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18/9/18

La raíz del odio I

"Que viene el coco" Goya



Tal vez la raíz del odio está en el miedo. El miedo a perder el status quo. Seguro por eso son comprensibles (aunque no justificables) las expresiones y reacciones de las personas cuando se sienten amenazadas. Tienen miedo, miedo a que sus ideas sean ridiculizadas, a que sus creencias profundas y visión del mundo se vean resquebrajadas y abolidas, también ven amenazadas sus posesiones, sus hijos, sus mujeres (por que vivimos en un patriarcado). Por poco que sea, la gente se agarra de lo que tiene.
Durante el proceso electoral del 2018, el precandidato a la presidencia por el partido Restauración Nacional Fabricio Alvarado ocupaba un porcentaje poco significativo en la intención de voto.[1]
En esos días, la opinión consultiva emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y otros aspectos relativos con los derechos de las personas de las comunidades LGBTI sirvió como catapulta a las aspiraciones del diputado (por cierto un diputado deslucido y sin protagonismo durante su gestión).
En el mes de enero de este año, el periódico La Nación consultó a los candidatos: “¿Respetarán el criterio de la Corte que abre la puerta al matrimonio igualitario?”. Fabricio Alvarado no fue amplio ni erudito, pero sí eficaz, dijo: “No. Es un criterio que no nos sorprende. Está claro, podría hablar de un ‘compadre hablado’ entre el Gobierno y la Corte. Es una intromisión a la soberanía del país que se rige por leyes y no por decretos particulares... Costa Rica no va a ser una alfombra de la Corte IDH, de la OEA ni de la ONU"[2].  Bastó que dijera palabras como “soberanía” e “intromisión”, para que ello operara una reacción que nadie vio venir, miles y miles de electores se volcaron a favor del candidato[3], había una amenaza exterior, y desde luego miedo, ¿a qué? pues no lo sabían, las cosas que están expuestas claramente no son temibles, se teme a lo desconocido, al “Coco”, es tal el horror ancestral que provoca, que sin haberlo visto nunca, le tememos y sin saber lo que es, nos meamos de pavor en la cama. Pero al menos para ese electorado medroso, ya había un defensor de la soberanía, de la familia y de los valores cristianos.[4]
El miedo opera de una manera curiosa, ¿qué daño puede causarme que dos personas que se aman formalicen su convivencia ante el Registro Civil?, ¿Qué daño puede causarme que una persona pueda registrar el nombre de su preferencia en el Registro Civil y de ser Mario pasar a María?, ¿Qué daño puede causarme que dos hombres o dos mujeres adopten a un niño o una niña y pongan lo mejor de sí para criarle y amarle? (Y cuidadito si no, pues para eso tenemos leyes e instituciones que imponen el cumplimiento de esas obligaciones para todos y todas los que tenemos la dicha, la alternativa y la opción de ser padres) La verdad es que muy poco cambiaría para los que según la ley podemos casarnos, y seguramente que poco, pero para bien, para las personas antes invisibles, antes marginadas, que podrán disfrutar de cosas tan cotidianas para el resto.
¿Qué pensaría Jesús de Nazareth de estos cambios, un tipo acostumbrado a predicar y convivir con publicanos (traidores), prostitutas (no necesariamente trabajadoras sexuales), leprosos (la enfermedad era la marca de su pecado), extranjeros (romanos invasores y samaritanos) y niños, viudas y pobres (la pobreza también era la marca del pecado)?, según yo, lo vería encantado, yo imagino a Jesús en las marchas del orgullo LGBTI, abrazando, consolando y dando amor, su predicación siempre fue para los que tenían hambre y sed de justicia.
A los que temen una lluvia de fuego, terremotos y huracanes venidos de la ira de Dios, les digo que no fue por estas cosas que Sodoma y Gomorra fue destruida, sino por su intolerancia, su odio y miedo. (Pero de esto voy a referirme en otro espacio).
Cuando muchas personas, todas de buena fe, vieron el avance del precandidato de Restauración Nacional ganar en primera ronda, y con una buena posibilidad de ganar las elecciones, también sintieron miedo, más que eso, pánico. Tampoco tenían muy claro el rostro del “Coco” por venir, pero sintieron amenazado todo lo que se había logrado. Sí, Costa Rica sí ha avanzado en reinvindicaciones para muchos colectivos sociales antes marginados, muy lentamente, muy parcialmente, pero sí se ha avanzado, es un proceso, y es muchísimo más lo que falta por hacer. Pero sin duda, muchos sectores, feminismos, comunidades LGBTI, ambientalistas, grupos étnicos, etc., en la medida que han logrado organizarse han cobrado relevancia y visibilidad y lo más importante, interlocución y peso en la toma de decisiones. Esto fue tan bien capitalizado electoralmente por el candidato Carlos Alvarado, que finalmente ganó las elecciones, no por su incipiente liderazgo, ni por sus escasas credenciales como funcionario público, ni por su maleable plan de gobierno, ganó gracias al miedo, y las desafortunadas consecuencias de este.
Cuando digo consecuencias, me refiero en primer lugar a la enorme fractura que como nación hemos permitido. Yo, me remonto al año 2008. ¿Recuerdan? Tuvimos nuestro primer referéndum, más que un acuerdo comercial con nuestros vecinos centroamericanos, República Dominicana y Estados Unidos, estábamos decidiendo un modelo de desarrollo. La sociedad costarricense se polarizó entre un Sí y un No categóricos al TLC. No hubo posibilidad de consensuar nada, menos un proyecto país, las reglas ante nuestra incapacidad de construir acuerdos era “todo o nada”. Y en medio de una campaña en que ambos bandos con y sin razón pronosticaban catastróficas y nefastas consecuencias, finalmente ganó el miedo o, mejor, ganó el que metió más miedo. Desde entonces, (posiblemente antes) nuestro país divaga inercial entre las corrientes hegemónicas de su entorno, como país somos una hibridación curiosa entre Libre mercado y Estado gestor, pero carente de un proyecto nacional.
