23/1/12

El Burdel de las Pedrarias – Ricardo Pasos



Si la chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias

Octavio Paz


Publicada por primera vez en 1995 y hoy con 10 ediciones a cuestas, el Burdel de las Pedrarias del Novelista Ricardo Pasos, es una novela de corte histórico, ubicado en los primeros años de la conquista de lo que hoy es Nicaragua en el puerto del Realejo. Sus protagonistas Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza, viuda del primer gobernador Pedrarias Dávila y su criada María Fernanda la “India Andaluza”, serán las narradoras de una historia azarosa, donde sobresalen los valores supremos de la conquista: civilizar, evangelizar y tomar el oro.

Es quizá la única novela sobre la conquista en tierras centroamericanas que aborda la narración desde una perspectiva femenina. Efectivamente quienes narran son mujeres, mujeres españolas, mujeres de su tiempo, las cuales ajustadas a los mandatos de este, sobreviven y gobiernan.

Está tan bellamente escrita, y con una pericia en cuanto a la reconstrucción histórica y ficcional hasta difuminarse, Doña Isabel de Bobadilla y Peñaloza ha recuperado los bienes y encomiendas de su difunto Pedrarias, y en el puerto del Realejo ha instalado un burdel, ha negociado con sus “indios” cuanto algodón, maíz, cacao y mujeres deberán tributarle, su sueño es forjar una nueva raza de mestizos, que serán obedientes y sumisos a sus majestades católicas, a la larga todo intento será fallido.

En nombre de los valores de la conquista, se matará y violará, habrá voces disidentes como las de Fray Bartolomé de las Casas:

“Bueno Doña Isabel, yo no quería decírselo, y me disculpará por ser tan franca, pero creo que si no lo soy con Usted ahora, no lo seré nunca. Resulta que el Dominico dijo antes de desaparecer que prefería caminar por las selvas desde Granada hasta Nicoya, para desde ahí embarcarse hacia Guatemala sin pasar por el Realejo, por que a Usted no la quería ver ni desde lejos; que prefería conversar con el Demonio por estas selvas y fangales, ya que Usted era la encarnación del mal en esta Provincia de Nicaragua, porque  estaba privando a las indias desde ahora de toda posibilidad de enorgullecerse en el futuro de haber parido hijos de españoles; que Usted estaba suprimiendo lo más sagrado que puede haber entre los seres humanos y que eso era el amor; que los nuevos hijos de Nicaragua no iban a ser fruto del amor sino que fruto de la violencia, el engaño, el comercio despiadado y la putería”.

Son las voces solapadas y los poderes discretos y a la sombra del poder formal las que cuentan esta novela y la protagonizan, son mujeres, mujeres que tienen que sobrevivir en este nuevo mundo y para ello hacen suyos los valores del conquistador, y que en resumidas cuentas como dice Juan Durán Luzio: “La percepción que de la india tuvo el vencedor de la colisión entre europeos y aborígenes minusvaloriza todo el ámbito de su ser y de su quehacer femeninos, relegándola a un plano secundario y, cuando no , a uno de suyo degradado” y es que las voces que nos llegan de la conquista, voces masculinas de cronistas y sacerdotes, que matizan sus relatos, no son y no pueden ser los únicos relatos, en ese sentido, por vía indirecta Pasos construye un relato que nadie quiso contar antes, desde el reverso de la historia, pero no por las víctimas, si no por otros perpetradores que la historia ha callado, también es la voz, desenfadada y sínica de los herederos de la conquista, es el legado de los conquistadores citando a Samuel Stone “la clase dirigente colonial original del Istmo, que se dividió con el establecimiento de cinco territorios separados. De ahí los antepasados comunes de esas agrupaciones contemporáneas. Aun hoy muchos de los presidentes de la región descienden de la hidalguía colonial. Gran número de gobernantes centroamericanos han sido parientes entre sí.”

Siendo así, esta historia es narrada por las madres de nuestros gobernantes oligarcas, paternalistas y finqueros, por los que concilian estirpes sin contar que fue una violación de las madres indias, y la castración del abuelo indio. Vale la pena desmitificar el relato de los “tres abuelos”, aquel en que se nos dice que somos hijos de ese abuelo europeo, negro e indio, pues los últimos dos fueron castrados, somos los hijos de madres violadas, de abuelas que la historia borró y que ahora esta novela de Ricardo Pasos nos recuerda, con toda su brutalidad, y dolor.

El Burdel de las Pedrarias, es sin duda una de las obras más valiosas de la reciente narrativa nicaragüense, tan vital y robusta como su poesía, solvente dentro del amplio subgénero de la novela Histórica, tan hermana por igual de Asalto al Paraíso de Tatiana Lobo, y de una calidad literaria evidente que se desarrolla a la par de su testimonio.

Germán Hernández

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4 comentarios:

  1. No pongo en duda la calidad literaria, pero la calidad histórica es penosa. A parte de las verdades de la violencia, la documentación histórica es tremenda: las fechas equivocadas de decenios, los nombres de las ciudades andaluzas mal escritas. Si en el detalle está la calidad, aquí la ha perdido.

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  2. Aprecio mucho su comentario "Anónimo". Realmente mi lectura de esta novela no tiene en cuenta la rigurosidad y precisión histórica de los hechos narrados. No está a mi alcance dicho aspecto.

    A pesar de ello, sí creo que lo narrado apegado o no al dato historiográfico, sí ofrece más de una posible explicación sobre el violento y triste presente de los pueblos centroamericanos.

    Gracias por pasar.

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  3. Creo y estoy seguro que lo que comenta la novela en relación a que "somos descendientes de violaciones y putería" está fuera de paila (fuera de la verdad); porque no es así, debido que el burdel ( si acaso existió), tenía una ubicación geográfica muy específica y reducida a un lote, área pueblerina (El Realejo). Los Nicaragüenses nacimos en una región muy amplia del territorio, por tanto la flecha ó flujo de descendencia no puede ni ha podido en la historia abarcar toda una Nación. Atte. R.M.D.

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  4. Gracias por comentar R.M.D.

    Creo que sería ingenuo interpretar literalmente el sentido de la expresión "somos descendientes de violaciones y putería".

    Dolorosamente, si nos atenemos al legado de los conquistadores y el colonialismo en las jóvenes y recién inventadas naciones centroamericanas, no es imposible hacer la relación "alegórica" entre su herencia y el resultado: sociedades profundamente polarizadas, heridas por las guerras fratricidas, por su falta de gobernanza, democracia y condiciones de vida digna que expulsa a su población, por sus endebles economías y gobiernos, naciones condenadas a divagar periféricamente por los intereces de los centros hegemónicos de poder.

    Yo sí creo que somos hijos de la "chingada", también creo que apartir de una honesta toma de conciencia, podemos transformar nuestra realidad y escribir otro futuro.

    Saludos!

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