada por el ojo de la cerradura
Lo ve como una causa perdida,
una alimaña acorralada, a contrapelo del sueño,
a merced de sus garras
Lo sorprende adolorido
esperándola/soñando huir de ella
El llanto lo despierta sin percatarse
El barro del amanecer no lo deja respirar

Se imagina la estática del televisor
aún suspendida en el cuarto,
las voces de fondo
de una multitud en silencio,
el vestigio de unos perros que ladran,
apagándose
conforme se apaga también la oscuridad
Ahí
en esa trinchera, cansado,
bulímico de sueño,
ahora que tarde o temprano es de día

(El deseo es una gotera en la cabeza,
que no se repara y lo inunda todo
El remordimiento es un coyote,
una ciudad que no duerme
El amanecer, un timbre
que no puede retractarse de sonar)

***

Pensalo bien, así es la vida:
No importa cuánto apretés los ojos para dormirte
y te escondás bajo las sábanas,
las manos de la realidad
igual te jalarán los pies
al llegar la madrugada


el sujeto (viii)

Les cuento, no más para que sepan:
ayer mi sombra me entregó su carta de renuncia,
me informó que se retiraba,
que había pedido asilo político ya en otro lugar,
habló de no estar contenta con las condiciones,
que no tenía nada que ver con su salario,
que tenía miedo, que estaba cansada,
que llevaba años sin dormir
y de cargar mis ataúdes totalmente llenos,
de trabajar horas extras y ser siempre un completo extraño,
de andar arrastrada y desnuda y tener que abotonarse toda,
de guardar mis poemas en sus bolsillos,
sentirse amarrada y no poder escribir los suyos,
que, al igual que a mí, dejo que la pisen,
que el mundo, los autos, la vida, le pasen por encima,
que los malos tratos ya le han pasado factura,
pues la han visto flaca y hasta el alma sin pellejo,
con sus ojeras colgando como ropa recién lavada,
y un ojo le hace falta ya,
porque mis cuervos se lo sacaron por pura diversión,
y tampoco hice nada,
dijo marcharse esta noche y tan solo llevar
unos poemas en los bolsillos,
sí, ya sé lo que me dirán,
ya sabemos que no llegará muy lejos,
siempre regresa

En estos días
no hay quién no quiera el trabajo a cambio de luz



Rodrigo Zúñiga. (1982, Guápiles) vive en San José. Es Psicólogo y estudió Enseñanza del Inglés en la Universidad de Costa Rica. En el año 2013, su libro Souvenirs y noticias de amor fue galardonado con el primer lugar del Certamen Literario Brunca en su XXX Edición en el género de Poesía (UNA). Ha publicado dos libros con EUNED: Deshojar el reloj (2013) y el otro damián (2016).




19/10/16

Qiu Xiaolong – El caso Mao




Qiu Xiaolong es chino, nació en Shanghái en 1953 y se exilió en los Estados Unidos desde 1988 donde es profesor de Literatura china por variar. Este curioso autor es el creador de la saga policial del inspector jefe Chen Cao, que además de policía es poeta y un evidente alter ego del propio autor.
En sus novelas, la comida y la poesía serán siempre obligadas referencias, eficaz manera de conocer otras culturas, y más eficaz manera de dirigirse al público con un toque de exotismo, dado que sus obras en China han sido “arregladas” y “editadas” para evitar escrúpulos políticos innecesarios, supongo.

Qiu Xiaolong
“El caso Mao” es la sexta entrega de la saga del Inspector jefe Chen, se le ha encomendado una misión encubierta donde deberá encontrar “algo” que compromete la integridad de Mao Ze Dong, ese “algo” está tan oculto que nada en la novela nos lleva hasta ello, y todo lo demás no es más que folclor y exotismo para turistas, nunca había leído una novela tan erudita y tan aburrida como esta.

