12/12/08

"Preguntar al aire" la atrevida aventura poética de Byron Espinoza




Tuve la oportunidad y la dicha de ser uno de los presentadores del libro de poemas Silenciosa de Luz, de Byron Espinoza, aquí lo que dijimos aquel día en la presentación de su trabajo...  para un acercamiento más crítico sobre este poemario, recomiendo leer: 

Crítica de poesía II: ¿Qué significa preguntar el aire? A propósito del segundo poemario de Byron Espinoza por Gustavo Solórzano.

Considero que la presentación de un libro es casi siempre una pequeña celebración. Celebración para el poeta, y para los amigos, inclusive para los incognitos y recelosos que gustan frecuentar los sitios donde suelen celebrarse las presentaciones de los libros.

Y es que las celebraciones son pequeñas apologías y sonrisas, guiños y saludos, son la alteridad y el reverso del libro, es el pequeño instante en que el poeta tendrá toda la atención y su obra estará quizás por única vez en el centro de todo.

Después de la celebración quedan vasos rotos, basura regada por el piso, y la profunda indiferencia que ocurre siempre con la producción poética nuestra. Una indiferencia en la crítica, en los medios de comunicación, en los libreros que deberían vender esos libros, y lo peor, la indiferencia del público.

Cuando se hace un tiraje de 300 ejemplares en este país, se puede estar seguro que el mercado se habrá rebalsado por los siguientes 20 años con esa edición, a no ser que el poeta regale todos los libros, y ocurre frecuentemente, la gente piensa que la poesía es gratis, que no es de nadie y sólo para el que la necesita, y tiene razón, pero el objeto libro es concreto y cuesta dinero y ese sí se debe comprar para disfrutar lo que lleva dentro.

Y a pesar de todos estos hechos, hay gente que se empeña no sólo en escribir poesía en este país, también se atreve a publicarla.

Pero esta noche, lo que ocurre tiene y debería tener otras resonancias…

Byron Espinoza
Byron Espinoza publica por primera vez en el 2006 un breve poemario, Silenciosa de Luz, donde los poemas son brevísimos y lúdicos, es su obra prima y tiene derecho a que sea lo que él quiera, y lo es, y se divierte experimentando, con el verso, con la puntuación, con la imagen… es una primera obra muy elástica y versátil y por supuesto con los errores ingenuos que toda primera obra en un joven poeta tiene, pero lo que es más importante, es que esta primer obra de Byron, inaugura su aventura poética, lo instala como un poeta más y parte de la tradición poética de este país.

Y vuelve ahora Byron, dentro de esa tradición a romperla. Y es que ahora, dos años más tarde el poeta nos viene con su segundo poemario, y saltando por encima de la institucionalidad arterioesclerótica de las editoriales oficiales de este país (Para que no se me acuse de tirar la piedra y esconder la mano, diremos que la Editorial Costa Rica es un buen ejemplo de lo que estamos hablando), y decimos arteriosclerótica pues los libros envejecen por años en los concejos editoriales, y envejecen un poco más en las prensas de las imprentas y finalmente se pudren en las bodegas de las editoriales.

Y Byron se salta esa institucionalidad… y da otro salto por encima de las diversas alternativas editoriales independientes, sí, me refiero a Andrómeda, Perro Azul, Arboleda y otras, que ante la ineficacia de las editoriales oficiales y para romper el círculo hermético de las élites, han dado hoy día a conocer toda una generación de nuevos y nuevas poetas costarricenses que de otra manera quizás no hubieran visto la luz. Este segundo salto es atrevido e irreverente, porque Byron ha decidido que este segundo poemario iría por su cuenta.

En efecto, Preguntar al aire es una obra de artesano, donde todo el proceso productivo, desde escribir la obra hasta convertirla en libro ha sido tarea de Byron, y así nos encontramos ante un hecho nuevo, Byron es escritor y su editor a la vez, y consiente de los riesgos que esto conlleva, riesgos hermosos por cierto, como el acto solitario de escribir sin que nadie te lo haya pedido, el lanzar su anzuelo a la muchedumbre y por supuesto, sacrificarse económicamente sin la complicidad de nadie más. Recuerda perfectamente a Blake, quien hace trescientos años editaba sus propios libros, o también desde la ficción al gran novelista mexicano estadounidense Emmanuel Freeman, en sus Crónicas de las Cosas Perdidas, sobre un tiempo en que la tecnología reemplazaría finalmente al libro y los hombres y mujeres, aferrados a la nostalgia, los hacían manualmente como objetos de arte.

