18/10/13

Mentiras que miramos - Luis Andrés Ulloa



La soledad del parque. Fotografía de Angel Martínez


Mentiras que miramos
  

Desde hacía tiempo, salía al anochecer a caminar, terminaba mi recorrido en alguna banca para quemar mis dudas como el humo de un cigarro. En una ocasión algo atrapó más que mi atención, tanto que noche tras noche regreso al mismo lugar para no perder nada de aquel acontecimiento.

Aquel día me senté en una banca en donde quedaba al descubierto, los vi acercarse, era una pareja o tal vez solo un par de amigos que disfrutaban del transcurso del tiempo sin buscar nada, sin apoderarse de cosa alguna, pero yo me apoderé de ellos. Cruzaron el parque hasta acercarse al kiosco, se situaron en una banca delante de un árbol, la tenue luz quedaba atrapada entre las hojas, se sentaron de frente tan cerca cómo se los permitían sus cuerpos que en ese momento les estorbaban pero también los protegían de convertirse en presas de sí mismos. Había un fuerte lazo entre ellos que parecía nutrirse de la luz del sol que se iba difuminando, para este momento yo estaba en mi tercer cigarro y ellos cerca de fundirse con el cemento de la banca mientras se miraban. Seguían buscándose, una caricia, un beso hubiera dado fin a esa búsqueda; finalmente, querían ser libres pero tampoco lo sabían.

Pero nada es eterno, ni mi quinto cigarrillo, ni el momento que ellos disfrutaban; entonces, me distraje buscando en mis bolsillos, cuando mi atención regreso a ellos, él estaba de pie hablando por el celular, al retomar su lugar en la banca todo había acabado; ella, se acomodó el abrigo, dijo algo mientras miraba su reloj; él, respondió con una risa y unas cuantas palabras mientras sacaba su celular y se lo ofrecía a ella con una mueca burlona.

Partieron juntos y yo, impulsado por la curiosidad, decidí seguirlos, pero ya eran otros, aquellos que segundos antes fueron casi uno, eran ahora extraños. Se detuvieron frente a un tercero, yo estaba a punto de alcanzarlos mientras, inesperadamente, él la entregó al recién llegado; en ese momento, la nueva pareja enlazaba sus manos y reía, el otro se fue sin mirar atrás, y yo partí hacia casa.

De esto hace más de un año y medio, y aún regreso al mismo parque, a la misma banca que tomé aquel día, y no dejo de pasar por el sitio en la espera de encontrarlos juntos de nuevo, pero nada, a él lo he encontrado con sus amigos en el parque en tremendo alboroto, a ella la he visto trotando en buzo con audífonos. Cada vez que los he vuelto a ver se ven más felices, no añoran nada.



Luis Andrés Ulloa A. Modelo 1984. Actividad favorita pasear por los estante de las librerías; está haciendo sus primeras tintas en la escritura; disfruta del preciado arte de narrar historias para evitar la cordura, que es siempre una mala consejera. Es miembro regular del Taller Errante









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10/10/13

El cazador cazado - William Wilkie Collins



MIL CUENTOS



William Wilkie Collins nació en Londres, Inglaterra en 1824, su vasta obra abarca la novela, el teatro, el cuento y el ensayo. Para muchos es el padre del género policiaco, en particular por su novela La Piedra Lunar, sobre ella dice T. S. Eliot: "la primera, la más larga y la mejor novela de la moderna literatura policiaca inglesa, en un género inventado por Collins y no por Poe", igualmente la escritora Dorothy L. Sayers la considera “la mejor novela policiaca jamás escrita" Y su personaje, el Sargento Cuff, se le considera como el arquetipo literario que dará origen a Sherlock Holmes.

El cazador cazado es prácticamente indispensable en toda antología del género policiaco; pese a ello, no podemos decir que Collins sea un escritor dedicado profesionalmente a este género, eso tendrá que esperar un tiempo. El cuento que comentamos pertenece originalmente a la obra La reina de corazones una singular colección de diez relatos que recuerda a las Mil y una noches, el Decamerón o a los Cuentos de Canterbury, por el notable recurso de estar narrados por otros personajes del mismo libro, en este caso por tres ancianos que comienzan a contar cuentos de diversos tópicos para entretener y evitar la partida de una bella joven.

