16/11/10

Parábola de la Putica Fina





Había una vez una putica fina muy linda y chiquitica, que tenía un cliente a quien chuleaba todo el tiempo pidiéndole regalitos y atenciones. Al chulo no le importaba, porque tenía plata, y le encantaba andar con su putica fina colgando del brazo todo el tiempo para exhibirla.

Un buen día, la putica fina conoció al papá de su chulo, y viendo que era más grande y que tenía más plata, se puso bien coqueta y sometida para que el papá fuera su nuevo chulo. Y lo logró y mandó a la mierda al hijo.

Pero la putica fina tenía un dilema, y se lo contó a su nuevo chulo:

- Fijate que tengo un hijo.
- ¿Y cuál es el problema?
- Pues que mi hijo estaba muy encariñado con el tuyo, porque le daba regalillos de vez en cuando.
- Muchacha, por eso no hay problema, yo le compro una bola al tuyo para que juegue mejenga y seguro con eso estará contento.
- ¿Vos crees?
- Claro.

Y así lo hicieron, y en efecto el carajillo estaba de lo más contento mientras la putica fina colgaba del brazo de su nuevo chulo.


Germán Hernández



12/11/10

El Hombre de Negocios desayuna pensando en su esposa

Bodegones. Marcelo Fabio Rodolfi.


Desayuno continental:

Jugo de naranja y café con leche,
Dos tostadas y jalea de fresa,
Dos huevos fritos,
Una rebanada de Jamón

Antes de media hora vendrán a recogerme
Y apenas tendré tiempo de ir a recoger mi celular
Que olvidé al lado de la cama…


Ella podría llamar al Hotel
Y el muchacho que me sirvió el desayuno
Vendría diligente con un teléfono en la bandeja
Para servirme su voz anhelante
Su oído alerta

Si me apurara en terminar
Y en lavarme los dientes y ponerme el saco
Quizás alcanzaría para pedir perdón
Antes que lleguen por mí, antes del agua de colonia…

Pero no es necesario pedir perdón - ahora que tengo tiempo -
pero como desconfío de mi:

perdón por las palabras que me creí
cuando celebraba los discursos odiosos
porque tu única dignidad consiste en sentirte mi Señora
perdóname por dejarte sola mientras sollozabas en la sala
y los gatos murmuraban canciones hermosas
como la madrugada de los peces

perdóname por todas las veces que dije que me esperaras
-te mentía, y sabías que te mentía-
¡qué horroroso es mentir cuando sabes la verdad de mis mentiras!

Y las gracias también:

gracias por sonreír cuando te prometo un fin de semana feliz
gracias por gobernar a las sirvientas y las planchadoras
gracias por soportar la sufriente soledad de mi pulgar
y la hazaña de tus piernas desoladas cuando buscan un cuerpo

porque mañana, volveré a traicionarte.


Germán Hernández





22/10/10

Historias de nunca acabar - La narrativa costarricense goza de buena salud



Historias de Nunca Acabar
Antología del Nuevo Cuento Costarricense
Editorial Costa Rica, 2009
Guillermo Barquero - Juan Murillo (Compiladores)

Con este critero temporal: escritores y escritoras nacidos entre 1965 y 1985 y que hallan publicado en los últimos 10 años, Barquero y Murillo recogen una muestra del nuevo cuento costarricense que abarca dos generaciones: La de Fin de Siglo y la del Milenio. En total son 15 autores y autoras.

Una hermosa sorpresa nos hemos llevado en esta Antología, la selección de Barquero y Murillo es vigorosa y acertada, hay textos verdaderamente magníficos y sin duda, esto constituye a dicha Antología en un portal que invita a conocer mejor los autores y autoras ahí recopilados.

En general, llama la atención en medio de la diversidad de motivaciones y temáticas de los textos seleccionados algunas constantes y motivaciones:

Cosmopolitismo. A estas alturas el asunto de la literatura "urbana" que rompe con aquél "costumbrismo pintoresco" ya está completamente superado y enterrado. Ante este, se nota una actitud cosmopolita, son numerosos los cuentos donde sus protagonistas estudian ó viven fuera de Costa Rica, en este sentido, el personaje es portador de una identidad que se incorpora, que se globaliza, todo esto ocurre con total naturalidad y apropiación.

Narrativa de Capas Medias. En efecto, los personajes son mayormente de capas medias, el espacio y las motivaciones son pequeño burguesas, o bien en tránsito socioeconómico hacia las capas medias, en todo caso, si hablamos de identidad, la identidad de los personajes es esa. Todavía están ausentes temas asociados a la exclusión social (no de marginalidad).

Herencia y Actitud. El absurdo y lo fantástico están perfectamente asimilados, hay vitalidad y verosimilitud en los cuentos. Se siente lo mejor de la narrativa de ruptura de la década de los 60, por ahí y por acá algunos guiños de Cortázar, Monterroso y otros, pero magistralmente incorporados, en este sentido sentimos que se trata de narradores poseedores de una herencia que han sabido aprovechar y por lo tanto con una actitud nada ingenua, por el contrario, con una gran intuición compositiva, aprovechando lo mejor de los recursos del género.

Ahora pasemos a reseñar en pocas líneas nuestras impresiones sobre los textos antologados:


Alí Viquez, El Francés y otras Lenguas. Perfecto ejemplo del cosmopolitismo antes indicado, un texto que elabora a partir de una situación imposible y absurda un pequeño clan, mientras los personajes masculinos van paulatinamente haciéndose periféricos, las protagonistas mujeres asumen una actitud definitoria; lo que comienza como un texto lleno de localismos y arquetipos, termina construyendo firmes singularidades y perfiles únicos, al mismo tiempo que rompe con los mandatos sociales sobre la familia, la maternidad no suprimiéndolos sino decostruyéndolos y reelaborándolos.

Mauricio Ventanas, Crustáceos. Imposible no sentir un poco cierta atmósfera rulfiana (Macario) o cortaziana (Lejana) y con todo, un texto perfectamente construido, dificil por lo que arriesga y por lo complejo de los escenarios: los crustáceos, el combate, el sanatorio, donde la visión enajenada no lo es tanto mientras el lector lo asume como subjetividad, y en este caso bellamente lograda.

Alfonso Chacón Rodríguez, Fuera de Rango. Licantropía y Londres, pero no se crea que se trata de un remake, cuando lo cierto es que aquí un poco a la manera de aquel cuento de Cortazar (No se culpe a nadie) el sujeto totalmente sucumbe a fuerzas desconocidas y misteriosas, y sabe que en la próxima parada no estará en sus manos el desenlace de lo que ocurra entre él y el desafortunado transeúnte que venga.

Heriberto Rodríguez, Liviana. Sobriamente cuando el desenlace (predecible) y la anécdota se vuelven irrelevantes, la protagonista que finalmente siente compensados todos aquellos anhelos por los que se negó así misma, tiene como primer atisbo de autoafirmación la destrucción de la fuente del bien y del mal. Vale destacar esa habilmente narración a lo "voyeur" con que Rodríguez compone el texto.