Creo que no hay tema en la agenda país que no sea abordado hoy día desde posturas intransigentes, incapaces de transmitir y persuadir adecuadamente con su mensaje[5], preferimos poner músculo y gritar con intransigencia: “todo o nada”. Pero según yo, un proyecto nacional no es un trofeo que solo puede levantar el triunfador, y tampoco es una competencia que se gana en el último minuto como si fuera un partido de futbol.
Y el miedo continúa, nos arrastra, en medio de la oscuridad tememos el ataque final, el zarpazo del “Coco”. Ahora es el mal llamado “Plan Fiscal” un colorido caleidoscopio con más versiones que la Biblia. Pero es todo menos un plan, más bien un intento desesperado por gravar cuanto bien y servicio sea posible para reducir el déficit fiscal y generar confianza en los acreedores, inversores y calificadores externos. No toca para nada las generosas exenciones fiscales que privilegian económicamente y poco por fortalecer institucionalmente al ente recaudador (dicho fortalecimiento exige más acciones del Ejecutivo que leyes del Legislativo) El resultado ahora es una enorme disensión entre sectores, todos, eso sí, con igual derecho a incidir (para eso es la democracia, ¿o no?) y ninguno con la capacidad de imponerse sobre todos (lo que sería una tiranía) por lo que seguramente, al final saldrá aprobado en alguna de todas sus versiones
No se crea que este “plan fiscal” reducirá el déficit fiscal, el gasto público y mucho menos el endeudamiento, tampoco va reactivar la economía como místicamente espera el presidente del Banco Central de Costa Rica[6]; al cabo de muy poco tiempo, las capas medias más empobrecidas (pues sus ingresos no aumentarán) y más enojadas reaccionarán mucho más violentamente que en la reciente huelga, y este gobierno ya no tendrá ningún as bajo la manga y se eximirá y repartirá culpas, y ni modo, parece condenado a repetir la historia.
Mediáticamente se ha culpado al gasto público, el cual crece y crece sin control por culpa de los rapaces e improductivos funcionarios públicos y las pensiones de lujo, (más o menos), de esto me voy a ocupar también en otro momento[7], anticipo, eso sí, que es necesario hacer más racional y eficiente a la que prefiero llamar “inversión pública” y a la inevitable, keynesiana y cortoplacista pero necesaria “distribución de la riqueza” (recuerden que en ningún país del continente se ha incrementado más la desigualdad económica en los últimos años como en Costa Rica)[8], pero reducir el gasto público, así como así, no es algo que simplemente se decreta o legisla, hasta donde yo sé, no existe ninguna nación en este sistema solar que necesite invertir menos en salud, en seguridad, en infraestructura, en educación, en administración de justicia, y en otras actividades, algunas de ellas  menos sexis y rentables para el mercado y sus inversionistas como son los pobres. Por el contrario, las demandas de la sociedad, siempre se incrementan, y con ellas, la inversión para satisfacerlas, reducir la inversión pública no es ahorro, (ahorro es tener cuentas y títulos en el banco ganando intereses) también puede estrangular la economía local.
Dice la Ministra de Hacienda: “si los diputados no revierten algunos de los cambios que aplicaron recientemente, con los cuales redujeron los alcances del plan fiscal, habrá que compensar los recursos recortando abruptamente las inversiones estatales. Al respecto, no prevé cierres de instituciones, pero sí “reacomodos” de presupuesto o inversión que serán “dolorosos”. Incluso mencionó la posibilidad de “bajar el número de empleados”.[9]
Y agrega el presidente Carlos Alvarado: “Hago un llamado a que hagamos lo correcto como país. Erosionar el plan fiscal es un error porque podría provocar que tengamos que volver a la Asamblea Legislativa después o, incluso, comprometer nuestra economía. Si hacemos un plan fiscal insuficiente, no convencerá ni a las calificadoras de riesgo ni a los organismos internacionales de nuestro compromiso real con resolver el tema fiscal”[10]
Así comienzan a escucharse las voces del miedo, (y las falacias) así se escucha un gobierno de rodillas ante los organismos financieros internacionales (FMI, BM, OCDE, BID) de los que no somos acreedores (la mayor parte de la deuda pública es ante entes privados, no multilaterales), de rodillas ante las calificadoras de riesgo (con las que no tenemos compromisos ni obligaciones), la soberanía no está amenazada por la Corte interamericana de Derechos Humanos y el derecho internacional, (como creyó el Excandidato Fabricio Alvarado) pero sí que la está por el chantaje de especuladores y entes privados como las “Calificadoras de riesgo”[11].
La actual administración ha comenzado a asustarnos con una crisis económica y social como la de la década de los ochentas, o peor, como la crisis de Grecia en el 2008, miedo, lo único que le queda es el miedo.
No se crea que cada nuevo colón recaudado será para educación, salud, infraestructura, seguridad, u otras inversiones sociales, todo será para los que se enriquecen prestando plata al Estado, y para “muestra un botón”: la señora Ministra de Hacienda corrió a pagarles a los acreedores, sin aval del Legislativo[12] para no caer en default, para cumplir con nuestras obligaciones, con el beneplácito del presidente Carlos Alvarado[13]. Mal precedente. Aunque están claras las prioridades de la administración.
Lo cierto es que la sociedad costarricense está dividida, no hay un verdadero consenso sobre el “Plan Fiscal”, la administración pide apoyo y sacrificio sin convencer, mientras pierde respaldo en la Asamblea Legislativa, y ataca con sus pocos aliados a los sectores sociales que le adversan en la reciente huelga. Una huelga de desgaste, que nos afecta a todos y todas y que fractura más a la ciudadanía. El miedo divide, ocurrió durante las elecciones presidenciales, y está ocurriendo ahora en la actual administración.

