26/12/16

Santiago Porras – La sombra decapitada



Muchas cosas se dicen sobre la narrativa breve local, que es floja, que es escasa, y nada de ello me parece cierto, solo faltan lectores para disfrutar de un género exigente, tanto para el autor en construirla como para el lector en destruirla.

Santiago Porras regresa después de su bella novela Avancari al género que lo dio a conocer y donde nos tiene acostumbrados: el cuento. Microrrelatos, estampas, anecdotarios, cuentos propiamente dichos, constituyen su nuevo conjunto “La sombra decapitada” curioso título de connotaciones posrománticas, pero no es el único, otros títulos de sus relatos tienen las mismas reminiscencias, como “La catedral de Rouen”,  “La sombra flotante”, “El hijo de la muerte”, “El cartabón para el fracaso”, “El secreto de la eternidad”, “El abrazo mortal”, solo cito títulos, independientemente de su contenido, por curiosidad y sorpresa, ¿Qué se traen estos y otros relatos?

Ya lo dijimos, desde microrrelatos, de apenas un párrafo, sentenciosos, como “La catedral de Rouen” con que abre el libro o “Esclavizadores” con que lo cierra. O bien, estampas que abren una ventana hacia un mundo que palpita entre lo mágico, y recuperan la oralidad popular en textos como “La sombra flotate”, “El secreto de la inmortalidad”, “El secreto perdido”, “Visita al nigromante” o “Abrazo Mortal”

Pero acostumbrados como estamos a la prosa diáfana, y reflexiva de Porras, vuelve con ella en cuentos cuyo propósito es hablarnos detrás del texto, para el que se compromete a leer entre líneas como las del cuento homónimo cuando dice: “Ahora entiendo por qué las hormigas cargan varias veces su propio peso, el suyo es un cuerpo sin el fardo de la memoria”. Sí, son cuentos con mucha glosa, de reflexión filosófica, pero para el que no quiera penetrar en ellas, tendrá una gustosa lectura sobre cosas que “dicen” que pasan.

Y también pasan cosas que se leen, que se dialogan con otros autores y se actualizan, ¿y cómo no encontrarse con otros maestros del relato breve?, como es el caso de “Autoinmolación” que le hace guiños a Alvaro Menen Desleal o a un Pamuk en “El hijo de la muerte”.

Santiago Porras
Encontramos también en este volumen otros textos, cuentos en toda regla, cuentos morales si se quiere, donde la vos del narrador casi parece sonrojar ante lo que cuenta, que se esquinea, dribla, busca entre palabras la imposibilidad de narrar lo indigno, lo vulgar, lo sucio de la manera más limpia, más elegante, más dignamente posible, tal es caso de textos como “El cartabón para el fracaso”, “Cuarteto de cuerdas y loco” o bien el dostoievskano “Por amor al arte”, narraciones absurdas, donde todo sentido común desaparece para dar lugar a situaciones excéntricas y enfermas, pero con un candor y una naturalidad exquisitas.

Esta última entrega de Porras reitera su ya singular y acertada forma de narrar, hermana de un Efrén y un Filisberto Hernández, de un Sergio Golwarts y de un Menen Desleal así como de Monterroso, prosa ligera, elegante, casi inocente, casi ingenua, suficiente para pasar una tarde creyéndonos más listos que el autor, casi…

En suma, un cuentario sabroso, digno de un narrador que sabe entretener y deleitar, e incomodarnos.


Germán Hernández


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