Luis Chavez, Caravana - Las Tres Divinas Personas. Igual que en su poesía, Chavez persigue el golpe psicológico, la estela de un cometa, el crater luego de la explosión, y para ello recurre con mucha sutileza, e interpela la propia vivencia y subjetividad del lector, tal es el caso de Caravana. Desafortunadamente en Las Tres Divinas Personas, sentimos que Chavez forzó un cuento a caber en la estructura y el efectismo de un título, que obligatoriamente requería un tríptico, donde el primero basta, lo demás es desechable, especialmente el último, donde no hay un dato, una situación que no conociéramos desde antes.Catalina Murillo, Una Mala Noticia. Ajuste de cuentas si se quiere, en una escena de la vida cotidiana, pero que no por cotidiana merecedora de una necesaria narración, donde Murillo nos lleva del sinismo a la culpa, de la camaradería al vacío, cuando tras una mala noticia, la rabia se cristaliza ante el fin del cuento de hadas.

Jésica Clark Cohen, Memo Personal. Un cuento magistral, donde la autora con maestría nos crea un escenario idílico y kish, y cuando ya sentimos que es insoportable e intragable toda la situación, da una vuelta de tuerca, y restaura toda la dignidad de quien no solo busca señales, sino también de quien decide sobre ellas. Un texto técnicamente impecable.

Manuel Marín Oconitrillo, Una Muerte que sí Pesa. Bucólico y mediante algunos recursos que nos recuerdan a Onetti, transcurrimos al lado de personajes que no hacen nada, solo recordar, que dicen que alguien dice, y una muchacha muerta... densidad y contención.

Marco Antonio Castro Rodríguez, Si Mataran los Juegos. Con una narrativa más tradicional, que apuesta a lo anecdótico, y se mueve al filo, Castro nos recuerda, al "Picucho" que todos en nuestra infancia tuvimos.

José Rojas Alfaro, La Ruta de los Bárbaros. Perplejidad y vértigo, en un texto que definitivamente merece mucho más que estas líneas, y se vuelve casi inaugural, por estilo, pero también arriesgadamente hermético, uno de los textos más exigentes y arduos de la antología, se sienten todavía las magulladuras...

Laura Fuentes Belgrave, Antieróticas X, XIV, XXI. Si bien formalmente Fuentes nos ofrece una prosa eficaz, sentimos que de algún modo nos predispone, y muy pronto ya tenemos las claves de las Antieróticas, primero por que el "anti" es puramente subjetivo y una elección moral y lo "erótico" presente. Creemos que hay que trabajar mejor la parodia como en el caso de la antierótica XIV.

Gustavo Adolfo Chavez, Marilyn Boyd y un Olvido Premeditado. Bellamente construido, recurriendo a todo un arsenal de recursos literarios, Marilyn Boyd es una suma narrativa y una demostración virtuosa en un texto que transcurre en un tiempo y lugares imaginarios. Pocos textos me han provocado un ansia y lectura devoradora como este.

Carlos Alvarado Quesada, En Garabito. Con un estilo lineal, una adjetivación muy particular, me temo que estoy releyendo un "Clis de Sol".

Albán Mora, El Otro Lado de la Noche. La solidez y dominio técnico de Mora son una de sus grandes fortalezas al lado de su juventud... queda claro que hay que estar atentos a un narrador que posee mil trucos y los sabe usar muy bien... a pesar de la señora Maugham.

David Eduarte
, El Encierro - Consunción. Cuando Eduarte comience a desprenderse de sus textos seguramente estaremos ante un narrador que por su estilo, es capaz de transitar lo escabroso con naturalidad, por ahora sentimos algo relamido y clisé en su trabajo, eso sí: atisbos sin ninguna duda de excelente narrador.


Historias de Nunca Acabar es a nuestro gusto un texto fundamental para aproximarse a la nueva narrativa costarricense, escritores y escritoras jóvenes, en plena producción y desarrollo nos muestran desde ahora que el cuento sigue siendo un género eficaz y exquisito (quien recorra estos textos sabe lo que digo); por lo tanto, cuando decimos nueva narrativa, no debe entenderse como una narrativa ingenua, experimental, buscando un norte y un lugar en la narrativa en general, todo lo contrario, es nueva por que está en proceso, porque son las nuevas figuras que se incorporan a la tradición narrativa, pero con absoluta propiedad y solvencia. Reiteramos lo dicho anteriormente, la Narrativa Costarricense goza de buena salud.


Para cerrar queremos señalar dos lunares en la Antología y esperamos que no se nos tome a mal:

1. Lamento que los textos antologados no indican el año de publicación y a qué colección pertenecen o bien si son inéditos. Aunque esto no es indispensable para quien quiere disfrutar de la lectura, podrían ser de mucho valor para quien quisiera hubicar los textos con respecto a sus autores, si son de su primera cosecha o bien posteriores.

2. Más lamentable, Juan Murillo y Guillermo Barquero, no se incluyeron dentro de esta antología, si bien es comprensible que como compiladores asumieran un distanciamento para su selección para evitar sospechas, recelos o que se mal interpretara como autobombo, etc... A pesar de eso, ambos son narradores, pertenecen al periodo y generación comprendida en la selección y lo más importante, son excelentes narradores que por derecho propio debieron haberse incluido en estas Historias de nunca acabar...


Germán Hernández



25/7/10

El Hombre de Negocios se despide de su amante



Por un momento estuve a punto
de quitarme este performance
mi antifaz de éxito y estabilidad
para decirte que me siento pequeño
en la dulce pequeñez de tu cuerpo
que a veces siento miedo
y no puedo dormir
sin la luz encendida.

Pero ahora veo claramente
ahí están mis hijos, mi mujer y mi madre
ahí están mis empleados y los socios
que nunca me han visto vulnerable

Mañana tendré que despedirte.

Germán Hernández.



2/7/10

Un nuevo sentido para la palabra "evangelizar"





¿Qué significado pueden tener palabras como “evangelizar”, “misionero” en la mente de personas que no son cristianas? ¿Qué puede existir en la mente de los “evangelizadores” y “misioneros” respecto de las personas que no conocen su “evangelio”?

Para responder más o menos a estas interrogantes, es preciso tener en cuenta no sólo el contenido ideal del “evangelio” también debe tenerse en cuenta cómo históricamente se ha “evangelizado” y cómo ha llegado ese evangelio hasta otras culturas. Quizás entonces podríamos comprender con un poco de humildad por qué la palabra “cristianismo” produce tanto terror y quizás podríamos pensar de manera muy precaria en el contenido y la aplicación que el “evangelio” desea transmitir.

Cuando el cristianismo apenas comenzaba hace dos mil años, la experiencia evangelizadora era muy distinta a lo que fue posteriormente. En un principio, el cristianismo era una religión sin centro geográfico, brotaba sutilmente a lo largo de las rutas de navegación alrededor del Mediterráneo del siglo primero y así tuvo que convivir minoritariamente durante siglos junto a otras tradiciones.

Estas pequeñas comunidades cristianas para prevalecer y mantenerse se volvieron muy cohesionadas, mucho antes de las persecuciones en Roma fueron relativamente tolerados por las otras comunidades. Más tarde, cuando el Cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano, las cosas cambiaron mucho y cada pueblo conquistado no solo debía ahora tributar a Roma, si no también adorar a su Dios.