Germán Hernández.





[1] En la encuesta de OPOL del mes de noviembre de 2017, Fabricio Alvarado estaba en el contaba con apenas un 7,1% de apoyo entre los decididos a votar. https://www.elmundo.cr/encuesta-alvarez-30-castro-245-piza-119/
[2] https://www.nacion.com/el-pais/politica/respetarian-los-candidatos-la-orden-de-la-corte/WZ2NYNQCPBANTEXHHZBN2OSK6Q/story/ A esa misma pregunta, el candidato ganador en segunda ronda Carlos Alvarado dijo:  "Sí. Comparto plenamente la opinión emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual está reflejada y es coincidente con lo planteado en nuestra campaña, basados en nuestra profunda creencia en la igualdad y la defensa de los Derechos Humanos". Lástima que mintiera, pues recién presentó ante el plenario legislativo un proyecto de ley que crea una figura paralela pero que no es matrimonio igualitario. https://www.crhoy.com/nacionales/presidente-admite-que-convoco-uniones-civiles-por-consideracion-al-pusc/ . Para el presidente pesa más su compadrazgo con el PUSC, que el 1.322.908 de electores que respaldaron su elección.
[3] En la encuesta de OPOL del mes de enero de 2018, Fabricio Alvarado estaba en el primer lugar con un 26% de apoyo entre los decididos a votar. 
[4] Tanto así, que al final, Fabricio Alvarado ganó la primera ronda electoral con 24,99% de los votos. http://resultados2018.tse.go.cr/resultadosdefinitivos/#/presidenciales Y aunque perdió en la segunda ronda electoral cayó derrotado con un 39,41%. Cabe decir que obtuvo 860.388 votos. Esto no es despreciable, Hemos tenido presidentes y presidentas electos con menos de la mitad de esos votos. http://resultados2018.tse.go.cr/resultados2darondadefinitivos/#/presidenciales
[5] La componenda entre el actual gobierno del PAC y el PUSC no ha demostrado ser un intento aglutinador de voluntades y propósitos, más bien, parece un desesperado intento por mantener un mínimo de gobernanza para el Ejecutivo, que sigue defraudando al electorado y con prácticamente ningún margen en el Legislativo y su precaria fracción. He dicho anteriormente que el PAC selló su derrota en la primera ronda electoral, la segunda ronda solo sirvió para nombrar al jefe del Ejecutivo.
[6] En entrevista al Semanario Universidad en su edición del 23 de agosto, Rodrigo Cubero actual presidente del BCCR dijo: “De aprobarse en el corto plazo la ley, en la Asamblea Legislativa, como estamos optimistas se va a aprobar, esperaríamos que se dé un golpe positivo en la confianza de los inversionistas y de los consumidores, que reactive la economía.” ¿Cómo se explica que los desconfiados consumidores e inversores súbitamente recuperen la confianza? Eso es un misterio que no se molesta en explicar.
[7] Curiosamente los gurús económicos que nos iluminan desde la prensa nunca cuestionan los contratos outsourcing, la tercerización de servicios, alquiler de inmuebles, ni las obras por contrato que engrosan las billeteras de un pequeño grupo de inversores privados con fondos públicos, no hay evaluaciones de eficiencia, ni de impacto ni sostenibilidad de ellas, y representan dos tercios de todo el gasto público y que también crecen y crecen y crecen.
[11] Las calificadoras de riesgo son empresas que más que predecir, desestabilizan economías, https://www.20minutos.es/noticia/691603/0/agencias/calificacion/deuda/ Fueron absolutamente pusilánimes en predecir la crisis global del 2008, sus modelos para calificar las economías son desconocidos, no existe la menor transparencia en sus calificaciones y  representan los intereses de sus clientes, e incluso han chantajeado a gobiernos y transnacionales que no se sujetan a sus mandatos. Esto sí que es una amenaza a la soberanía.

