17/5/18

¿Dios tiene sexo?


El Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni de Gian Lorenzo Bernini



Recién, en redes sociales hice esta pregunta: ¿Dios tiene sexo? El motivo de esta tenía más que ver con la resiente resolución del Tribunal Supremo de Elecciones de eliminar la casilla de “sexo” en la cédula de identidad. De esta manera, ser macho o hembra de la especie hominidae, es ahora un asunto de género, de cómo las personas se sientan o definan así mismas. Desde luego, esto provocó más de una reacción en diversos sectores, para los colectivos LGBTI y especialmente para la población transgénero e intragénero, es un reconocimiento a su humanidad y autodeterminación como sujetos, mientras que, para otros sectores, supone una amenaza a la heterosexualidad, y donde la biología determina el género de las personas asumido dicotómicamente en macho, hembra, pene o vagina.

Personalmente, creo que si alguien se autopercibe como heterosexual, no debería temer nada, mucho menos la omisión o no en un documento sobre su sexo biológico. Más bien, podría acercarse a las otras identidades de género con sana curiosidad, para conocerlas y comprenderlas mejor, creo que verán que en ellas hay tanta humanidad como en la propia. Es comprensible sentir recelo y temor hacia lo desconocido, pero no es tolerable persistir en ese desconocimiento, como también es necesario buscar las maneras adecuadas de comunicar, sensibilizar y persuadir a las personas, sin que se sientan amenazadas.

Volviendo a la pregunta, ¿Dios tiene sexo? Me refería a si Dios es macho o hembra, no a si tenía relaciones sexuales, pero bueno, con picardía muchos y muchas de quienes escribieron en mi muro de Facebook se fueron por ese sentido, bandidillos, más de uno y una se la pasó bien divertido. Incluso algunos aprovecharon para lanzar sus "herejias",  pero en el caso de los no creyentes tales "erejías" no tienen efecto, no se puede ofender algo que no existe. Pero sí se ofende a las personas creyentes, y creo que eso no se vale, no es una estrategia muy eficaz de convencer a otros sobre nuestras creencias, y tampoco es una actitud respetuosa de la diversidad de visiones de mundo (acertadas o no) pero tan legítimas como la propia. Pero bien, ahora trataré de formular mi opinión al respecto.

Independientemente de que seamos o no creyentes, Creo que, al referirnos a Dios, categorías como sexo no aplican, se trata de un ser metafísico, no es macho ni hembra, simplemente Dios no tiene sexo de la manera en que la humanidad lo entiende. Ahora bien, la humanidad en sus infinitas representaciones e idealizaciones de lo divino, siempre, con la intención de aproximarse o comprenderlo lo ha antropomorfizado, es decir, hemos hecho a Dios a nuestra imagen y semejanza, pero todas esas representaciones de lo divino no despegan del suelo, están muy lejos de lo que nos quieren explicar y presentar. En ese sentido es comprensible la desconfianza que sienten las personas no creyentes hacia la mayoría de esas representaciones.

Entonces diremos que, ¿toda representación de lo divino es falsa? Pues sí, lo es. Pero, por otra parte, juega un papel como vehículo que conduce al ser humano hacia su propia experiencia de lo metafísico, tanto para bien como para mal. Para mal, cuando el sujeto renuncia a su búsqueda personal de lo divino y lo sustituye por su imagen, es decir, que su práctica se queda en las formas ritualizadas y representaciones aprendidas.

Usualmente, las instituciones religiosas son las portadoras de estas representaciones, y pueden ser un vehículo que permite a los sujetos a realizar su propia búsqueda de espiritualidad, pero no por eso tienen el monopolio de esta, la cual es una experiencia que puede ser vivida fuera de las instituciones religiosas, y eso incluye a quienes no son creyentes. Véase que cuando me refiero a la espiritualidad no me estoy refiriendo a lo metafísico, ni a lo divino estrictamente, me estoy refiriendo a una experiencia que puede ser liberadora para el sujeto, que le inspira y le da sentido y propósito a su existencia, sea dentro o fuera de las instituciones religiosas, sea deísta o no.

Ahora bien, y dado que mi pregunta inicial fue interpretada como: ¿Dios practica el sexo? Pues volvemos a las representaciones de lo divino, esquivo siempre, incognoscible desde la experiencia humana, y sin embardo hemos sexualizado a Dios a lo largo de la historia de la humanidad, quizá para entenderlo, para acercarnos a lo divino. Y quizá las más hermosas de esas representaciones sean mediante la analogía del amado y la amada, desde el cristianismo son muchas esas representaciones de Jesucristo en el rol del amante que posee a su amada representando a la iglesia, algunas de estas son sencillamente exquisitas, especialmente las literarias, desde los poemas del Cantar de los Cantares, pasando por San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, los sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz y más cercano hoy con la poesía mística de Ernesto Cardenal en obras como “El telescopio en la noche oscura”.

Sí, quizá la más acabada, y la más hermosa forma en que los hombres y las mujeres a lo largo de la historia han intentado para acercarse a Dios, vislumbrar y comprender su amor y entrega recíprocas, no pudo ser descrito de mejor manera que en ese encuentro, en cuerpo y alma, en la carne, en el amor erótico, en el sexo.

Germán Hernández.


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