A partir de entonces, la evangelización fue parte sustantiva de todo expansionismo en occidente, había que salvar almas, y ese era el objetivo literal, las almas, pues los cuerpos, podrían ser escarnecidos de manera indescriptible, en el proceso de la evangelización fue muy evidente ese dualismo entre la carne y el espíritu, salvar almas era el imperativo, aunque hubiese que destruir la carne.

A lo largo de los siglos de expansión colonial de occidente, las misiones siempre acompañaron a los conquistadores, fuera en Asia, en América ó África, las buenas noticias del evangelio, contrastaban con la temible espada del invasor y su sed inagotable de riquezas y poder.

La suma de los siglos y de los hechos, han por si solos creado una enorme barrera entre los cristianos y los musulmanes, budistas, hinduistas, etc. No sería la primera vez ni la última que un gran representante de esas culturas (Gandhi fue uno de ellos) pusiera en entre dicho ese abismal contraste entre ese Evangelio lleno de amor y la muerte que sembraban sus creyentes.

La imagen que el misionero tenía de los no creyentes era funesta: pueblos salvajes, ignorantes, adoradores del demonio, para los no creyentes, esta perspectiva del misionero provocaba perplejidad ¿Cómo es posible llamar demonios a los dioses que nos dieron la tierra y la sustentaron por generaciones? ¿Qué novedad puede tener ese evangelio, si todo lo que anuncia ya se sabía desde tiempos innombrables: no robar, no matar, no mentir, no hacer a otros el mal que no queremos para nosotros mismos?

Pero cuando las cruces venían acompañadas de espadas, de la perplejidad se pasaba a la actitud defensiva y combativa, los que predican el evangelio querían el oro, las cosechas y el sexo de las mujeres, el músculo y el trabajo esclavo de los hombres, derribaban templos y quemaban libros sagrados. Ante la actitud defensiva y combativa de unos, la respuesta del conquistador y el misionero era el exterminio.

Para el misionero su obra era una guerra contra Satanás, ganar almas, aunque se perdieran vidas, las creencias y tradiciones de los pueblos no cristianos eran vistas con desprecio.

Esa visión no ha cambiado mucho hasta nuestros días, inclusive, decir “no cristianos” es una manera sutil de negar la identidad del otro; el "otro" es alguien y “es” y no se define por lo que "no es”. "El otro es": musulmán, maya, quechua, taoísta, etc.

A los pueblos que no fueron exterminados y que fueron sometidos finalmente les llevó siglos poder asimilar ese “evangelio” que implicaba también una nueva lengua, un nuevo rey y un nuevo Dios, pero eso sí, dicha asimilación no fue pasiva y sin duda, ese evangelio ganó mucho (se admita o no) con toda la riqueza y tradición de los pueblos sometidos. La manera en que se experimenta el cristianismo en diversos lugares del mundo, puede tener una base magisterial común, pero una vivencia cultural y vivencialmente distinta.

Pero a los pueblos que no fueron sometidos las cruzadas todavía están ahí, quizás de manera más sutil y estilizada, el mismo desprecio de siglos atrás por sus tradiciones y creencias está ahí presente (no olvidemos que hace menos de 4 años cuando unos caricaturistas daneses en nombre de la libertad de expresión publicaron toda una serie de caricaturas ridiculizando a Mahoma, el Corán y el mundo musulmán) cada vez que los hombres de occidente vienen con sus cruces vuelve la perplejidad y el recelo, el expansionismo que viene de occidente se presenta como portador de la única verdad y por lo tanto no deja nada en pie.

Igualmente temible es para un niño occidental la imagen estereotipada del “terrorista talibán”, asesino y sin escrúpulos, como lo es para un niño musulmán la imagen del “marine”. En todo caso se trata de la expresión más simplista, sin fondo y sin contenido, pero más real y concreta en los pueblos que hoy viven la ocupación de fuerzas extranjeras y también la “fe” de los extranjeros.

A todo esto cabe preguntarse sobre aquel mandado que los evangelistas pusieron en boca de Jesús: Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Marcos 16, 15 al 16.

Una lectura literal de este pasaje (casi apócrifo y añadido posteriormente al texto original de Marcos) resulta inadmisible para cualquier comunidad no cristiana, es su negación absoluta. Y así ha sido leído, interpretado y predicado históricamente por los misioneros.

¿Qué significado puede tener entonces “evangelizar” es decir, dar buenas noticias, la promesa de un reino de Dios en la tierra para todos los excluidos, para los que están en tinieblas, para los que tienen hambre y sed de justicia, que no indique: que son un montón de idólatras, adoradores del Diablo, ignorantes, pecadores, salvajes, bárbaros, etc.?

¿Evangelizar es acaso conciliar los puntos en común que por diversos caminos han sido revelados a otras tradiciones que no son cristianas?

¿Evangelizar es un asunto de salvar almas ó vidas?

Quizás sobre esto último habrá un gran debate, habrán quienes piensen que salvar almas ó vidas no es excluyente y sustituirían la “ó” por un y, incluso cabe que existan quienes ni siquiera distingan entre una cosa y otra.

Pero las almas son intangibles, abstractas, etéreas, puras… tienen tan poco peso que casi no existen, quizás ni tengan existencia, quizás esa existencia sea únicamente posible en los sujetos concretos, para decirlo de otra manera, más vernácula, la vida que conocemos, que experimentamos cotidianamente es en “cuerpo y alma” no conocemos otra manera de experimentarlo. No podemos desprender la corporeidad de la vida; salvar la vida implica salvar la corporeidad donde tiene lugar la conciencia, eso que llamamos alma.

Pero salvar la vida, es decir, rescatarla de la muerte, implica hacerla sustentable, posible plenamente.

Dar buenas noticias, o sea “evangelizar, implica salvar la vida concreta, hacerla factible, plena, ofrecerle todos los espacios para su potenciación y no limitarla a una noción abstracta.

Bautizar es precisamente hacer viable la vida, no tiene nada que ver con el rito del chapuzón en el agua, no basta conocer las buenas noticias, si no se experimenta plenamente la oportunidad de transformar la realidad, de construir el reino de Dios de la manera en que este se ha manifestado a cada cultura, en cada momento de la historia.

Y esto necesariamente implica una postura insospechada, resulta ahora que quien evangeliza, obligatoriamente debe dejarse evangelizar, por que "el otro" no es un ser ausente de mi evangelio, sino quien lo completa, lo nutre con el suyo y no nos referimos a la construcción de una verdad universal como suma de muchas partes, porque la realidad cósmica no es un rompecabezas, ni en él existe un orden en el sentido occidental.

Cada vez que queremos organizar el cosmos según nuestro sentido de “orden” lo desordenamos, cada vez que queremos organizar el “caos” lo hacemos más caótico, pero lo que quiero decir es que cada vez que queremos homogenizar la realidad, morimos aplastados por ella, negamos la inmensa riqueza de la creación infinita sustituyéndola por nuestras reglas finitas. Negamos la inmensidad del misterio por nuestras minúsculas verdades.

