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9/2/18

Tania Hernandez – Cuentos adultos fantásticos



Como instantáneas, raros momentos Kodak, como quien no quiere la cosa, restos de realidad que uno capta de oídas, así es como se muestran estos cuadros minimalistas y sobrios que recoge Tania Hernandez en sus “Cuentos adultos fantásticos”. Entre tanto dolor, hay espacio para lo fantástico, no como transgresión de la realidad, sino como consuelo, para soportar lo ordinario.

Compuesto en tres secciones estos cuentos, prosas poéticas (whatever) sobresalen los exquisitos textos de la primera sección con su “Aprendiz de astronauta místico” y en la segunda sección, “Don Rogelio” cuyo perfil queda completo sin que Hernández nos diga todo, o apenas todo en las delicadas sutilezas de un personaje que se empieza a añorar después de leído.

Tania Hernández


Aquí les paso una mínima muestra, para evocar la dulce amargura de los que sueñan:


Al otro lado

El aprendiz de astronauta místico volvía de su primer viaje mental al otro lado del universo.
- ¿Y qué hay al otro lado? Le preguntó el maestro. - Nada - ¿Nada? Y, entonces, ¿qué estuviste haciendo allá todo este tiempo? - Navegar - Pero, es imposible navegar en la nada.
El aprendiz medita un poco y con una sonrisa responde - Tiene razón, maestro. Entonces me corrijo. Al otro lado del universo está lo imposible.


La Luna

El aprendiz de astronauta místico le había ofrecido a su amada alcanzarle la luna. Para ello se había encerrado días enteros en su estudio, calculando la distancia exacta entre el planeta y su satélite. El resultado fue que entre el cielo terrenal y la luna hay exactamente cuatro poemas, cinco oraciones en sánscrito y doce ave marías, concebidas en una noche de siete pecados capitales. A pesar de la exactitud de sus cálculos, intuía que se le había perdido un parámetro entre el baño y la cocina, y que eso le impediría llegar al regalo prometido. Un día en que el aprendiz había salido a ver si el universo lo inspiraba, llegó el sobrino del maestro a visitarlo. El niño entró a jugar al estudio del aprendiz, tomó la libreta y con un crayón celeste dibujó encima de los cálculos una oveja alada. Cuando el aprendiz volvió, en lugar de reprenderlo, abrazó al niño con emoción. Entendió de inmediato que era eso lo que le faltaba: las alas de la imaginación.


Los Sueños

El día en que su amada le dio un no rotundo, el aprendiz de astronauta místico se encerró de nuevo en su estudio tratando de olvidarla y dedicándose por completo a su hobby favorito: armar y desarmar sueños. Desde hacía mucho tiempo la gente le llevaba sus sueños para que los despojara de pesadillas. Los primeros dos meses de soledad fueron un fracaso. El maestro recibía a diario las quejas de los vecinos. Si bien el aprendiz les devolvía los sueños reparados, al usarlos se les caían los recuerdos y entonces eran incapaces de hacerlos volar.


Don Rogelio y el Baile

Don Rogelio no aprendió a bailar. Le gustaba la música, pero no podía evitar que se le quedara prendida en el medio de su corazón. Él se movía, se sacudía, pero no había modo. Tan querida se sentía la música en su centro que no le apetecía para nada bajar hasta sus pies.
Don Rogelio, bailaba, por eso, solo con la mirada.


Don Rogelio y la Magia

A Don Rogelio no se le daba muy bien lo de la magia. Un día intentó sacar conejos de un sombrero viejo y lo que salieron fueron puras palomillas. Para no decepcionarse mucho las llamó “mis pequeñas conejitas voladoras”. Sin embargo, por más que le rogó, Lucrecia no le permitió quedárselas como mascotas.


Felices


Doña Marta y su amiga no cabían de la alegría. Ni en el baño del café, ni en el elevador del trabajo, y casi que ni podían entrar por la puerta de sus casas. Habían aumentado diez kilos de la pura felicidad de tener de visita a sus nietos y poderles cocinar los mejores postres que eran capaces de hacer. En la calle un sinvergüenza les sugirió que fueran al gimnasio. - ¿Para qué? - le contestaron - si es bien sabido que “lo comido y lo vivido nadie nos lo podrá quitar”. -



21/11/14

A manera de orientación – Tania Hernández se refiere a "Apología de los parques”




No hay mapas que puedan abarcar una ciudad moderna. Cualquier mapa es solo una instantánea de ese espacio en constante cambio y crecimiento que representa la ciudad. ¿Cómo hacer, entonces, para encontrar algo o alguien dentro del laberinto de calles y avenidas? Hay que buscar referencias, rostros conocidos, edificios que están o estuvieron en algún sitio, como la antigua Biblioteca y de allí,  "cien varas al norte a mano derecha, antes del parque".

