6/8/17

Nadie que esté feliz escribe - Gustavo Solórzano-Alfaro



Gustavo Solórzano-Alfaro estrena poemario, y nos comparte una primicia de lo que encontraremos en él, y aunque no sea feliz quien lo escribe, seremos muy felices leyéndolo.


Variaciones sobre el tema de Fausto

“Nadie que esté feliz escribe”.
Si esta sentencia se probara verdadera,
te pediría, Margarita, que
me abandonaras.
No hace falta nada escandaloso.
Solamente unos breves días.
Para recobrar fuerzas.
Para saberme solo y vulnerable.
Para sentir frío hasta en los huesos
cuyo nombre no conozco.
Si un poco de tristeza bastara
para componer dos o tres versos memorables
a lo mejor podrías hacerme esa concesión.
Una sola.
Sería una obra de caridad
y tené por seguro que jamás te la reprocharía.
Una temporada. Apenas eso.
Una herida calculada.
Nada permanente.
Ningún daño irreparable.
Con apagar el teléfono bastaría.
Saberme lejos, sin vos,
sin respuestas y sin rastros.
Un día. Es todo lo que pido.
Un día de ausencia
y estoy seguro de conseguir
esos dos o tres versos
que darían sentido al mundo.
Un día.
Triste quiero estar
porque feliz no puedo.
Triste, solo triste.

*

Si valiera la pena
un pacto con el diablo
sería esta tortura
inversa de perderte
a cambïo de toda
la ciencia conocida.
Tendría la esperanza
de que al final de todo
igual me salvarías.


Enseñanza de la muerte como un segundo idioma

El dolor depende del idioma.
No es indiferente si uno muere en francés o en alemán.
Hay sílabas pesadas, que se arrastran como bolsas con
cuerpos calcinados.
Hay una gramática bastarda y una pulcra. Una ortografía
que impone su sello de alacrán sin esperanza.
No es fácil morir en italiano sin escuchar de fondo la
popular tonada napolitana de alguna película
filmada en California.
Pero tampoco es placentero morir en español:
una cruz de cenizas te roe el cuerpo eternamente.
Quizá en portugués pueda ser más llevadero: una
muerte como un fado en el altar de las luciérnagas.
Pero ¿a quién engañamos? En mandarín o en árabe ha
de ser mejor.
Lenguas tan lejanas como la punta del sol en el invierno.
Registros antiguos que no tienen principio ni final.
Aunque pensándolo bien, ¿cómo será morir en una
lengua muerta?
¿Sería posible aún el dolor en el griego de Safo?
¿Cómo declinar la muerte en latín?
A lo mejor sea necesario quemar las naves y huir por una
senda de hierro hacia las montañas de las viudas.
Morir es recorrer la Biblia en sentido inverso:
hoy, aquí / Babel / Paraíso.


La poesía como experiencia concreta

A G.A. Chaves

No sé muy bien de dónde vino la idea. Rondaba en mi cabeza desde hacía varias semanas. Tenía que ver con la idea de “lo físico”, de la poesía como algo concreto. Y justo en esos días Elsa emprendió una serie de tareas de remodelación en la casa. Yo, por supuesto, me puse a ayudar. El primer sábado, empecé por taladrar una tabla para colgar unas plantas, y mientras tanto pensaba en esto:

Cada vez me convenzo más de que la poesía no guarda relación alguna con el “espíritu” o el “alma”. Al contrario, se trata de un asunto mental por un lado (en sentido neurológico: inteligencia) y de una experiencia física por otro. Al igual que en la música, en la escultura o en la danza, el cuerpo es el que experimenta, es el cuerpo el que se arroja al mundo, el que entra en contacto con eso que llamamos “realidad”. Se trata de una manifestación concreta. Por ello, ciertas labores manuales pueden ser tan gratificantes y necesarias como la lectura. La poesía busca una conexión íntima y fundamental con los elementos primarios.

Al domingo siguiente, pasamos todo el día pintando un juego de sillas de jardín: verde, amarillo, naranja, turquesa, y recordaba lo que había pensado la tarde anterior. Me reí solo y me dije:

La verdad, la verdad, el asunto se resume así: por más existenciales que nos queramos poner, al final, la poesía no es otra cosa que una lucha contra la corrosión del comején.


Después de Saussure

No hay duda de que palabras
como “Toscana”, “Maguncia”,
“parmesano” o “Granada”
evocan más que “Tárcoles” o “chayote”.
No es culpa de las palabras
ni culpa nuestra.
Es el sedimento de los tiempos,
de las conquistas,
de las guerras, de los siglos.
No es envidia ni mentalidad colonial,
es reconocer que es imposible
borrar todos los sentidos
que se acumulan en una letra tras otra.
Habremos de reconocer entonces
el aroma de todas esas flores;
y si así lo decidimos,
responsables seremos también
de cargar un jocote
con la dinamita pura
capaz de volar
los cimientos del futuro.


La muerte jamás tendrá tus ojos

Para César, hijo

César nació a los seis años.
Antes había vivido
muy adentro de su madre.
Le puse Pavese de cariño.