Así que el imperativo del evangelista no es convertir a los idólatras, a los ignorantes, a los bárbaros y a los adoradores del diablo en cristianos, sino más bien la de compartir una promesa llena de posibilidades infinitas de convivencia, donde el bautismo es la comunión con la vida en todas sus infinitas potencialidades y variedades y la condenación es la negación de esa infinitud, se condena el que no es capaz de entender al otro, se condena el que no es capaz de salvar la vida concreta del otro, el que no capaz de encontrar el evangelio en los otros.


Germán Hernández.


24/6/10

Relatos Paganos - Luis Antonio Bedoya





Este año, la Editorial EUNED, publicó el libro de Luis Antonio Bedoya "Cuentos Paganos". Compuesto por seis relatos, este trabajo nos brinda una oportunidad para referirnos nuevamente al Cuento y algunas cuestiones formales que consideramos de importancia y que en la narrativa costarricense todavía cosideramos mayoritariamente ausentes.

En el estilo de Bedoya encontramos varios abusos en la adjetivación que llega a ser rimbombante, la reiteración abusiva de detalles argumentales obvios y extenuantes descripciones que muchas veces se desgajan del texto y su hilo central, es decir, sentimos una prosa recargada y cuentos sobreedificados.

Pero hablemos como nos gusta de cada uno de ellos.

Los Ladrones. El más breve de todo el conjunto nos traslada al mundo clásico helenístico, un evento casi azaroso determina el destino de los protagonistas, una narración donde la acción casi se ha detenido y logra recrear muy bien el ambiente y la época. En este relato el particular estilo de Bedoya cuaja perfectamente con la atmósfera y la situación. Al final del relato nos encontramos con un detalle simpático que se repetirá al final de cada cuento, el autor como si quisiera mantener el control sobre sus textos todavía después de que el lector los ha acabado de leer, agrega:

“Fin de los Ladrones”

Es simpático, por que donde termina el texto escrito comienza la lectura, la exploración por parte del lector, donde la circularidad del texto se completa, pero no acaba. Quizás les parezca abusivo de mi parte afirmar esto, pero es algo que veremos en otros relatos.

Los Pobres. Más como un juego de espejos: había una vez un hombre que miraba su reflejo en un espejo donde un hombre miraba su reflejo en un espejo que reflejaba a un hombre mirando su reflejo en un espejo que… desconcierta la manera en que este se inserta en otro relato, donde al fin de una reunión familiar (donde el autor nos da algunos detalles inútiles sobre algunos parientes que no tendrán nada que aportar en el relato en sí) es el hijo a su padre quien cuenta un cuento, y es el padre quien antes de terminar el relato duerme, singular inversión de sentido. Pero eso solo es sustrato para el cuento en sí, donde empezamos a notar que a Bedoya le resulta difícil construir personajes y más bien describe arquetipos, una ciudad: “la ciudad”, un soldado: “el soldado”, una prostituta: “la prostituta”, un adicto: “el adicto”, etc.; además, el texto se vuelve completamente alegórico, en ese sentido no hace falta mucha perspicacia para saber lo que sigue, y comprender que se trata de un juego de espejos como dijimos antes y que la solución de un soldado es siempre demasiado obvia.

Los Filósofos. Un texto muy extenso como los que le continuarán, y donde se nota más la dificultad de Bedoya para construir personajes singulares, donde se mezcla lo alegórico con lo anecdótico. Igualmente nos preocupa el manejo de algunos símbolos y referencias que resultan confusas, pongamos tres ejemplos: Al inicio del relato los ocho encapuchados que retienen al truhán “hablan en lenguas”, esta expresión es muy popular, hace referencia directa a las ceremonias de muchos cultos protestantes donde las personas que “hablan lenguas” se supone que hablan lenguas angelicales, etc., se le suele llamar glosolalia, pero no es a lo que se refiere Bedoya, más parece que quiso decir que los encapuchados hablaban un lenguaje desconocido para el truhán, pero hace uso de una expresión que habitualmente se refiere a otra cosa. Otro ejemplo es la mención de un “dildo de oro” que resulta absolutamente extraña y que el lector perspicaz se pregunta: ¿Por qué una verga de oro? Y que al final del relato parece capricho del autor y nada más. Y un ejemplo más y quizás el más importante, “el águila” que si bien tiene una función específica en el relato, por ese recurso alegórico al que Bedoya le gusta recurrir se vuelve ambiguo, pues el protagonista es portador del “águila” y al mismo tiempo es el guerrillero insurrecto... ¿Lo captamos? El “águila” se asocia en el imaginario popular al Imperio. Estos lunares afectan a un relato que al final no convence, y donde ya es visible la preferencia del autor por una adjetivación rimbombante y abusiva, un ejemplo de algunos de sus adjetivos favoritos es: rutilante y argentado.

El Castillo. Aquí Bedoya estuvo a punto de ofrecernos un texto hermoso sobre la iniciación de la sexualidad y la pérdida de la inocencia, pero se perdió en detalles extenuantes y accesorios, la actitud de hastío del preadolescente que protagoniza el cuento es exagerada, la descripción de la maestra resulta caricaturesca y la casi página completa para describir el carácter de su compinche César es insustancial, dice poco o nada sobre el personaje. En este relato, ya vemos que es característico de Bedoya recurrir a descripciones más bien estereotipadas y arquetípicas, nos identificamos con los personajes por su generalidad, pero no por su singularidad, sus personajes no se sienten reales, y cuando está a punto de lograrlo, sentimos la insistencia del autor por explicarlo todo, describirlo todo sin sugerir ni aplicar muchos de los recursos que un buen cuento requiere: contención, sutileza, suspenso.

En El Castillo, una nota alta la tiene el breve pero delicioso diálogo entre el protagonista y la niña, lástima que Bedoya, con su actitud narrativa explícita, se desborda como es el caso con las dos descripciones del Castillo, donde la segunda es lamentable, porque sustituye el asombro infantil del protagonista recorriéndolo por una descripción académica y rigurosa que le interesa más a un arquitecto, porque la narración en primera persona se confunde con la del autor, con la del protagonista adulto y con la del protagonista niño, abigarrada de juicios de valor innecesarios. Nuevamente un texto que no convence, que se pierde presisamente por exceso.

La Granja. Un texto para leer con mucho cuidado, pero otra vez el autor echa a perder, quizás el mejor cuento de todos, porque lo que pudo ser un rito de iniciación, a la manera de “La infancia de un Jefe” de Sartre ó “Las Buenas Conciencias” de Fuentes, se enreda en la falta de contención del autor que nuevamente nos receta infinidad de detalles que en lugar de resaltar la anécdota le restan verosimilitud; sentimos un “deja vu” en el protagonista de 6 años y el protagonista de El Castillo, por personalidad: todo les da asco y ganas de vomitar; es más sencillo que los niños de papi fueran a aprender el oficio de cuidar la granja que ir a trabajar propiamente los fines de semana, y es curiosa la referencia a la gente del pueblo, la cantina, y sus borracheras, cuando el único tomado en todo el relato es el padre del protagonista, así que nos encontramos con un texto que por querer aglutinar muchas escenas termina disparando sin ton ni son en muchas direcciones.