Pero, ¡cómo disfruté de la gastronomía, de las peculiaridades de la poesía china y su cuidadosa selección! Como sea, el subterfugio de denunciar un sistema encubridor no es más que para el deleite occidental que compra los libros de Qiu. Aunque en las últimas páginas logró inquietarme un poco, es una lástima, pues antes, tuve que devorar 300 páginas entre bostezos…

Germán Hernández.

Si quieres leerla en forma epub descárgala aquí: Qiu Xiaolong - El caso Mao



3/10/16

El arca de Noé – Michael A. Barrantes



Adquirimos por recomendación (que es una mediación) en la pasada Feria del Libro el tomo de poesía “El arca de Noe” segunda entrega de Michael A. Barrantes. Al principio el título me insinuaba (atenido a la referencia bíblica) un bestiario, pero nada de eso; que el título no nos desubique ni nos detenga.

Abre el autor con un prólogo, o más bien una advertencia al lector donde expresa su deseo “de crear un vínculo directo con la gente, sin intermediarios” (pág. 5). Extraña búsqueda ésta, pues la primera mediación es precisamente la del autor, pues el vínculo es entre el lector y el texto, la segunda mediación es el prólogo, el libro mismo como objeto, su portada, la generosa contraportada del amigo Antonio Jiménez Paz, y luego entre el texto y el lector encontramos otras mediaciones inevitables: la experiencia, la vivencia, intereses, sentimientos y deseos del propio lector; lo que pretende el autor sencillamente es imposible e ingenuo. Más parece una inmunización, “creo que es una osadía que alguien más te diga lo que considera relevante de una obra para guiarte por ella, sin que vos tengas el primer contacto aún” (pág. 5). Eso sí va a estar difícil, porque el libro ya es “público” y ese aislamiento, esa asepsia que quisiera el autor también es imposible.

Estorbosa la majadería de este prólogo que encabeza a el poemario, puede el lector prescindir de esa mediación. O bien, asumirla como un subtexto que destaca (para alivio de todos los miembros del reino animal) que Michael A. Barrantes no es un espíritu puro y caga (con un dubitativo “si” y no con un afirmativo sí). Lo cual reiterará en ocho ocasiones a lo largo del poemario (págs. 5, 19, 25, 30, 38, 41)

¿Por qué “el poeta” como se autodefine la voz que leemos en estos poemas reclama un contacto directo y sin mediaciones con la gente, si al final solo parecen haber dos tipos de lectores para sus poemas: “viejillas beatas” para asustar y “compinches” para hacer guiños cómplices? La autoreferencialidad del “poeta” en este poemario es tan recalcitrantrante como el bucolismo intimista del trascendentalismo, ¿cuándo entenderán los poetas que a los lectores nos importa muy poco saber cuáles son sus parafilias, músicos y escritores favoritos? Al final, (sin quererlo quizá) se impone ese omnipresente Yo, Yo, Yo, Yo, donde más parece que el poeta es el único que caga, el único que coje, el único que se droga, el único que odia, el único que ama, inclusive el ¡único que sufre!, con esa auto conmiseración (que es un clisé) de “pobrecito poeta”:

“Está muy claro
que Dios no disfruta tanto
como cuando ve
que se despichó un poeta ateo.”
(Fuerzas naturales. Pág. 17)

“Ninguno de estos oficios cuenta la maldita soledad de escribir”
(Oficios. Pág. 32)

“No conocés un carajo lo que es la soledad
 Peor aún,
si no dedicás tres horas
a un poema
que no la hará regresar.”
(Críticas de un don nadie. Pág. 33)

Pero nadie publica en su muro
“Se necesita poeta”
(Verdades facebookianas II. Pag.35)

Y adelanto, para que no se me tome como moralina, que en nada me molesta el lenguaje soez en la literatura, ni en este poemario, sino lo mal aprovechado que está. Y dado que estoy en una situación intermedia, pues no soy una viejita beata a quien asustar, y tampoco compinche del poeta, me quedo a medio camino con un texto que no me dice mucho, y solo muestran al típico poeta iracundo, iconoclasta, con pretensiones infernales y malditas que ama a Sabina y odia Arjona, que ama Bukousky y odia a Cohelo, que por leer a Cortázar y darse cuenta que existe el Jazz se siente un Galileo cuando descubrió las lunas de Saturno. Este poeta que se muestra en este poemario es un clisé, y por eso nos aburre. No más leídos los primeros diez poemas y ya sabemos de qué van los cincuenta restantes.