8/5/11

Siembra vientos y cosecha tempestades (Oseas 8,7)

Y si como dice la sabiduría popular, “para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado” yo recomiendo hablar con el hígado, ese órgano que no es bilis solamente, sino residencia del alma, el espacio donde toda sustancia se sintetiza y de donde brotan todos los sentimientos.

Pero hablar con el hígado exige sensatez y responsabilidad. En la edición del Semanario Universidad número 1895 del 27 de abril de este año, el Catedrático Miguel Rojas publica en la sección de opinión una notita llena de insultos a los Pueblos Autóctonos del territorio costarricense y a nuestros hermanos y vecinos de Nicaragua, la nota se titula “Nicaragua y sus ínfulas de imperio”. Donde expone al menos cuatro cuestiones: La Teoría de la conspiración imperialista Nicaragüense, El cinismo güegüense, La Juventud nazisandinista y la identidad de la nación boruca.


La Teoría de la Conspiración Imperialista Nicaragüense

Según Miguel Rojas, desde hace casi dos siglos Nicaragua viene ejecutando una sistemática estrategia de agresión contra Costa Rica, cuyo propósito es:

Gobernar a Costa Rica y
Anexarse el territorio de Nicoya y Guanacaste

Dice Miguel Rojas: “el 29 de octubre de 1821,comienza un proceso sistemático de agresiones por parte de los nicas, pues querían seguir dando órdenes”, “se inventaron la historia que todavía se la creen para ellos y sus fines militares expansionistas, de que Costa Rica les había robado el territorio de Nicoya y de Guanacaste”,

Para llevar a cabo su plan Nicaragua cuenta:

En primer lugar con un ejército militar de quince mil hombres  “se creen dueños de costa rica y son tremendamente ingeniosos para torcer y tergiversar cualquier palabra, acuerdo o estrategia maquiavélica de que cualquier medio justifica el fin de apoderarse a la brava, por fuerza de las armas de su ejército profesional de quince mil ahombres, con doctrina militar señalada en la recuperación de sus “territorios”

Y en segundo lugar con una invasión de civiles. “Un millón de nicaragüenses viven en Costa Rica en forma mayormente ilegal, primero los asesoran allá para que se vengan sin nada, luego vayan a la embajada en San José y saquen documentos. Primero invadan, segundo manden dólares y tercero pónganse a derecho medianamente curvilíneo. Y si no los apoyamos desde aquí en Managua por que los ticos tienen que respetarles sus derechos humanos”

Nos gustaría que el catedrático Miguel Rojas enumere exhaustivamente las órdenes que Nicaragua ha querido imponer a Costa Rica en los últimos 200 años, y nos gustaría también que citara las declaraciones de representantes nicaragüenses en ese mismo periodo que han invocado su soberanía sobre el territorio costarricense y cuántas veces hemos sido invadidos por ese ejército profesional nicaragüense y cuantos miles de kilómetros ha perdido Costa Rica por medio de dichas invasiones militares. El silencio de Miguel Rojas será obvio, porque todas sus afirmaciones son falsas, son “tan ingeniosas, torcidas y tergiversadas como las maquiavélicas estratégias de quienes él ataca”.

Todavía más fantasioso e ingenuo es la sola insinuación de que existe dentro de la conspiración nicaragüense la estrategia de enviar una invasión de un millón de civiles (también esperaríamos que citara la fuente autorizada sobre esa cifra) con instrucciones claras de cómo ingresar a Costa Rica. Eso es tan inocente como decir que México tiene una estrategia de invasión hacia USA por sus 25 millones de migrantes a ese país, o mejor todavía, que El Salvador está invadiendo a USA con su millón y pico de ciudadanos residiendo en California.