El Amor de Yu. Lo que comienza como un relato infantil, se indefine y llega casi a la mitad a un nudo argumental más coherente con un final muy obvio. La insistencia de Bedoya por explicitar todo, lo hace abusar de un detalle que sutilmente presentado hubiera sido más eficaz y es el de la incapacidad de comunicación entre los protagonistas, pero lamentablemente Bedoya no hace más que decir página a página lo que ya sabemos, que Yu no habla ni comprende español, pero él insiste, e insiste además con una expresión que se vuelve estribillo: hablaban "jerga", otra pifia, porque comúnmente la palabra jerga se refiere más a un lenguaje secreto como el lunfardo, o un lenguaje diferenciado entre grupos.

Los mismos problemas que en otros textos encontramos aquí, esa ambición aglutinadora por llenarlo todo de detalles que se vuelven accesorios y sin peso: ¿qué papel jugaban aquellas ranitas que Yu miraba entre las plantas? ¿Qué pasó con el dragón de madera? ¿Acaso solo eran tópicos bonitos dentro del texto sin ninguna otra función?.

Cuando decimos que el cuento es el más arduo de los géneros literarios, lo decimos en serio. El cuento es un género donde lo que no es fundamental sobra, donde la pericia del autor está precisamente en componer un universo cerrado en pocos trazos. A muchos buenos narradores nacionales se les olvida eso y caen en esos errores.

Pero rescatamos algo importante, Bedoya escribe bien, sus defectos son por exceso y no por carencia, conviene tener en mente a los viejos maestros: Maupassant, Quiroga y Salazar Herrera.

Recomiendo también la reseña que hiciera el compañero poeta Gustavo Solórzano a propósito del trabajo de Bedoya dando click aquí.

Germán Hernández


14/6/10

Soledades

La Vaca Milagros, Rodolfo Stanley.



"Era del año la estación florida,
en que el mentido robador de Europa
(media luna las armas de su frente
y el sol todos los rayos de su pelo),
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas"
Luis de Góngora.


La vara es metiendo la vaca en la microbús rápidamente, ¿Me entiende?, la empuja por atrás y le jala el rabo suavecito, ellas saben, usté abre la puerta de atrás y entran duntitas, como si lo hubieran hecho mil veces. Pero mae, no se ponga a getiar, ni se quede mirando su dulce mirada, ni el brillo sonámbulo de sus ojos bajo la luna, porque no vinimos por ella, vinimos por su carne, vea la jugada y después no se queje, yo le dije que viniera armado, porque usté no sabe como son los maiceros de aquí, es como quitarles a una hija, por eso la vara del taxi no nos funcionó la otra vez, que va mae, ellas saben subir al carro, la viera usté como se acomodó la bandida para el gran paseo de su vida, pero el hijueputa hiunday comenzó a calentar y hasta se oía donde pegaban las llantas de atrás en los guardabarros, nada que ver mae, y el bañazo fue cuando la vaca asomaba la jupa por la ventana, había que verla, rumiando sueños cuando el aire acariciaba su rostro y las estrellas se reflejaban en sus ojos enormes y oscuros, por eso se me ocurrió la vara del microbús, porque así no hay color, no hay que descuartizarla en medio potrero, ni hay que llevarla a pasear; la jugada es subiéndola y todo pasa aquí dentro, nadie ve nada, nadie sabe nada, nada más maneje y yo la subo, pero apague las luces güevón, ¿no ve que nos van a ver? Suave, así, oríllese más, espéreme, espéreme mae, si ve algo no haga nada, si oye algo quédese quedito, nada más espéreme güevón, ¿Por qué no vino armado?, mire, ¿La vió? Una 35 automática, espéreme, esta vara es como antes, como robarse a una novia, hay que llegar de noche y una güila viene corriendo entre los breñales y los potreros, descalza y llorando por todo lo que deja atrás, pero algo la empuja hacia algo que no conoce y el orgullo de no querer equivocarse le dice que nunca más mirará hacia atrás, ¡gesa!,¡ gesa! ábrame la vara, de todas las vacas que habían, mae, gorditas y brillantes como diamantes en el potrero mae, la única que se vino detrás de mí fue esta, las otras meditaban y sonreían, la otra se vino llena de promesas, se vino nada más y vea que belleza más triste la de sus ubres entumecidas, pero ayúdeme a subirla, pucha si son grandes, yo pensé que iba a caber bien, vea que no despiche la micrubús más de lo que ya está, por que el mae que me la prestó no va a creer lo que va a pasar esta noche, pucha, ¿Usté guardó los tornillos y todo cuando le quitamos los asientos? Vea mae, es enserio, porque este mae el lunes tiene que ir a repartir y recoger carajillos de escuela en esta madre, es un microbús escolar… nadie sabe para quién trabaja… jajaja, mae, si ese mae supiera, mejor arranque ya, mae apúrese, porque esas luces que disparan erráticas hacia nada son los focos de esos avaros que se entumecen en la vigilia, que ruegan a sus ánimas y vienen tras nosotros, parece que estos maiceros no duermen cuidando a sus vacas, pero soque mae, ¿Qué fue eso?,¡Puta!, mae cállela, puta que no muja, que no grite, póngale las manos sobre los ojos, eso, sí, ¿Ya la vió?, es como una caricia, así comenzará a olvidar, a buscar entre usted y las curvas de la carretera algo de donde sostenerse, algo que compense la sombra que cada mediodía la lleva hasta los bebederos y las peñas donde mira las puestas de sol, pero mae no la acaricie mucho, tampoco es que se va a casar con ella; yo sabía que se iba a cagar, yo sabía, que sal, mae, nada que ver, mae abra las ventanas, como el viejo dicho, si no la cagan a la entrada lo hacen a la salida, mala nota, y esta vino a cagarse a la entrada, diay mae, pare, pare, suave, empúje la vara con las patas, suave no la maltrate, vea mae que estos animales son asesinados cuando están felices y tontos, generosamente bañados de rocío, mascando flores y sonriendo, no me la estrese… por que la Luna es buena y el carnicero no la va a recibir si no tiene los dientes llenos de su baba tibia y brillante como el relente, busque el cuchillo mae, yo no sé, ¿donde lo puso? Búsquelo, búsquelo, puta, ¿Pero que le pasa a esta vaca? No la deje que cabecee, agarre el cuchillo, en el cuello, mae, puta, me suena el celular… dele, en el cuello, dele, quién me llama, mae cuidado con el techo, cuidado, mierda, mierda, que no golpee el techo, mae, vea, vea, no me sirve mae, no vale la pena, tanto riesgo, tanta vara, no vale la pena, no sirve, ¿Veinticinco rojos? No vale la pena, mae, ella lo sabe también, ella tiene un hilo de saliva merodeando su hocico lleno de besos, un enjambre de tórsalos vibrando de miedo bajo su piel, manchas negras y blancas, ella siente su miedo y sus ganas de llegar, pero no lo sabe y por eso también me mira con su sonrisa eterna, sus pezuñas apenas majan el suelo de la microbús, sus cuernos apenas rasgaron el techo para que una línea de leche se asome, mae, déjese de varas y pásele el cuchillo, ahí, en el cuello, mae este calor me va a matar, este viento no refresca, mae, puta, ¿Qué fue eso? Mae, vea como brinca, ¿Mae, usté no sabe como meterle el cuchillo en el cuello a alguien? Pero este infestífero chorro de luz es sangre, mae ayúdeme, no deja de gritar, no deja de gemir, ella está sufriendo y no sé cómo detenerla, mañana no sé cómo vamos a sacarle los golpes a la carrocería de este carro, vea las huellas dibujadas en las paredes, mae, hay sacarla en tajadas de aquí, pero dele con ganas, métale el cuchillo con ganas, es que no puedo detenerla, se mezcla con su mierda y huele a miel, ella no quiere morir, mae dele, duele, dele, mae vea cómo va a dejarme la microbús, vea como es la vara, ahora usté va a ver, ¿Mae cómo le va a disparar aquí? Manda güevo, ¿Cómo no? Ve mae, gorda y flácida y dormida para siempre, vé mae que las cosas complicadas tienen una solución simple, ¿Ya la vio mae? Si parece que está durmiendo… se siente toda tibia como si respirara, apúrese, pero tenga cuidado con la panza, un mal cálculo y perforás la bilis y todo se echará a perder y nada sería tan amargo para ella, que supo ser dulce y hacer florecer tanta azúcar en vientre, tanta luz de su piel necesaria y vibrante, la frágil fortaleza de sus pezuñas musgosas, dedíquele un segundo de solemnidad a su lengua colgante, a la rigidez de sus orejas, pero manda güevo, mejor pare y venga ayudarme, este animal pesa una tonelada…

