20/4/12

Alexánder Obando - El Escritor Puente II


Esta es la segunda entrega de una serie de artículos dedicados a la vida de  Alexander Obando y su obra, anteriormente nos referimos a los Primeros Años, damos inicio ahora a sus Primeras Letras y la etapa en  El Taller Eunice Odio.
  

2. Primeras Letras

Alexánder Obando - Fotografía de Jorge Vega
Las inclinaciones literarias de Alexander Obando comienzan temprano, en su adolescencia.

“Tan pronto aprendí a escribir en español empecé a leer en el mismo idioma (1973-75). Gané el segundo lugar en un concurso de cuento de Liceo (1974) para luego enterarme que el primer lugar lo había ganado un compa cuyo padre le había escrito el cuento. (El ganador me lo confesó en persona). Mi segundo lugar, me contaron los profes, se debía a que mi texto, más que un cuento, era un extenso diálogo entre cuatro generales de Alejandro Magno... tenían razón.”

En 1975 se da otro concurso, sobre ex directores del Liceo. Yo escogí a Luis Schönau, primer director (suizo) del colegio. El señor se había ido del país en la década de los 1890, por lo que toda la labor de investigación tuve que hacerla en la Biblioteca Nacional, donde seres humanos comunes y corrientes todavía podían leer la prensa de cien años atrás. También entrevisté a don Amando Céspedes, nonagenario de Heredia y único sobreviviente de la primera generación de alumnos del Liceo de Costa Rica. Me tomó varios meses recopilar la información y presentar la monografía, pero lo logré y obtuve un 2do lugar. El primer lugar fue para un alumno que hizo su monografía sobre un ex director aún vivo. ¿Quién me tenía de vivazo escribiendo sobre los muertos?

“Era la edad en que uno leía libros y luego se paseaba por la U o por San José comentándolos con amigos de similares intereses. Esa "peripatéticas" eran a veces de una tarde entera, no obstante la lluvia. Era la época en que el conocimiento tenía en sí un bordado mágico que lo hacía todo un maravilloso tesoro”. [1]



3. Los años del Taller de Literatura Activa Eunice Odio 1985-1993


Conocí a Alexander Obando en 1992, y lo tuve que conocer de a pocos, primero con terrible recelo, por aquel entonces, yo era miembro del Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz, y Alex era miembro del Taller de Literatura Activa Eunice Odio, y no es que existiera una guerra de talleres literarios, pero sí debo admitir que existía una infantil y natural rivalidad tribal entre talleres literarios, pero que nunca pasó de ahí, sin problema los grupos podían convivir en algún recital, y hasta en una mesa de tragos sin problemas mayores.

Quizás algún día, todo lo dicho hasta ahora sobre las horneadas de talleres literarios que surgieron en los noventas sea más diáfano y se pueda valorar su aporte o lastre para la literatura costarricense. Como sea, fue útero fértil para la poesía sin duda, pero no siempre para la narrativa, los narradores son los más solitarios y extraños especímenes en los talleres. Pero vale decir más sobre el Eunice Odio citando a Alex:

El Taller Eunice Odio se fundó en San José un mes de junio de 1985. Primero se llamó Taller de Poesía Activa, luego Taller de Poesía Activa Eunice Odio y finalmente Taller de Literatura Activa Eunice Odio. Cada vez que cambió el nombre se debió a un reacomodo del taller con respecto a su realidad inmediata. [...]

Quien les habla llegó al taller en el mes de diciembre de 1985. Una semana más tarde entró Mauricio Molina, de 18 años y recién salido del colegio. Pronto también ingresó Arturo Solís quien tendría un papel importante en el taller. Esta segunda generación tomó la bandera de la poetisa Eunice Odio, junto con la orientación pro-popular que ya tenía el taller y salió a las comunidades. [...]

Taller de Literatura Activa Eunice Odio. A inicios de la tercera etapa se nos unieron escritores como Esteban Ureña (en ese entonces de 17 años) Julio Acuña y Luis Fdo. Rodríguez. Este último era narrador, por lo que una vez más cambiamos el nombre de nuestro grupo literario. Así pues, y para ponerlo en palabras de Laureano Albán, el taller empezó a “cometer prosía”, es decir, una mezcla de prosa y poesía. En esta etapa final que fue la más larga de las tres, fue cuando el grupo tuvo más miembros e intereses más diversos. En principio, todo taller se rehúsa a morir, por lo que perduramos en una suerte de statu quo desde 1990 hasta setiembre de 1993 cuando el taller murió definitivamente o mejor dicho, cuatro de los miembros de entonces cometimos el doloroso pero ya muy necesario parricidio.

Ustedes saben mejor que yo que todo taller literario es como una estación de bus —todos, o casi todos, estamos de paso. Hubo gente maravillosa y gente que realmente daba miedo. Porque no hay manera de negar que todo taller es también un manicomio de papel. Egos y poemas vienen y egos y poemas van. [...]

Pero esto pasa o ha pasado en casi todo grupo literario. Lo que hizo al Eunice Odio un taller más o menos sui géneris fue más bien una carencia. El taller no tuvo gurú, como sí lo tuvo, por ejemplo, el Taller del Café Cultural; y no tuvo junta de notables ya publicados como si lo tuvo, por ejemplo, el Taller del Lunes. Esa carencia de un miembro prominente o de un grupo ya publicado nos ayudó a aprender una cosa fundamental: la poesía no existe; lo que existen son las poesías. [...] Una de las cosas que más ayudó en este proceso era que más o menos la mitad del los miembros del taller hablaban una o más lenguas extranjeras, permitiéndonos, por ejemplo, analizar la obra de Lawrence Ferlinghetti en su versión original, e intentar incluso, algunas discretas traducciones de autores varios. [...]