El cazador cazado está escrito como un epistolario en que el inspector Matthew Sharpin reporta a su superior el inspector jefe Francis Theakstone sus avances en el proceso de investigación de un robo. La singular personalidad del primero y la sobreestimada imagen que tiene de sí mismo, le harán pasar un mal rato, en un caso que como bien indicará el inspector jefe Francis Theakstone al sargento Bulmer (donde el autor hace un disimulado guiño al lector): “Usted puede señalar al ladrón en cinco minutos”.

Este cuento, con humor satírico, y una amenidad impresionante, sería un exquisito disuasivo para que una bella señorita, o un buen lector, esté encantado de quedarse, y por qué no, también invitado, a leer La piedra lunar, obra maestra de este autor.

Germán Hernández

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10/9/13

El accionista mayoritario – Petros Márkaris




"Como fui por largo tiempo un activista de izquierda, no tenía ninguna simpatía por los policías. En Grecia, habían sido sinónimo de fascistas... Pero de pronto, por primera vez, caí en la cuenta que esos pobres policías son pequeños burgueses, que tienen los mismos sueños de que sus hijos puedan estudiar para convertirse en doctores o abogados. Así se comenzó a desarrollar esta construcción: un crimen y una historia familiar contadas paralelamente"
Petros Márkaris


Petros Márkaris, es un escritor muy singular de intrincados orígenes y diversas influencias; nació en Turquía, de padre armenio y madre griega, estudio economía y se especializó en cultura alemana y sus traducciones son muy apreciadas. Además, ha colaborado como guionista de cine y dramaturgo, pero seguramente lo que más destaca es su saga protagonizada por el comisario Kostas Jaritos donde combina bien la crítica social y de costumbres con la intriga policiaca. El accionista mayoritario es la cuarta entrega de la serie.

El comisario Jaritos, es un hombre de familia, buen comensal y ante todo, un miembro común de la pequeña burguesía que trata de mantener su status quo en una Grecia que todavía está asimilando los vertiginosos cambios de la reciente democracia y su incorporación a la Unión Europea, y como bien lo refleja esta novela, se trata de una Grecia que está viviendo por encima de sus posibilidades (amarga clarividencia de este autor antes del comienzo de la crisis). Junto a ello, el comisario Jaritos se desempeña como un agente de la justicia, una sobre la que todavía pesan los abusos y arbitrariedades de la dictadura.

El comisario recibe una llamada inquietante, el crucero en el que viaja su hija  ha sido secuestrado. Los móviles e identidad del grupo terrorista que ha perpetrado la acción son desconocidos, aquí arranca la angustiante situación del protagonista, que por un lado es padre y siente la impotencia de no poder hacer nada por su hija, y del otro lado las obligaciones de su oficio, la casería de un asesino en serie que pretende acabar con el mundo de la publicidad y que mientras esta no cese, continuará matando figuras de ese medio. En el estilo de Márkaris, el papel que juega la investigación propiamente dicha es más que nada un recurso para profundizar en la observación y crítica del entorno y las personas; nos encontramos entonces con una Atenas caótica de tráfico, donde lo único que queda de las gloriosas Olimpiadas del 2004 son las ruinas de los escenarios deportivos vandalizados y convertidos en basureros y refugios de la indigencia; ingresamos al mundo de la publicidad y sus actores, la presión mediática y de las autoridades por dar solución a un conflicto donde lo que más se lamenta es el impacto económico y no tanto las vidas perdidas; mientras tanto, y conforme se van revelando las intenciones de los terroristas en el crucero, y después de las hipótesis cajoneras, se descubre con horror que no se trata de terroristas islámicos, que no es desde el exterior que vienen las amenazas a la cuna de la civilización occidental sino desde sus propias entrañas.

Petros Márkaris
En una novela donde una cosa lleva a la otra, y el comisario recorre las calles en su inseparable Mirafiori, poco a poco constataremos que muchas veces la resolución de un caso no está en manos de las autoridades y sus instituciones, y que son pequeños actos humanos los que deciden sobre la vida y la muerte. Una novela hábilmente narrada en primera persona, sin menoscabo del fino retrato de los caracteres y subjetividades de los personajes. Pese a que los hilos de la trama a veces se estiran demasiado para hacerlos coincidir, es una obra que se disfruta y angustia a la vez, y que no puede ser leía de la misma manera antes o después de la crisis financiera que azota a las economías del Mediterráneo.

 Si te interesa este libro, aquí te dejo un link para que lo podás descargar y leer en formato epub: El accionista mayoritario - Petros Márkaris

Germán Hernández.



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