Por Germán Hernández



16/5/10

El vacío existente en el cristianismo: El Dios de la Creación





Existe una lectura en particular sobre el mito de la Creación que ha influido y sustentado hasta hoy una determinada actitud con respecto a la naturaleza. Esa actitud ha sido posible gracias a cierta visión desde occidente que corresponde a una visión antropocéntrica de la creación, en que el ser humano es dentro de esta culmen y finalidad.


En estas notas, nos referiremos a esta particular visión de mundo y cómo ha influido sobre nuestra actitud respecto de la creación, una actitud ciertamente violenta contra esta y contra la vida. Quiéralo o no, esta actitud contra la Naturaleza y la Creación es insostenible teológicamente y hace evidente un vacío enorme en las comunidades cristianas, este vacío respecto a la Naturaleza, es a final de cuentas un vacío con respecto a una teología de la vida, y sin este, evidentemente está incompleta, le hace falta una pata a la silla, la restituimos o nos caemos.


1. ¿Someter la tierra o la Creación?

En el relato de Génesis, una cita en particular ha servido en muchos casos para denunciar al cristianismo como un credo que menosprecia la naturaleza, que la mira de una manera instrumental y para su provecho, la famosa cita en cuestión es la siguiente:

Y los bendijo Dios con estas palabras: “Sean Fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla: manden en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra” Génesis 1, 28.

Ciertamente, no se puede negar que leído el texto de manera literal sin considerar su contexto definitivamente es verdad que muchos cristianos lo han interpretado como un mandato inequívoco: someter la tierra; en otras versiones de la Biblia, el lenguaje es todavía más fuerte: domeñar, pisotear, dominar.

Desde luego que dicho mandato está dirigido a una comunidad específica, en un momento específico, ¿qué podría significar este mandado para esa comunidad?

Y es fácil suponer que el redactor no estaba pensando en una sociedad industrializada del siglo XIX, o en una sociedad como la nuestra. Si se toma literalmente el sentido del mandato, de manera intemporal, podríamos decir que lo hemos cumplido cabalmente, no sólo hemos pisoteado la tierra, estamos a punto de aniquilarla también.

Pero si consideramos el texto en su contexto, podríamos pensar que la redacción del texto está dirigida a una comunidad exiliada, amenazada por sus vecinos y además, portadora de una promesa de liberación y que en dicha liberación poseerán una tierra fértil, abundante, donde se instalará un reino según la justicia y la voluntad de su Dios. Es importante recordar también que la cita en cuestión viene del primer relato de la creación, el cual corresponde según la tesis redaccional, al documento Sacerdotal, que tiene muy presente conservar la ley y la tradición.

Pensemos además que estamos alrededor del siglo sétimo antes de Cristo, y que la redacción final del texto fue hacia el siglo tercero antes de nuestra era. Hablamos de sociedades muy cohesionadas en clanes y grupos patriarcales, en una sociedad que está en transición entre el pastoreo y el nomadismo y se dirige a una vida más gregaria y basada en la agricultura.

Teniendo todo esto en cuenta, podríamos decir que el significado para la comunidad para la cual se escribió el texto arriba mencionado, definitivamente tendría un significado muy distinto, al que podría indicar a la sociedad occidental contemporánea. Igualmente, pertenece a una tradición muy distinta al cristianismo

Veamos:

“Sean fecundos y multiplíquense:,”

Definitivamente para sociedades a las que se refiere el texto, la fecundidad era clave para la sobrevivencia, la tasa de mortalidad infantil al nacer, la esperanza de vida, la tasa de mortalidad de las mujeres al parir, eran altísimas para estas comunidades, tener muchos hijos y que sobrevivieran era además en términos económicos una garantía de sobrevivencia, pues los oficios y tareas se transmitían de generación en generación, era extraño para la mayoría de personas de ese momento tener servidumbre y esclavos a sus servicio, pero tener muchos hijos era fundamental. Luego…

“y llenen la tierra y sométanla”

Se refiere a la tierra en minúscula, no al planeta en sí, ni a la creación en particular, es el espacio que se debe conquistar a costa de inmensos sacrificios, guerra y muerte, defensa constante, y una vez ganada igualmente hay que exprimirla… faltan milenios para la “revolución verde”. Someter, dominar, pisotear esa tierra tiene connotaciones muy distintas para el hombre actual, pero en ese momento, pisotear significaba afirmarse en un espacio geográfico y extraer de él el sustento, los campos para el pastoreo y la agricultura, y además…

“manden en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra”

Porque el dominio de esa tierra también implica todo lo que la habita, y todo ello era fundamental para la subsistencia; nos encontramos entonces en una sociedad que vive de manera precaria, amenazada, bajo cautiverio, y que debe poseer y defender un espacio geográfico determinado para subsistir.

Desafortunadamente, para muchos cristianos, y para no cristianos, este texto tiene como ya hemos dicho, otros significados. Para muchos, una lectura literal e irresponsable sería como una licencia, como una justificación venida de Dios para someter ilimitadamente la tierra, pero creemos que va más allá, la creación entera.

¿De dónde viene esta particular interpretación? Esta idea viene desde inicios de la era cristiana, y como veremos, se vasa en una visión antropocéntrica la Creación.


2. La Visión Antropocéntrica de la Creación

La visión antropocéntrica de la creación podríamos describirla de la siguiente manera: Dios creó el universo, la tierra y todo lo que hay en ella para el servicio del hombre. Decimos hombre, porque además esta visión de la Creación es patriarcal, está centrada en el ser humano masculino.

