8/10/19

Viaje al reino de los deseos – Rafael Ángel Herra




Como suelen ser las novelas comerciales llamadas fantásticas o mal llamadas épicas, todo comienza con un viaje en busca de algo que restaurará la paz, el orden y en nombre del bien será sometido el mal. Mas o menos.


Paolo Uccello - San Jorge y el dragón

A cada página se irán sucediendo encuentros, pruebas y pistas que abrirán umbrales hacia el desenlace. Desfilarán seres fantásticos, acertijos enigmáticos, y transgresión, lo que pasa o se imagina, lo sólido o lo onírico, se fusionan, su realidad se suspende en lo concebible, al modo de Husserl: las ideas son parte de la realidad.


Cinta de Moebius - M.C. Escher

De las muchas lecturas posibles que admite Viaje al reino de los deseos, está la del regocijo erudito, obra pensada a partir de otras obras, plagada de referencias, desde Cervantes hasta Escher, desde Uccello hasta Ende, resolverlas, identificarlas, será algo más que la simple lectura porosa de un adolescente fanático a los video juegos y el cosplay.


El retablo de Maese Pedro - Gustavo Doré

Si hay alguien que sabe de lo monstruoso, es su autor, por eso presenta a un misterioso protagonista, Oreballac (caballero) quien es máquina, incapaz de sentir deseo o emoción, capaz apenas de comprender por analogía lo que experimenta a partir de lo que ha sido programado en su memoria. Un ser más cercano al monje tibetano que ha encontrado el nirvana o a un temible psicópata incapaz de empatía.


Rafaél Ángel Herra

No hay mayor originalidad en el texto, la cinta de Moebios, el viaje sin fin de Ende, la que se escribe mientras se lee, ese libro de arena que buscaba Borges, (¿Acaso la Word Wide Web no lo es?) apenas libro de aventuras, mejor decir un libro de acertijos, o bien, de homenajes y apologías, aún mejor: "había una vez un texto...".

Germán Hernández.




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