Así pues, la ausencia de capitán hizo que el barco navegara ebrio a donde los marineros lo llevaran. Y este azaroso itinerario fue lo que nos dio un mapa amplio del mundo literario. (Como ustedes pueden ver, no siempre es bueno que el barco tenga capitán). [...]

Resumo, entonces, diciendo que lo que más caracterizó al Eunice en sus años de vida fueron dos cosas: a) su carencia de cabecilla y por tanto su libertad para viajar y experimentar por todo país imaginario que los miembros del taller quisieran; y b) la lealtad del grupo nuclear para con su taller, lo que permitió la continuidad de una obra literaria que se extendió ininterrumpidamente por casi ocho años.”[2]

Uno de los aspectos más notables del Taller Eunice Odio, fue que prácticamente todos sus miembros publicaron posterior a esa etapa, cuando ya se ha superado la “calentura”:

“Cierto, todos los miembros del Eunice hemos publicado tarde. Mauricio a los 32, Esteban a los 34, Julio Acuña alrededor de los 30 y yo a los 42, Luego, compañeros como Memo Acuña y otros no publicaron sino hasta en años muy recientes. Pero no hubo plan premeditado al respecto, salvo la común convicción de que publicar antes de estar el texto bien listo es un desatino. Muy al contrario yo quería publicar desde siempre (por dicha no me dieron pelota). Pero de haber sido distinto hoy habría mucho texto mío del que estaría arrepentido. Para nosotros ir publicando fue un asunto de ir apareciendo en folletines mimeografiados y engrapados por pequeñas asociaciones de estudiantes. Así, mi primer poema publicado apareció en 1986 en un boletín de la Asociación de estudiantes de Historia de la UNA. y tres años más tarde Mario Alberto Marín publicó mi cuento "Mapaches"[3] en la revista Contrapunto”.[4]



4. Instrucciones para salir del Cementerio Marino


Portada de Instrucciones para salir del
Cementerio Marino - 1995
Visité el Taller Eunice Odio tres o cuatro veces, todo lo que platicaban en él me parecía fuera de este mundo, pero yo medroso y torpe no supe aprovecharlo en ese momento, pero me sirvió para conocer gente maravillosa que sigo apreciando mucho como Mauricio Molina, Esteban Ureña, Gustavo Induni, Julio Acuña y claro a Alexander Obando con su capacidad como conversador erudito y accesible desde abuelitas ortodoxas hasta catedráticos recalcitrantes, para todos y todas, Alexander fue siempre un escucha atento y risueño, y el más delicioso interlocutor, virtud maravillosa y peligrosa, pero siempre ventajosa si se trata de conciliar con novias, amantes, madres y padres preocupados por sus hijitos e hijitas desorbitados y lunáticos, mediador exquisito.

En 1993 el proyecto del taller finalmente llegaba a término, y con un poco de persistencia y para cerrar con broche de oro en 1995 salía una bella, artesanal y paradigmática antología del taller: Instrucciones para salir del cementerio marino, dejando el rastro de 14 de sus miembros. Para el caso de Alex, se publicaron seis de sus  poemas: Durmiendo con ellos, Ducha y Adiós, Vivir solo, Fotografía en la arena, Suerte de la señora Butterfly, Los Angeles, los cuales muchos años después podemos disfrutar recogidos en su único poemario publicado Angeles para Suicidas.

En esos primeros años de la década de los 90, Alex era mayormente conocido como poeta y ya en 1988 había ganado el segundo lugar de poesía en el certamen “Carmen Lyra” de la Municipalidad de San José con el poemario nunca publicado Anabiosis y más recientemente en 1991 el primer lugar en el Certamen Centroamericano de Literatura Joven auspiciado por el Instituto de Cultura Costarricense-Salvadoreño y el CSUCA con el poemario Hotel de Puerta Amarilla, que tampoco fue publicado nunca. Las Razones:

“Del certamen Carmen Lyra, los ganadores del primer y tercer lugar fueron Rodolfo Gutiérrez y José Ricardo Segura, respectivamente. Nos dieron promesas vagas de una eventual publicación que nunca se dio. Mi libro, Anabiosis, lo he descartado por completo. Es decir, no rescaté ninguna de sus poemas para posteriores publicaciones.

Del III Certamen Centroamericano de Literatura Joven Juan Ramón Molina. Los miembros del jurado fueron Osvaldo Sauma, Manlio Argueta y Mario Roberto Morales. Para mala suerte de David Maradiaga y mía al año siguiente se empezó a resolver la guerra civil en El Salvador, por lo que Manlio hizo maletas para regresar y el ICCS quedó medio al garete. David y yo estuvimos llamando dos años enteros sin que nos resolvieran nada. Luego él murió y yo me cansé del asunto. Sí recibimos el día de la premiación un sobre con $300.oo cada uno. Uno de los miembros claves de ICCS años después me contó la verdad: Manlio dejó plata en CR para que se coordinara con EDUCA la publicación del libro, pero un intermediario se dejó el dinero.[5]


Germán Hernández



[1] De la correspondencia entre Alexander Obando y Germán Hernández
[2] Alexander Obando. El Taller Eunice Odio: Un Barco Ebrio en la literatura de Costa Rica. En: http://elmasviolentoparaiso.blogspot.com/2008/09/el-taller-de-literatura-como-un-mal.html
[3] Que es parte del Cuentario: “Teoría del caos”. De pronta publicación.
[4] De la correspondencia entre Alexander Obando y Germán Hernández.
[5] De la correspondencia entre Alexander Obando y Germán Hernández.


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