Como bien decía mi abuela con su extensa sabiduría “no necesitas comerte la pizza entera para saber que es mala, basta que pruebes una tajada”. Aunque eso sería una injusticia, pese a las carencias del poemario, a sus escasos recursos plásticos, de repente nos encontramos atisbos de una subjetividad autoreflexiva capaz de entusiasmarnos, muy escasa eso sí, espontánea e inadvertida posiblemente hasta para el mismo poeta, pero que evidencia que es capaz de superar su endógena fórmula de poetizar y traspasar su imagen reflejada en el espejo en poemas como “Heterocromía” pág.18:

“No podía olvidar la octogenaria voz
de la animadora de Legrillón,
invitaba a deleitarse con los encantos
de la fenomenal Brenda o la espectacular Michelle

Entró a ese mercado
de tetas, culos y vaginas
como cualquier consumidor,
hasta que vio a Marcela,
la menos cotizada del establo

Tenía un ojo gris y otro verde

Una vez escondido el celular,
la billetera y el reloj,
probó a Marce

Pudo ver que por su ojo gris
caía una lágrima de asco
y por el verde una de amor.”

Poema vibrante, que nos cierra con una sacudida de ternura. Pero con el resto del poemario: ¿Dónde quedó el sarcasmo, el doble sentido, la ironía, la picardía, lo carnavalesco? Es lo que falta a estos poemas que parecen a veces transcripciones literales de las ocurrencias de cantina (que pueden ser geniales también (pero aquí no) si se les tratara con dignidad literaria y artística) y mientras el autor es fiel y rígido con su molde. Veamos estos dos ejemplos:

“Odiabas que me gustara jugar con tierra,
andar descalzo, masturbarme en la sala
o comer un sándwich mientras cagaba

No tolerabas que embarrar mocos en la pared,
que usara como bacenilla la olla de presión
o que en ausencia de papel higiénico
acudiera a las cortinas

Toleré tus reclamos con actitud estoica
pero tuve que dejarte
después de la rabieta que hiciste mientras cogíamos
solo porque traté de cagar en tu pecho.”
(Tolerancia. Pág. 19)

“Insistí en que me llamaras papi, era apropiado. No se refería a un tema paternal ni de ego. Por tres días tus lágrimas y maldiciones dieron en el clavo del motivo de mi insistencia en ese particular apodo. Era para recordarte que te pasé el papiloma. (Papi. Pág. 40)”

Michael A. Barrantes
La fórmula es sencilla, la descripción de eventos cotidianos, el “Yo” omnipresente y su incapacidad de empatía y reconocimiento de la otredad, no comparte, alardea, y luego el cierre buscando un efecto que golpee, que sea chocante, la misma fórmula repetida incansablemente se debilita en el conjunto del poemario, cuando ya el lector sabe de antemano lo que va a pasar.

En resumen, formalmente “El arca de Noe” tiene problemas de edición, la estructura de los poemas es plana, fácil de intuir y reiterativa, el autor exhibe pocos recursos literarios por lo que desaprovecha los materiales para poetizar, el tratamiento de lo soez está manejado de manera coloquial, algo que ya se hizo hace mucho y no representa la menor novedad. En cuanto a recepción ya hemos dicho que estos desgarramientos de “poeta maldito” no nos impresionan y más bien nos aburren. No logra esta obra salir de las cómodas circunstancias en que se escribe y el círculo en que se divulga, no da para un escándalo mediático, ni llamará la atención de las autoridades del Santo Oficio.


Germán Hernández