1/8/12

Breves en el tiempo – Blas Dotta


Sin duda, una de las cosas que más agrada en Breves en el Tiempo[1] de Blas Dotta, es la soltura de su prosa, esa capacidad de elaborar imágenes y neologismos exquisitos, sugerentes y acertados, también destaca su fluidez, la habilidad con que los hechos narrados y el diálogo interior constante de Capote su protagonista se intercambia casi imperceptiblemente.

Eso sí, esta novela exige ser leída de una manera lúdica y carnavalesca, con la misma actitud del narrador, solo así es posible entenderse con su atmósfera bucólicamente aburguesada, sus situaciones absurdas y los estrafalarios personajes que la pueblan.

Hasta la página cincuenta y uno, la novela fluye encantadoramente, hasta que el autor interviene a través del protagonista y nos hace una especie de resumen de lo leído hasta ese momento, un resumen innecesario que no contribuye a involucrar al lector, sino a explicarle y conducirlo por el sendero que el autor quiere. A partir de allí la novela comienza a empantanarse, atrás quedan el hermano de Capote y la Gordita su colega, aparecen el padre del protagonista primero y después su abuelo paterno en dos visitas súbitas, intercaladas por un proyecto laboral respecto a una carrera de patos, pese a ello, ambos episodios, con el padre y el abuelo, son idénticos en cuanto, a que los dos se despiden de su pasado: el padre quema sus recortes y el abuelo se deshace de su vieja cámara, y en que ambos reafirman en el protagonista su propósito de atravesar el Atlántico en pos de su amada.

Es hasta la segunda parte de la novela que esta retoma su cauce, pero más adelante el autor nos interrumpe otra vez con sus resúmenes y en la página ochenta y ocho, nos vuelve a explicar lo que está sucediendo; realmente este es uno de los puntos débiles de esta novela: la estorbosa presencia del autor.

Y llegamos al desenlace, el cual se alarga demasiado. El autor intenta atar cabos, unir causalmente y no casualmente los eventos para dar a entender que todo se trata de una confabulación, de una especie de travesura frívola de los personajes,  entre ellos el excéntrico taxista negro que lo sabe todo (según dice él) por que habló con el abuelo, la misteriosa fotografía que fue tomada por este, las pistas falsas y los derroteros con el Poeta, Teresa la muerta, Amanda y todo para anunciarle al protagonista que pronto será papá. En todo caso, sentimos que la redondez del argumento es forzado, y corre el riesgo de ser poco verosímil.

En esta primera novela de Dotta están presentes muchas habilidades y recursos narrativos, a pesar de que el conjunto de esta no se logre amalgamar.

Germán Hernández




[1] En el primer Certamen de Novela Corta convocado por el Centro Cultural de España en 2011, el premio fue compartido por Breves en el tiempo de Blas Dotta y La Paciencia de los Insectos de José Manuel Solórzano. Ediciones Lanzallamas editó ambas novelas en un mismo volumen en su colección Bartleby en ese mismo año.


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