Las razones de la migración son diversas, existen razones estructurales y otras coyunturales, históricas, sociales, políticas y económicas que desafortunadamente convierten a Nicaragua (igual que otros países de la región) en un país que expulsa población, por su parte, Costa Rica, también tiene razones estructurales y otras coyunturales, históricas, sociales y políticas que lo hacen receptor de población migrante, un buen ejemplo de ello es la ausencia de mano de obra para satisfacer la demanda de empleo en diversas actividades agrícolas, de trabajo doméstico, seguridad, transporte, etc. Hasta el día de hoy no he escuchado a ningún tico quejándose que los nicaragüenses nos quitaron el empleo como guachimanes, o cogedores de café o como empleadas domésticas o como albañiles.

También le recuerdo a don Miguel Rojas, que no existen personas “Ilegales” quizás su estatus migratorio no esté en regla según los procedimiento de cada país pero de ahí a ser “ilegal” existe una gran diferencia.


El Cinismo Güegüense

Según Miguel Rojas, toda esta conspiración es resultado del cinismo güegüense, dice Miguel Rojas “ése güegüense que se acomodó corruptamente al poder colonial español en vez de combatirlo a muerte”.

Sólo para no olvidar, la obra del Güegüense sintetiza la fusión de las culturas españolas e indígenas que combinan el teatro, la danza y la música, y es considerada una de las expresiones folclórica y literaria más sobresalientes de la era colonial en América Latina. La obra teatral fue escrita por un autor anónimo en el siglo XVI, siendo una de las más antiguas obras de teatro indígena de nuestro hemisferio. Se transmitió oralmente durante muchos siglos hasta que fue escrito y publicado en un libro en 1942. La primera versión escrita tiene 314 parlamentos y fue originalmente escrito en náhuatl y español. "El Güegüense" representa el folklore de Nicaragua, por lo tanto, la UNESCO lo proclamó "Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad" en el 2005 convirtiendo a Nicaragua en el único país en América Central  con 2 obras maestras proclamadas por la UNESCO. (fuente Wikipedia).

Así que don Miguel Rojas ofende el patrimonio oral e inmaterial de la humanidad y el folklor nicaragüense gracias a  extrañas galimatías entre folklor y conspiración. Le falta mucha autoridad a don Miguel Rojas para hablar sobre sometimiento colonial, pues hasta dónde puedo observar, su idioma, su dios y costumbres occidentales, coinciden bastante armoniosamente con la herencia de los invasores, inclusive, el espacio territorial que habita es un legado de la administración política y territorial de la colonia.


La Juventud Nazisandinista

Más galimatías, pero esperamos también una detallada elaboración teórico conceptual de un catedrático universitario de esa cosa llamada nazisandinismo (sospecho que me quedaré con las ganas). Dice Miguel Rojas: “La juventud nazisandinista es fanática del ejército y del partido sandinista, de pelear, de ser muy machitos y hacerse machorros pegando gritos, agrediendo todo aquello que sea Costa Rica”

Yo, he tenido la oportunidad de trabajar al lado de jóvenes nicaragüenses de la juventud del FNT, de universidades y del sandinismo, he conocido muchachos y muchachas con disciplina, muy críticos y llenos de sueños y expectativas, que con mística y determinación han respondido con vehemencia a las convocatorias y acciones que se les reclama. También he sentido su cariño fraterno, sus contradicciones e interrogantes, saben que a veces han sido utilizados y no se reprimen de decirlo y reclamarlo cuando es necesario, sueñan con su revolución y no renuncian a construirla, los insultos sin conocimiento de primera mano de Miguel Rojas son inaceptables.


Sobre la identidad de la Nación Boruca

Y sobre esto, como haciendo un contraste ente el Güegüense y la identidad costarricense, Miguel Rojas roba sin sonrojo algo que le es completamente ajeno: la identidad de la Nación Boruca, dice: “el juego de los diablitos de boruca, puro Costa Rica, es un símbolo nacional de resistencia perpetua y no de no entrega a ningún imperio, porque a diferencia de los llamados güegüenses los borucas libran una lucha sin cuartel cíclicamente cada año, lucha a muerte contra el imperio español, contra cualquier fuerza exterior nacional o extranjera que los quiera esclavizar” y tiene razón en parte, porque la lucha boruca lucha también contra la Costa Rica idealizada de Miguel Rojas que los quiere desplazar para convertir sus tierras en un lago en nombre del progreso y la modernidad, pero se equivoca Miguel Rojas cuando dice de los borucas “puro Costa Rica” porque los borucas son y han sido mucho antes de Costa Rica, son una cultura en sí misma que no le debe nada a Costa Rica, tienen una cosmovisión del mundo, una lengua propia; en su lugar, Costa Rica (igual que el resto de países de nuestra región) son un invento bastante reciente, resultado y resabio colonial. Debería tener cuidado Miguel Rojas cuando insulta a una cultura, dígale lo mismo a los Chinos “Puro Japón” a ver qué le pasa. Por favor, tenga el mínimo rigor académico!