Porque amigos y amigas, Byron pudo haber tomado otros caminos más vernáculos y acostumbrados, por ejemplo: en vez de publicarse un libro, pudo haberse comprado un televisor de Plasma, o una bonita biblioteca para acomodar sus libros, o haberse pagado un club de viajes y pasar sus vacaciones en un resort de playa.

Pero Byron aceptó su propio desafío, con obstinación decidió que su aventura poética, a pesar del silencio y de la indiferencia, lo recorrería a su manera, y por esa razón el nos desafía ahora, para romper con la indiferencias y los gestos amables del público cuando aplaude, por aburrimiento o por buena educación.

Pero refirámonos ahora a Preguntar al aire. Este es un libro maldito, al margen: de los premios y los reconocimientos, del estudio erudito, es un libro prescindible que lo único que busca es cómplices.

Este poemario compuesto por 54 poemas viene en clave de interrogación como lo indica su título, cada poema irá planteando una desde la intuición y la imaginación del poeta, en esto, el lector tendrá la dura tarea de penetrar en el interior de Byron. El mensaje no es diáfano, y se perderá si piensa claves convencionales, no es un poemario sobre los elementos, con lo único que el lector podrá conformarse es con la transpiración atmosférica de las imágenes.

El poeta, igual que en su primer trabajo, busca el sentido de sí mismo a través de la poesía como único vehículo trascendente, por eso le pregunta a los elementos y a sí mismo, una y otra vez por su reflejo, por su carne y por su sangre… parece que existen difusamente referencias a otros, pero muy difusas, la muchedumbre, eructa, grita, escupe, pero no habla, solo habla el poeta cada vez que se interroga.

El efecto final de cada poema es la perplejidad, no es la búsqueda de respuestas, si no más bien el perfeccionamiento de las preguntas.

El elemento más significativo está en la construcción de imágenes y juegos, la yuxtaposición de elementos, en medio de una guerra de aniquilamiento, dialéctica y brutal hasta que los átomos se disuelvan. El poeta aparece en cada poema, haciendo gestos, forzando la lectura, indicando pausas y énfasis, el poeta no quiere desprenderse de cada verso y se lanza junto a ellos, he aquí otra apuesta arriesgada, el lector puede responder airado, puede renegarse, en este sentido, el texto es otra vez simplemente un estadio donde poeta y lector combaten. Entre los aspectos negativos cabe señalar la rigidez formal y la subjetividad intimista.

Y al final está la sangre y la realidad de los dioses encarnados, la poesía como crisol para la inmolación y los espejos espejismos…

¿Qué es lo que grita la multitud? No lo sabemos todavía.

En todo caso, con esta segunda obra, Byron reafirma sus tópicos, insiste en la construcción de imágenes, recarga los poemas de yuxtaposiciones y paradojas, y no deja puertas abiertas ni ventanas mal cerradas, quien quiera penetrar en su poesía, tendrá que entrar como un ladrón, tendrá que habitar este espacio violentamente, de la misma manera en que él se ha atrevido irrumpir esta noche con Preguntar el Aire.

Y antes de que esta celebración termine, y alguien restaure el día con una escoba, sería bueno que nos dejemos llevar por el engañoso entusiasmo de esta noche, y que con saña, nos arrojemos sobre este libro, no me refiero a la gentileza sonriente de llevarse el libro en el regazo, ni a la generosa cascada de sonrisas y palmas, me refiero a que la verdadera solidaridad, o mejor dicho, la única posibilidad de abrir un diálogo con Byron esta noche, será siendo su cómplice, compre el libro sin escrúpulos y tendrá asegurado un pequeño instante de culpa y sereno atrevimiento.

Germán Hernández


2 comentarios:

  1. Hola, Germán, ¿podrías aumentar el tamaño de la fuente de tus entradas? Cuesta un poco leer esas letras tan pequeñas.
    Saludos

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  2. Podria incluirse algunos poemas del poemario de este poeta que segun la presentacion parece muy revelador...

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