Los parques pueden ser una buena referencia y un buen lugar para encontrarse, más aún siendo los parques un símbolo de espacio abierto. Me refiero a los parques públicos, por supuesto, no a los de diversiones, ni a los disneylands o a los malls, en donde tienes que pagar entrada o se reservan el derecho de admisión. Los parques, los no privatizados, son esos lugares donde la gente se encuentra y se desencuentra y donde pueden suceder los milagros más espantosos y las desgracias más sublimes, mientras se camina de prisa en busca de la persona amada, como es el caso de  Raimundo, uno de los protagonistas de esta novela.
Tania Hernández
En Apología de los Parques, Germán Hernández nos presenta a San José, precisamente, como una ciudad parque, un espacio público en el que los personajes se mueven libremente, dejando a su paso gracias y desgracias, en el que es posible encontrarse y desencontrarse con aquello que se busca  o perder lo que tan adecuadamente, nos hacía falta.  Sin embargo, no hay idealización, esto no es un paraíso. Aquí pasa la vida,  y pasa la muerte, como pasarán frente a nosotros las piernas de esa mujer que podría muy bien ser todas las mujeres o una sola, cualquiera, hasta la suya. En este espacio abierto a lo real y a lo surreal, los contornos se difuminan, y en los personajes cohabitan la indefensión de “un peatón que intenta cruzar una calle” con el efecto fulminante de un cerillo encendido o de una paloma muerta que perfora el pecho de un conductor.

Adentrémonos entonces, a este espacio abierto. Pero antes de iniciar el camino, debo recordarles que no hay mapas, solo referencias. Los parques por ejemplo. O el hotel, o la zapatería, o las palomas muertas, o la vitrina de los maniquíes o el bar de la esquina. O simplemente, seguir a Raimundo y cuando llegue al parque, a su historia preferida, a la palabra clave, imagine cien varas al norte y luego cruza a la derecha.



Tania Hernández[1]

Frankfurt 2014






[1] Tania Hernández. Escritora guatemalteca. Reside en Frankfur, Alemania. Es autora del libro del libro de relatos Love veintediez, 2011“



1/2/13

La Terapia - Tania Hernandez


El Beso de la Serpiente (Detalle)

La terapia


 ¿Usted sueña?
  
por supuesto que sueño - si hasta las mesas sueñan, y la madera y las casas y los árboles. – “no hay nada que no provenga del sueño intranquilo de una partícula elemental”, me dijo alguna vez un profesor enamorado

¿Usted sueña?

sueño todos los días y todas las noches, sueño con la sicóloga, con su rostro de loca cuando me cuenta sus sueños, con su mirada infantil cuando espera una interpretación que la libere, no como Freud, que para Freud está ella, sino como José de Cannán, el de la tierra prometida que no dio frutos por siete largos años. Siete años lleva ella tratando de quitarse el tatuaje impuesto en su iglesia, su profesión y el anuncio colgado en la sala de espera, con la promesa de curar drogadictos, homosexuales e infieles.

sí, hablamos de mí, de mis padres, y por qué pagan la terapia, pero en los últimos minutos me pide que yo le interprete sus sueños. Yo, entonces, comienzo a hablar de numerología, del número cuatro, del color blanco, del orden, de la rigidez, de la represión, de todo lo que podría estar atrás de aquello que su inconsciente ve, le hablo de lo que dice la internet y de mi libro de sicología para dummies, pero no, ella quiere un profeta, un astrólogo, un vidente

y mientras me cuenta sus sueños, algo la humedece y cruza las piernas,  y empiezo a imaginar cómo sabrá la humedad de sus sueños, esos sueños que la componen y a la vez la descomponen,  si tendrán sabores y olores, significados que se escapan de mi boca, de mi lengua

por eso después de la terapia, paso al mercado a comprar fruta fresca y se la doy a mi novio. Lo beso largo e intenso,  y trato de adivinar si la sicóloga sabrá a naranja, o a fresa, o a guayaba o mejor: a dulce de leche. Y  mientras estoy con Miguel  y disfruto de su sexo penetrando mi cuerpo, pienso en ella,

y vuelvo a su clínica deseándola, esperando penetrar sus sueños, deseando desordenar cualquier partícula que no me incluya. Sé que un día se acercará a mí y me pedirá que la bese,  que le prediga con mi cuerpo un futuro conmigo y sin María, María la de los besos furtivos, esos besos que guarda en un rincón de su alma, lejos de la culpa y del  tatuaje del anuncio. Haremos el amor, y será maravilloso, ella pensando en su Maria y yo en Miguel, mi novio. Y cuando acabemos, le diré que el cuatro éramos nosotros, y que este cuatro será la abundancia - las vacas gordas - no le hablaré de la leche por supuesto, ni del río que correrá entre sus piernas, ni que entonces sabré a qué sabe, cual fruta adereza el sabor de la ausencia. Ella me mirará confundida. Me citará para la semana siguiente. Me dirá, que tiene mucho que pensar.

a Miguel le extrañará que lo ame sin llevarle más frutas y a mí que ella no me llame para preguntar por qué  nunca volví. Entonces vendrá lo terrible. Entonces, seguramente, dejaremos de soñar. 