Me miraba con curiosidad
y siempre supo que mentía
cuando le contaba que sí,
que yo era fan de Dragon Ball Z.
La verdad no tenía
ni idea de qué hacer
o qué decir.

Un día lo llevé a recorrer
la Avenida Central.
Creo que eso fue más importante
que todo lo demás.

Hoy charanguea la guitarra,
igual que yo;
lee a Gorki y a Fanon,
se dice socialista,
trolea en las redes sociales,
reconoce su estirpe de Praga y de Roma
y se la pasa todo el día con su novia.
No hay nada como la ilusión adolescente
o la ilusión paternal.

Pavese una vez se fue de casa
pero nunca dejó de regresar.
Empezó a practicar jiu-jitsu
y antes de cumplir los 18
fue mesero
y supo lo que era el proletariado
o algo que se le parece.

Una vez me preguntó para qué lo ponía
a limpiar las canoas de la casa.
Creo que hoy ya sabe la respuesta.

Yo solo espero
que el mundo se le abra
como una naranja dulce.


Porno: memorial de Belladonna

He intentado por todos los medios
convencer al público
de que la intención no cuenta,
de que no es el poeta
quien habla en un poema,
de que esa voz que escuchamos en un cuento
no pertenece a la mano que firma
y que con suerte cobra.

He intentado convencerme
de esa muerte anunciada por Barthes.
Quizá porque así podría decir
“Me acosté con prostitutas y salí ileso”.
Quizá porque entonces nadie en mi familia
me miraría de forma extraña.
Quizá porque es más fácil cuando una confesión
es sincera y verdadera.

Podría decir que veo porno desde muy pequeño
y aún lo veo, y mis manos lo atestiguan:
primero la derecha y luego la izquierda.

Soy ambidiestro,
y aunque en ambos brazos tengo fuerza,
escribo con la izquierda y lanzo con la derecha.
Quizá por eso toco tan mal la guitarra:
nací sordo y desde la primera vez
tomé el instrumento con la mano equivocada.
No sé si naturalmente o por una broma.
Si lo hubiera tomado con la izquierda
tal vez hoy no estaría escribiendo esto
–quién sabe–
y sería feliz.

Podría asegurar que el porno extremo me fascina
en todo el sentido del término,
pero sobre todo en el sentido más carnal.
Y conozco tanto de porno como de libros
o de música o de cine, es decir, muy poco.
Pero hay una devoción que me redime.

Si ustedes me creyeran
y aceptaran que lo que aquí se dice es ficción
y no los apuntes verídicos
de una persona cualquiera
podría sentirme más tranquilo
de aceptar lo que acepto,
de confesar lo que confieso,
de decir lo que digo,
de sufrir lo que sufro,
de llorar lo que lloro,
de vivir lo que he vivido.

No soy yo quien esto firma
ni yo quien esto escribe.
Y aun así no es posible evitar
el asombro en los ojos de mi madre
o la decepción en los de mi hermana.
Pero yo no soy yo
ni la imagen de Belladonna
es la imagen de la Belladonna
que nació en Mississippi
y que en sus películas nos hizo creer
en otras cosas.

Todos somos fantasmas
que rondan las páginas de poemas irresueltos,
al igual que rondamos las páginas porno
a altas horas de la noche
como un remedio para la vida.


¿Quién no añora la tercera guerra mundial?

¿Quién no añora la tercera guerra mundial?

¿Quién en su fuero interno no se emociona con la
adrenalina de imaginar un conflicto armado de
gran escala?

Nuestras vidas son tan simples. Nuestros sueños tan
escasos. En cambio “la guerra es un infierno, pero bello”.

Añoramos ser uno con el universo, ¿y qué mejor manera
de lograrlo que a través de una guerra enorme,
que nos libre de todo, que nos subyugue, que nos
haga sus víctimas mortales, que nos abandone
a nuestros instintos, que nos permita la pura y
absoluta libertad de la muerte?

Al borde de una guerra que nunca llega. Otra promesa
rota. Una posibilidad en los medios, en las redes
sociales, en la tele, en el cine, y nada más.

Queremos ser historia para salir de ella. Queremos
saber lo que se siente ser parte de algo más grande
que nosotros mismos.

¿Quién no añora una guerra? Cualquiera.
Cualquier guerra.


Claridad

A Yolanda, madre completa;
a Elizabeth, hermana absoluta

La única realidad que comprendo
es el abrazo perdido de mi hermana,
la pálida ternura de mi madre.
Cuando todo se ha perdido,
cuando todo se ha acabado
solo quedan sus ojos,
sus plegarias.

Se cae el mundo a pedazos
y qué puedo hacer.
No es desidia, quizás impotencia.
Tal vez apenas la certeza
de lo pequeño y lo grande.

La culpa de no comprenderte, madre bella mía,
madre de todas las cosas.
La inquietud de no haber correspondido
tus noches en vela, hermana bella mía,
hermana de todas las luces.

Solo me queda
la claridad
de que ambas reposarán
en lo más profundo de un paraíso
que ningún dios

podrá negarles.


1 comentario:

  1. Para nada me agrada ese pensamiento de la tercera guerra mundial, me parece hasta un insulto

    ResponderEliminar

Deja tu signo