Es una visión instrumental de la creación, que al mismo tiempo la menosprecia, ¿Por qué? Porque no reconoce ningún valor intrínseco en la naturaleza sino es en función del hombre.

Posiblemente, esta visión no viene necesariamente de la tradición judía, sino más bien de los griegos y su dicotomía entre el cuerpo y el espíritu. Ya Platón hablaba de esa prisión que era el cuerpo, que lo limitaba y le impedía liberarse finalmente e ir hacia ese mundo donde habitaba la perfección y las ideas, un espacio inmaterial por completo, donde habitaban los espíritus, es decir las esencias tal y como son y no bajo su apariencia material.

Esta visión sin duda impregnó el pensamiento de su época y es evidente durante el desarrollo de toda la escolástica medieval, lo material se asocia con la carne y es además lo pecaminoso, lo que definitivamente nos somete y nos impide llegar a Dios, que es lo inmaterial, lo perfecto, lo bueno, lo espiritual.

Esta tención entre lo material y lo espiritual, se manifestará en todos los ámbitos. La naturaleza, temible, desconocida, indómita será siempre una amenaza, debe ser sometida y controlada, es además una naturaleza imperfecta, una naturaleza caída, por que cayó con el pecado original.

Esta visión instrumental, patriarcal y antropocéntrica sobre la Naturaleza, tendrá más adelante consecuencias enormes en el desarrollo posterior de la sociedad occidental.

Pero vale también hacer una salvedad y debemos indicar, que no se le puede culpar al cristianismo de esta visión utilitaria de la Naturaleza, pues en numerosas sociedades y civilizaciones a lo largo de la historia, también se les podría señalar esa actitud instrumental con respecto a esta, tanto así que existen hipótesis que suponen su auge y caída en relación a su actitud con la Naturaleza.

Sería injusto, decir que la visión antropocéntrica de la Creación y su actitud ante la Naturaleza es exclusiva de occidente y del cristianismo, porque entonces obviaríamos lo que ocurre en otros lugares y otras civilizaciones, por citar un ejemplo: China y su infame primer lugar como la nación que más contribuye al calentamiento global y la desertificación de su propio territorio.


3. Una Teología de la Vida y de la Creación

Si desplazamos el centro de atención de la visión antropocéntrica de la Creación, y dirigimos nuestro enfoque hacia una visión de esta en su totalidad, hacia la vida como posibilidad ¿podríamos sustentarla teológicamente? Pienso que sí, y esto no quiere decir que dicha sustentación sea necesariamente bíblica.

La Biblia, no es un contenedor de verdades inmutables, y tampoco es un manual de respuestas para todos los problemas de la humanidad donde podremos encontrar soluciones prácticas. La Biblia desconoce y poco puede decirnos sobre muchos de los problemas que vive la sociedad contemporánea, y también, no tiene nada que decirnos sobre el Calentamiento Global, el agotamiento de los recursos vitales como el agua, la pesca, etc.

Infortunadamente, en algunas comunidades cristianas, especialmente las más fundamentalistas, ven la crisis ecológica actual como un signo de los tiempos, una especie de constatación de las revelaciones escatológicas que afirman el fin de los tiempos, la segunda venida de Jesús y cuyo contenido no es más que una revelación. Igualmente infortunado resulta el vacío y el silencio que el resto de comunidades cristianas sobre la situación.

¿Por qué este silencio? Parece ser que el cristianismo está impregnado todavía de esa visión antropocéntrica de la Creación, de esa dualidad entre carne y espíritu.
Una teología de la vida, implica toda la Creación y la humanidad contenida en la Creación, no más arriba, ni en jerarquía pero sí en una situación especial y particular, corresponde a la humanidad la edificación del reino de Dios.

La realización del reino de Dios no ocurrirá en un futuro, si la fe es un proceso, entonces el reino de Dios está ocurriendo, y capa sobre capa, se realiza en lo concreto, en la vida cotidiana y en la relación de los seres humanos entre sí y con la creación; no es posible asumir una distinción entre la corporeidad y la espiritualidad porque toda nuestra experiencia y vivencia de la espiritualidad es solamente posible en el ahora en nuestra corporeidad. Al negar la Naturaleza en el plan de salvación de Dios, negamos una parte de nosotros mismos, y nuestra responsabilidad con respecto a la Creación.
Negar la Naturaleza, es negar el sustrato que hace sustentable la vida. Por eso, parece un imperativo cristiano contemporáneo incluir dentro del plan de salvación de Dios a toda su creación.


Conclusiones

Para el cristianismo presente, no es posible mantenerse al margen de la Creación y distinguirse de ella desechándola del plan de salvación. Igualmente, no es posible sostener aquella dualidad funesta entre la carne y el espíritu, cuando toda experiencia y aproximación a la realidad está traspasada en la conciencia de ambas.

Dios es también Dios de lo concreto y sensible, de la carne y las formas; lo concreto también es contenedor de la infinitud y de lo abstracto, que se recrea y se transforma en las parcelas del tiempo que transcurrimos y el espacio que somos capaces de abarcar. En los límites de lo cognoscible habita la hermosa sensación del misterio, una red intrincada de relaciones de todas las cosas por una voluntad creadora, que puede entretejerlas de maneras cuyas relaciones apenas son intuidas y no comprendidas totalmente.

Para el cristiano, resulta imperativa una nueva actitud para reafirmarse en la Creación, un fundamento ético basado en la vida como valor primario y abarcador que dialoga de manera responsable con los elementos.

Por más pasivos que creamos los componentes de la Creación con respecto a la acción humana, más reveses y desengaños comprobaremos de nuestro menosprecio por esta, que tarde o temprano nos rebasará correctivamente ante nuestra intervención; esto no quiere decir que la Naturaleza se desquita con nosotros, pero es imposible no considerar que responde como cualquier ser viviente a las amenazas y los estímulos del exterior y que se adapta.

Una de las advertencias que Hinkelhamer nos hace constantemente en su obra respecto a la actitud de la sociedad contemporánea respecto de sí misma y con la Naturaleza y que ilustra de manera singular con aquella imagen de quien está cortando la rama del árbol en que está sentado, tiene que ver también con su otra expresión más radical y vehemente: la del suicidio heroico de occidente. Que parece decirnos: O restauramos nuestra relación con la Naturaleza, la vida y con la Creación, o estamos en contradicción con el plan de salvación de Dios, con la vida y su Creación.


Germán Hernández.


8/5/10

Vaca





Escribo este homenaje a la vaca
y me despido
de la última vez que traspasaré
esta mueca batiente llamada puerta,
adiós
noble tenedor
humilde cuchara,
adiós para siempre a la cavidad
invisible que dejó mi cabeza,
adiós cristales rotos,
adiós amarillos cementerios amarillos
sobre los ladrillos pálidos del suelo,
digo,
hasta luego sin lágrimas
que broten de la cerradura,
adiós trapos, adiós,
dejo un trozo de pasto,
un poco de tierra violada amorosamente,
algunas flores y plantas débiles
dejo muchas señales
sin su significante…
… perdonen
(pero toda disciplina acurrucada
o llena de codicia
deja de servir a mi vaca
llena de rocío y dignidad
en las madrugadas)
por eso siempre tendré que regresar
a terminar otra vez y a despedirme,
otra vez,
pero un día como este
dejarán de creer en mis adioses,
confiadamente dejarán de esperarme,
encontrarán buenos motivos para odiarme
y mientras esto dure, podré permanecer
en su paisaje.