 Tania Hernández. Guatemala. Reside en Frankfur, Alemania. Ha publicado el libro de relatos Love veintediez (2011) Visite su blog: Cuentiemos.











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27/2/12

Love Veintediez – Tania Hernández



A finales de diciembre del año pasado, tuvimos el gusto de recibir vía postal un ejemplar (de los que se rescataron) del primer libro publicado por la narradora guatemalteca Tania Hernández. Se trata del cuentario “Love Veintediez” en una bellísima impresión de Sintecomates Ediciones con las virtuosas ilustraciones de Ovidio Cartagena y prólogo de Aida Toledo.

Este primer libro de Tania Hernández, revela  a una narradora que se apropia del relato breve y su técnica con soltura; que es capaz de edificar textos desde el reverso del dolor, y propone desde éste, la voz de unos personajes que por una vez rompen la estoica inmovilidad y el silencio heroico. Ese silencio que imponen los mandatados sociales a mujeres, niños y hombres y que por una vez, en cada narración de Tania Hernández, estas voces despojadas de sus propias prisiones, la autoinmolación y la purificación, muestran de qué manera la violencia ha vaciado sus vidas, y que si fueran capaces de manifestarlo, solo devolverían el terror que les habita.


Ovido Cartagena
No es posible escribir sobre la violencia sexual, la exclusión y el despojo de la singularidad de unos personajes golpeados desde todas direcciones, sin apelar a mediaciones y trincheras que permitan abordar cada texto, para ello Tania Hernández ha sabido recoger  los materiales míticos de la Segua, la Llorona, Caperucitas y Lobos, las canciones populares y los sueños prefabricados del cine y la mercadotecnia, todas estas excusas se vuelven material y andamiaje para elaborar unos cuentos que sin renunciar a la denuncia y la sensibilidad beligerante también son piezas de arte, construidas con intuición plástica y sentido estético.




Ovidio Cartagena
Por esa razón es que en este libro de Tania Hernández encontramos piezas  impecables, donde lo referencial y el lenguaje es manejado con soltura y pertinencia, textos como “Xwan” que trasmite una ternura y nostalgia más allá de cualquier acuerdo de paz, que habla desde todos los muertos y la persistente impunidad en nuestros países. “Amenaza Sonora”, “El retorno del Jedi”  que hacen patente que no hay forma de aliviar el dolor, que no hay cura para las heridas, que ni la perpetración de la más exquisita venganza restituirá el equilibrio y el sentido, la sonrisa, la vida, que quizás y como lo manifiesta “Ana María no tiene corazón” donde el giro narrativo no viene desde la anécdota, sino desde el “narrador” recuerda que a pesar de las salidas racionales, hay un dolor que las supera. Por eso el dolor embrutece, enajena, así lo demuestran textos como la “Tatuana o la llorona, a saber” y “Tacuacín sin cola”. En algunos casos, los personajes intentarán su liberación, como en “Historias de Ángeles” y “Ex Culpa”, “Love Veintediez” otros personajes mediante la evasión se inventarán lugares simbólicos donde habitar, para hacer posible la existencia ante una realidad aplastante como en “Cara de Caballo”, “Cinéfilo”, “Fantasía Urbana”, “Quisiera decirte” y “Rienda suelta a mi deseo”. Al final, se percibe una coralidad y un sentido de conjunto en tantas voces restauradas por la autora.

Ovidio Cartagena
A pesar de la cautividad geográfica que experimenta la literatura centroamericana, es una dicha, tener la buena fortuna (aunque sea a cuenta gotas) de poder leer la nueva narrativa que se está escribiendo en nuestros países, donde la distribución y la promoción editorial son tan limitadas y locales. Tener la oportunidad de leer este primer libro de Tania Hernández, es una confirmación del sentimiento de una generación asqueada de los discursos oficiales, la autocompasión y la eufemística, reafirma que en el caso de Guatemala, esta generación de jóvenes narradores y narradoras, surge madura y desgarrada, pero no indiferente, que no surge de los “seudo discursos” de la “posmodernidad”, pues se afirma en eso que Franz Hinkelhammer reconoce como “modernidad en extremis” y certeramente en el caso de “Love Veintediez” nos señala, que no es la “utopía” lo que ha muerto, si no vidas concretas y singulares, quizá nosotros mismos.


Germán Hernández.