Siembra vientos y cosecharás tempestades

Esta advertencia del profeta Oseas que tomo prestada de la tradición judía, es oportuna en situaciones como la actual. Con qué facilidad Miguel Rojas emula las palabras de Laura Chinchilla cuando dice: “qué ironía la de la historia, que del mismo país donde Juan Santamaría ofrendó su vida para defenderlo, llegaron ahora nuevas botas filibusteras a ultrajarnos” que palabreja tan maleable esa: filibusterismo, aplica a todo, así nos llamaron a los que luchamos contra el TLC, y seguramente quien le escribió el discurso a Doña Laura.


Para evitar sospechas, aclaro que soy costarricense, nacido en Costa Rica, cédula 1,  mi madre también lo es, mi padre no, él es nicaragüense (posiblemente eso me hace sospechoso a los ojos de Miguel Rojas), pero en mi Costa Rica, un pequeño país tan rico en diversidad, un país donde somos tantos ticaraguenses, donde todos tenemos un amigo, un cuñado, un abuelo nica, y un largo etc. Una realidad que nos exige llamar a la concordia y la unidad de los pueblos, al entendimiento y la creatividad por construir puentes y no fronteras.

Que don Miguel Rojas no nos venga a hablar de constitucionalidad ni tratados y laudos, precisamente esos instrumentos sólo sirven para distanciar lo que está unido, que no nos hable desde el odio, aunque sea eso lo único que conoce, que hable como catedrático y honre ese honor y postura opinando con rigurosidad, apelando a argumentos y exhaustiva investigación y no con la doxa digna de un borrachín haciendo catarsis dominical en cualquier barra de cantina.

Cuando Miguel Rojas siembra vientos diciendo: “¡Nicas invasores sin excepción, váyanse, no los queremos y los combatiremos a muerte!”  Debe saber que las tempestades que cosechará son de odio, xenofobia, intolerancia, que los que gritarán su consigna serán los peores, los que odian, los que se refugian con miedo ancestral en su caverna sintiéndose amenazados de todo cuanto los rodea, que solo los miserables dan la vida luchando contra lo que odian.

Germán Hernández

1/4/09

Las dos mitades de un solo corazón







Nací en Costa Rica y me crié en Costa Rica, un pequeño país en el istmo centroamericano, que respecto al resto de sus vecinos, recorrió la segunda mitad del siglo XX con una inusual estabilidad sociopolítica, casi al margen de los conflictos armados y sociales que desangraron cada país de la región. Mi madre, costarricense, es una mujer humilde, con una educación media y cinco hijos, yo soy el mayor de ellos. Mi padre, nicaragüense, un hombre itinerante y muy trabajador, igual que mi madre, con una educación media, no fui el primero de sus hijos, pero sí, su primer varón.


Por esta condición de ser hijo de una costarricense y un nicaragüense, siempre me he identificado como “tico-nica”, o “ticaragüense”, en todo caso, siempre me he atrevido a sentir en mis latidos la sangre de dos pueblos, ni más ni menos, independiente de mi status ciudadano.


A Costa Rica la he tenido siempre, como Cardoza y Aragón tuvo su Guatemala en las líneas de su mano, pero Nicaragua me llegó en la remembranza, en una misteriosa nostalgia infantil, con los relatos e historias de mi padre. Entonces Nicaragua en los recuerdos de mi niñez, era una tierra cubierta de lagos infinitos llenos de voraces tiburones… y el campo, casitas de campo, llenas de gallinas y árboles frutales, así fue mi primer recuerdo de Nicaragua, contado por mi padre, la Nicaragua de mi infancia, la viví a través de la infancia de mi padre.


Mi padre era de Diriamba, pero vivió su infancia en el gran lago, en el archipiélago de Solentiname, exactamente en las Ínsulas Extrañas de Cardenal y que he amado sin conocer durante toda mi vida, son exactamente para mí como lo sería para el Islam la Meca, o para los cristianos Jerusalén, ese punto de llegada donde se besan las piedras sagradas. Recuerdo que mi padre me contaba sobre el cielo lleno de estrellas en la noche, y el viento que soplaba alegrando los techos de las casitas, y me contó también cuando quemaban pólvora para la Purísima y otras fiestas, el cielo se llenaba de esa lluvia de luces, mientras el lago en calma, como espejo del cielo, reflejaba ese doble espectáculo, y mi mente divagaba, imaginando aquella guerra de luces, entre las dos bóvedas del cosmos.


