30/4/13

Parábola del escritor necio




Lector Empedernido de Luis Furió

Parábola del escritor necio



Cada noche hasta el amanecer, el escritor llenaba páginas y páginas, emocionado contemplaba su trabajo, era lo más cercano a un sueño realizado,  lo más próximo a un dios.

Pero algo sucedía con sus escritos, al cabo de unos días se volvían indiferentes, espantosamente desfigurados, todo cuanto había puesto en ellos había desaparecido, no podía reconocerlos en lo que ahora decían, en lo que se habían convertido.

Aún así, no dejaban de multiplicarse, de aparecer en lenguas que no había imaginado y en manos de quienes nunca pensó, y cuanto más vigorosos se movían por el mundo, más rebeldes y extraños eran para él.

Buscó al culpable, nada fue más fácil, pues éste dejaba sus huellas en todo lo que escribía, cambiaba el sentido de todo lo que él fijaba en el papel, despeinaba las páginas irreverente, encontraba soluciones que él nunca había sugerido y las esparcía por todas partes, su marca era tan insistente que lo había sustituido a él casi por completo.

Cuando lo encontró, fue a confrontarlo.

-¿Quién crees que eres para decir en mis libros cosas que no he dicho?

El otro no  salía de su asombro, ahí estaba el escritor que había inventado, casi reverenciándolo respondió:

-Un lector.


Germán Hernández

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