Pero mi vaca yacerá un día en un barranco
asimilada por un ejército de estómagos
y no quedará más que repartir
su dulce piel por las aceras.

A veces la dibujo, y sus ojos son temibles
como un espejo que no puede reflejarme,
otras veces, la recuerdo tibia, distante
entre potreros de flores venenosas.

Pero no importa una vaca entre todas las demás
(algunos la sodomizan
otros jalan de su rabo
otros beben la leche de sus ubres dolientes)
¿pues acaso estos muebles que ahora estoy acariciando
recordarán mis manos?
¿acaso no me dejará este asfalto partir como vine?
descansen en paz víctimas de mi frecuencia
adiós otra vez

Germán Hernández.


1/5/10

Algunos se Hacían Dioses - Juan Murillo



Fue una lectura ardua, para la cual hubo que improvisar nuevas técnicas y nuevas maneras de someter al texto y de someterse a él, por que si algo es evidente en "Algunos se Hacían Dioses" de Juan Murillo, es cómo se amasaron estos textos con la más deliberada y rigurosa voluntad de apropiarse de la más esquiva y dura forma de plasmar, que no es otra que el cuento.

Siempre me he sentido tentado de escribir algo de teoría sobre el cuento, comentar y/o antologar algunos de esos casos ejemplares, pero creo que es un trabajo de una vida, y apenas hemos podido vertir algo de y sobre él cuando reseñamos el trabajo de los colegas y amigos.

Amigos!!!! es algo que no se puede decir sin sospechas y recelos en los medios "especializados y cultos" pero que justo y apropiado es desde este espacio que es mío, y de los amigos, de los que se asoman y visitan, donde podemos interpelar y cuestionar sin llegar a poner punto final y elevar altares de piedra.

Cabe preguntarse: ¿Por qué reseñar un texto que apareció hace ya 14 años? Tengo tres motivos: 1. Algunos se Hacían Dioses es la primer obra impresa de Juan Murillo, y por su ambición y propuesta técnica, seguramente será punto de referencia de lo que vendrá. 2. Porque el texto tiene vigencia física y concreta, todavía habita los estantes de algunas librerías como Claraluna en San Pedro e insto a que muchos después de estas notas vayan y acaben con ese pequeño lote que resta. 3. Juan Murillo es un viejo amigo de hace muchos años, y el tiempo y la distancia no nos han permitido más encuentros y más comunión, lo que no omite la deuda y el necesario reconocimiento de su trabajo, aquí vamos....

La Edición de Algunos se hacían Dioses, viene encabezada por una presentación llena de emotividad del hermano David Maradiaga, cuyo testimonio y obra lo van convirtiendo poco a poco en una poderosa y peligrosa figura mítica (a pesar de sus asesinos) y para bien de la vida. Luego los cuentos se dividen en cuatro secciones, la primera y última a manera de entrada y la última de epílogo, y las otras dos como cuerpo propiamente de los textos que están finamente unidos y son complementarios entre sí por ciertas sutiles reminiscencias, por pequeños objetos dejados intencionalmente entre la escenografía con el objetivo de distraer un instante, o de sugerir caminos tórridos y nuevos.

Así nos encontramos con textos como "Unico Ascenso" alegórico y simbólico, y que nos lleva al vértigo de hacer interpretaciones, donde el personaje casi sin coerción del exterior, ha aceptado la linealidad fatal de un trayecto único, que se cumple deontológicamente y que al final carece de sentido conforme se van contemplando los escenarios perdidos, a los que no se negó, la oportuidad perdida con la chcia de al lado que igual que nosotros se perdió a sí misma cumpliendo una misión que nadie le obligaba a cumplir.

En esa atmósfera de "vida perdida" de "fijación de la memoría" llegamos al cuento "Rios que van al Mar" donde se constata que los recuerdos no traen de vuelta las cosas sino su sombra, y por un momento un pasaje inolvidable con reminiscencias de Antoine Saint-Exupery, cuando el niño de las rosas pide al hombre que recuerda que le dibujen un tigre... con la sana desconfianza que todos los niños deberían tener y sentir por los sacerdotes y los hombres nostálgicos que regresan de un viaje infinito y solo ven escombros...

Conforme penetramos en la densidad estética de los textos, conforme se vuelven espesos, llegamos a narraciones como "Así matan los Dioses", "Pequeña Bohemia", "Inundaciones", donde quienes narran son fantasmas, o dioses, seres que han perdido la cualidad más importante: el control sobre su propia creación. Esa tonalidad fantasmal, esa casi petrificación de la acción en medio de un narrador que habla y reflexiona de los hechos dándo por enterado al lector de antemano exige a este último descifrar y buscar sin estar seguro dónde las claves que resuelvan el texto.

Esa sería una tarea más bien ingenua, no hay por qué buscar un "nudo" que al desatarlo resvuelve los textos, posiblemente no lo hay, en estos cuentos hay como pocas veces en la narrativa de nuestro país un afan deliverado por experimentar y someter a prueba el cuento propiamente como género literario, lo cual está perfectamente plasmado en textos como Huracán de Mariposas" y "Si Huyen de Mi yo soy sus Alas" donde la anécdota ha perdido toda su importancia, donde el recorrido del texto se hunde en el pesado hilo emosional de quien experimenta su popria circunstancia.

Un único texto en todo el conjunto es capáz de liberar a sus personajes de ese tórrido oceáno del que no pueden escapar: "Día de Resurrección" aunque para que esa liberación sea posible se tenga que aniquilar y destruir.

Húmedos y llenos de frío llegamos por fin hacia un lecho falso, en un texto magnífico: "Mujer que duerme" donde asechamos y seguimos mórbidamente junto al narrador hasta el callejón sin salidad de la realidad, de la puertas cerradas, de las ventanas a oscuras, hasta el territorio donde solo suponemos, o volvemos a recordar.

Cerrando la obra, un misterioso visitante: Jacinto, podría ofrecernos las respuestas no de la vida, pero sí para vivirla... se podría elegir la inercial y moribunda respuesta. También se podría desafiar la propia creación y transformarla...

No recomendamos el libro de Juan Murillo a los lectores acostumbrados a textos planos, corrongos y llenos de moralejas... en "Algunos se hacían Dioses" la elaboración de los textos ha sido tan meticulosa hasta llegar a algunos excesos plásticos, pero siempre se mantiene dentro de sus límites, y es a su manera una ejecución magistral del cuento, una manera de afirmarse definitivamente en un género que solo admite a quien lo transgrede dentro de sus propios límites y en esta oportunidad, Juan Murillo nos ha permitido saborearla.

Recomiendo también la excelente reseña de Guillermo Barquero a propósito de Juan Murillo y Algunos se Hacían Dioses dando clic aquí.


Germán Hernández.

Juan Murillo