Y por supuesto, muy pronto bebí de la poesía orgánica y animada de Nicaragua, de Darío, de Ernesto Gordillo, de Pablo Antonio Cuadra, de Joaquín Pasos, de Carlos Martinez Rivas, de Ernesto Cardenal, de Salomón de la Selva, de Gioconda Belli, de Leonel Rugama y tantos y tantos poetas nicaragüenses, que las listas se volvieron infinitas, y el deseo devorador de esa sustancia densa como el agua que se vertía en el suave registro de las letras.


También había una Nicaragua sombría, turbia… donde se narraban los crímenes de un dictador temible, de una dinastía dueña de la tierra, de los lagos, del aire y de la gente; y también estaba fresca la tragedia de un terremoto que destruyó la capital dejando muerte y escombros que nadie se atrevía a recoger para no olvidar que aquella tierra bramaba enfurecida cuando quería.


Por aquellos años de mi infancia, en Nicaragua se libraba una tercera guerra fundamental, según yo, la primera fue contra los filibusteros en la década de 1850, la segunda fue en las Segovias, librada por aquel masón de mirada océanica, y nombre de emperador romano, y cuyo apellido resuena desde entonces en miles de tonos y claves según quien lo escuche, Sandino, el nombre que se ha usado para todo, para alabar y escupir, para traicionar y para inmolar, para el amor y el odio, caleidoscopio luminoso, como los juegos artificiales vertidos sobre la atmósfera del gran lago. Pero esta tercera guerra, volvía a enfrentar al verdugo con su víctima, era otro Somoza, y otros Sandinos, y era la guerra.

Ahora sé, y comprendo mejor lo que ocurría en aquellos años en Costa Rica, porque nunca hubo un amor más hermoso y una hermandad tan firme como aquella vez entre Costa Rica y Nicaragua, se escuchaba aquel slogan: “desde algún lugar de Nicaragua, Radio Sandino” pero en Costa Rica todos sabían que transmitía desde aquí, que muchas casas fueron pequeñas clínicas clandestinas para recuperar a los guerrilleros heroicos, que muchos hombres y mujeres costarricenses y hasta muchachos de secundaria, trasegaron armas para llevarlas al frente desde la neutral y pacífica Costa Rica, que muchos ticos y ticas amaron tanto esa revolución que pelearon en ella, y murieron en ella, y su sangre no se derramó en vano en Nicaragua que fue una madre amorosa para recogerla.

La revolución triunfó y el dictador se fue, y así como miles lloraron y celebraron en Nicaragua, en Costa Rica también hubo banderas rojinegras celebrando en los parques. Hubo luego muchachos y muchachas voluntarios que se fueron al norte a alfabetizar, a construir casas, a enamorarse y embriagarse en esa pequeña esperanza que estaba pariendo Nicaragua.

Luego vinieron muchas cosas, el servicio militar obligatorio, la contra, el boicot, los errores, las piñatas… nadie sabía cómo se hacía una revolución, en esos momentos todo es demasiado nuevo, que no vale la pena seguir apuntando en la oscuridad buscando culpables.

A mi escuela comenzaron a llegar mis primeros compañeros nicaragüenses, el gobierno ya no apoyaba la revolución, por que los gringos llenaban de billetes los bolsillos y las conciencias de la clase política costarricense, Costa Rica era ahora según la propaganda: el último rincón de la democracia ante la amenaza comunista, y esos niños y niñas que no sabían de qué estaban huyendo, eran recibidos como una especie de héroes, el espectáculo era bochornoso.

Recuerdo a un compañero de segundo grado; Ariel, por qué se refugiaron sus padres en Costa Rica durante la revolución lo ignoro, y no me interesa tampoco suponerlo, solo me importa Ariel, era un niño igual que yo, pero lloraba, y en los recreos lloraba, y en los exámenes lloraba, se aislaba y ocultaba su rostro en un rincón, tenía su corazón destrozado, había un dolor terrible en él y a nosotros nos decían que era por la guerra…

La guerra era un fantasma que nos asustaba, recuerdo que en esos días se rezaba por la paz.

La democracia llegó tan ingenua como mi adolescencia. Pero igual que me llegaron las tribulaciones y las estrecheces de esos años, la más sombría pobreza en mi corazón y en mi vida, así quedó Nicaragua, llena de discursos y promesas que no se cumplieron nunca, porque la inversión extranjera prometida nunca llegó, y los campesinos nicaragüenses no podían llenar sus estómagos hambrientos con sufragios y se vinieron por oleadas hasta Costa Rica, pero esta vez no eran héroes que huían del comunismo, ahora eran borrachos, violadores, criminales, eran el chivo expiatorio para una Costa Rica que también se ahogaba en una marea triunfalista y mediocre de reformas estructurales, así, toda la frustración se volvió contra el “otro”, tristemente, el país donde me crié, para reafirmarse en sus mitos y la imagen de sí mismo, vertía todos sus miedos, odios y fantasías sobre aquellos hombres y mujeres nicaragüenses que buscaban cómo sobrevivir.

