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3/5/16

Agatha Cristie – Ocho casos de Poirot



En realidad se trata de nueve casos, sutil extravagancia editorial o de la autora, una buena muestra de su estilo narrativo, y una oportunidad para quien quiera sumergirse en las aventuras del infalible, bigotudo, vanidoso y genial Hércules Poirot, el detective belga, héroe de una saga de 33 novelas y 50 cuentos y así poder conocer los métodos mediante los cuales resuelve sus casos.

Hay que recordar que después de Shakespeare y la Biblia, la obra de Cristie es la más traducida y la más vendida de la historia, por ahí se dice que sus novelas han vendido más de dos mil millones de ejemplares, al punto que en algún momento sus novelas fueron consideradas como el “mayor producto de exportación inglés”. Tal es la devoción por la autora y sus personajes, (y el dinero que genera) que en 2014 los herederos de esta autorizaron el retorno del detective Poirot, con la entrega  “Los crímenes del monograma” escrita por Sophie Hannah (como que ahora el oficio de ghostwriter ha dejado de ser oculto y estigmatizado negativamente, sino pregúntenle a los herederos de Stieg Larson y a las editoriales con respecto a la cuarta entrega de Millenium)   

La joven Agatha Cristie.
La autora fue miembro del selecto “London Detection Club” la famosa “escuela inglesa” la de la novela enigma, a esos casos que solo la mente y “las células grises” del detective puede desentrañar cuando todos los caminos fallan, la fórmula es eficaz y se repite siempre, las pistas sutiles y a la vista del lector y del inseparable Arthur Hastings (ayudante de Poirot, aunque tan discreto y con una presencia tan etérea que casi se puede pensar que es en realidad un amigo imaginario del detective) pero al final, solo el detective es capaz de verlas y resolver el crimen.

En cada novela o cuento, los ambientes burgueses, de aristócratas matando aristócratas con el exótico refinamiento inglés nos atrapa, pero tampoco nos embelesa; los móviles (herencias, maldiciones, venganzas) y los medios (el envenenamiento es el preferido de la autora) son clisés del género, aunque entretienen, que es a fin de cuentas el único fin de esta hábil escritora, que sin ser mi favorita, la venero por sus inapelables méritos.

Germán Hernández.


Comience a leer a Agatha Christie y las aventuras de su detective Hércules Poirot en formato epub descargándola aquí: Ocho casos de Poirot  


23/11/15

El pretexto de la novela negra en Costa Rica



"Yo nunca he dicho que mis novelas sean novelas policiacas, ni novelas góticas, ni novelas negras. [....] YO PIENSO QUE SÍ SON NOVELAS NEGRAS. [....] 2. NO PORQUE DÉ LECHE ES UNA VACA. Hacer un razonamiento como el anterior y comentar que mis novelas son policiacas porque, tienen como protagonista un ex detective y existen asesinatos SIN RESOLVER, es un razonamiento torpe y simplón." Jorge Méndez-Limbrick


Que en la trama de una novela cualquiera aparezca una nave extraterrestre u ocurra en el futuro, no lo convierte en ficción científica, como tampoco en un relato que tenga un detective o un crimen por resolver  lo convierte automáticamente en una novela negra o policíaca.

El coqueteo con la stigmatizada literatura de género (de cualquier género)  en nuestra actual narrativa es hoy un fenómeno de desmitificación y renovación; en hora buena, yo lo celebro, por fin los escritores de verdad se dieron cuenta que la otra literatura, la de género (el que sea) tiene igual valor y dignidad, y a veces más que su aburrida obra seria.

Con todo, considero que falta escuela, tradición literaria en la literatura de género, en especial la policíaca en nuestra literatura (todo es novela agraria y realismo testimonial) pese a que hay  antecedentes aislados, pero no una tradición. Por lo tanto podemos decir que el actual “boom policíaco” es una irrupción, una ruptura, en otras palabras “estamos abriendo trocha”.

En el artículo “La hora negra de la literatura costarricense” aparecido este lunes 23 de noviembre de 2015, me llama la atención la lista de obras y autores destacados en la nota: Verano Rojo de Daniel Quirós, Cruz de olvido de Carlos Cortes, El laberinto del verdugo de Jorge Méndez  Limbrick, Ojos de Muerto de Guillermo Fernández,  El año del laberinto de Tatiana Lobo y En clave de luna de Oscar Nuñez. Desde mi anormal opinión, ninguna de estas obras la ubicaría dentro de la novela negra, salvo la de Quirós; diría más bien que dichas obras y autores  se valen, se aprovechan de los recursos narrativos de la novela negra (como recurso metaliterario), pero su intencionalidad es otra (muchos de estos autores lo han confesado más o menos así, como para no darse el “color” de que son escritores de género (el que sea) y siguen siendo serios. En eso son mucho más consecuentes los autores de ficción científica.

Tampoco es que queremos caer en el purismo. Desde los inicios del género se han escrito “reglas” para enmarcar los requisitos de lo que una novela negra o policiaca “es o no”, son célebres las reglas impuestas  como el decálogo del padre Ronald Knox, inglés, y miembro del  "Detection Club"  (que incluía a Agatha Christie, Dorothy Sayers y Chesterton) o bien las veinte reglas del norteamericano.  S.S. Van Dine; reglas que nadie ha cumplido nunca desde luego. Si fuera así cómo imaginarse entonces autores tan singulares como Manuel Vázquez Montalbán o el difuso John Connolly (que se mueve entre lo más pulp hasta lo más gótico) pero siempre dentro del género, es decir, que lo testimonial, lo histórico, la denuncia, lo social, inclusive lo experimental es sustrato, lateralidad, y lo central siempre es lo policíaco, a la inversa de nuestro incipiente género.

Creo que no se debe ser tan generoso de llamar novela policíaca cualquier obra con un policía o un crimen por resolver, así más bien la onda expansiva sobre el estanque literario será tan grande que se disolverá en la indefinición. Por cierto, en el artículo citado de La Nación: ¿de dónde sacó Uriel Quesada que Castigo Divino de Sergio Ramírez  (novela exquisita y relevante) es la “gran disparadora del género en Centroamérica”?

Personalmente, creo que todavía quedan obras y autores por delante para hablar de una novela negra costarricense con toda propiedad y no como pretexto.

Germán Hernández.