Manos nicaragüenses construyeron los hoteles de lujo, manos nicaragüenses recogen las cosechas del café, el “grano de oro” costarricense, manos nicaragüenses limpian las casas, lavan la ropa y cuidan los hijos de la burguesía y de la pequeña burguesía costarricense, ojos nicaragüenses vigilan sus casas, y cuidan sus autos a la salida de los bares y los salones de fiesta; silenciosamente este pueblo es el andamiaje sobre el que se construye otro país. Y para inflamar todavía más el resentimiento entre dos pueblos, la clase política de ambos países finge encendidos discursos sobre la soberanía y el derecho internacional, para que un río en vez de fluir, se petrifique y se levante como esos muros de vergüenza que levanta Israel entre su pueblo y Palestina, y como las bardas asesinas que levanta USA para contener a los mexicanos y centroamericanos, y que no quiere caer, como cayó en Alemania.

Los medios de prensa de un lado y otro, comparten sus cables y corresponsales para cubrir los hechos de sangre, y teñirlos todavía más de mórbidos motivos y conspiraciones aberrantes. Gacetilleros, seudointelectuales, y onanistas maliciosos, nos han llenado de un humor lleno de asco y amargura, se ríe sobre el llanto del débil, se ríe sobre el desamparo de una madre sin hijos, se ríe sobre la orfandad de muchachos analfabetos y solos.

Por eso, cuando en las calles de Managua he visto un auto de lujo y un niño limpiando su parabrisas, o los resort que pueblan las costas del pacífico en Costa Rica, comprendo que alguien de este lado y del otro se ha enriquecido con todo ese odio, que alguien le ha sacado provecho a todo este dolor.

Pero no, todavía no han derrotado al amor.

Tuvieron que pasar treinta años para que yo por fin pudiera estar en Nicaragua, treinta años por donde pasé muchas cosas, mucha vida, hasta que al fin pude sentir la furiosa transparencia del aire de Nicaragua, su horizonte circular e infinito, y mi alegría fue tan grande, que sentí que regresaba a donde nunca estuve, a volver sobre mis propias huellas.
Apenas tenía 14 años cuando mis padres, por razones que no importan ya, se separaron, mi hogar se había fracturado para siempre, intenté ser padre de mis hermanos menores, y fui mal padre, y peor hermano, un fracaso más… ¿Era posible entonces que esta unión sea verdadera?, es verdad o una mentira tibia y fragante que me inventé?

¿Es falsa acaso toda esta indignación y todos mis besos y abrazos para mis nicas en Costa Rica, idealizados por mí, llorando por doña Odilia, que cuidó a dos niñas costarricenses hasta su adolescencia para poder mandar las remesas para que otra criara a sus hijas, o a Oscar, un experto en acabados, que dejó impecables las paredes y pintura de mi casa, para poder levantar su casita gris, sin divisiones y de ladrillos desnudos en Chinandega?.

Volver a Nicaragua, y sentirla mía, poseerla y llenarme de mi amada tierra distante, sentir tu dulce aroma a piel que ha sudado bajo el sol, y que amanece fresca, llena de la tibia certidumbre de que siempre volveré, llenarme de tu música que suena a sonrisas, llenarme de la sutil soberbia de los que caen y se levantan con un estoicismo que embruja y se siente en el pecho, habitar por un segundo las mesas rencas, los caminos polvorientos, los senderos por donde el vértigo y la sangre me nublan, para abrazar a mi gente amada, que sabe vivir con sus cruces y su esperanza de bolsillo.

No le nieguen a este corazón que no puede latir sin sus dos costados, cuya sangre no coagula en ninguna dirección, que es hermano de otros como yo, de las nuevas generaciones de ticos-nicas, que como esa raza imposible que soñaba Vasconcelos, habita mejor en los territorios del aire que es libre y puede deslizarse sobre la tierra, porque eso soy, uno entre los miles que han nacido de un padre nica y una madre tica ó de un padre tico y una madre nica, soy de los que no distinguimos la diferencia en las pupilas negras, y que contaminamos la pureza ancestral del aislamiento.

Déjame regresar a ti, mi tierra amada, no me rechaces, la mitad de todo lo que soy germinó en tu vientre, no pongas marcas en mi frente. A la Costa Rica donde nací y mi crié, sólo le pido recibir la otra mitad de mi vida, todo lo que he hecho y todo lo que he construido lo he hecho con amor en los vórtices de su vertical geografía, pero no me pidan que elija entre las dos, porque dejarían de latir las dos mitades de este corazón.


Germán Hernández.