27/8/16

Un espejo roto – Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana



Inevitable referirse a los límites que toda antología supone, y necesario también señalar los umbrales a los que nos lleva, las puertas que nos abre, su carácter de brújula enloquecida y certera. Todo esto cabe y hace falta decirlo sobre esta breve antología del nuevo cuento Centroamericano y República Dominicana.

Lo más grato, y cómo no lo va ser, es reconocer en esta obra tantos autores y autoras en sus páginas, quienes, pese a la cautividad geográfica de nuestros países, me son afines y amigos, no se puede negar que las nuevas tecnologías de la comunicación son herramientas poderosas para fines insospechados.

Siete países, (los usuales que cabría esperar más un plus: República Dominicana) veintisiete autores y autoras, un texto por cada uno, su ficha biobibliográfica y una breve glosa respondiendo a la tácita pregunta ¿Qué significa escribir desde Centroamérica o desde República Dominicana? (como se infiere en las respuestas de los insulares) componen esta antología. Desde luego que cuatro autores por país no bastan para agotar todo el ecosistema de la narrativa local; por supuesto que un texto por autor es insuficiente para hacerse una idea de la obra en marcha de cada uno y de cada una, eso es verdad de Perogrullo, y nadie le pide peras al olmo. En ese sentido, podemos decir entonces que la breve muestra antologada más que destacar autores o textos individualmente, sí logra mostrarnos el aliento, la motivación, las tendencias literarias en la región, los instintos comunes e inadvertidos que afloran coralmente a veces, convergentes, o divergentes también, esta antología sobre todo nos permite hacernos una idea de qué le preocupa y le ocupa a la nueva generación de narrativa, de que tradiciones está retroalimentándose y de cuáles son sus aportes, lo suyo propio.

El resultado es interesante, si quisiéramos trazar una frontera imaginaria, un punto epocal de referencia, digamos por ejemplo la firma de los tratados de paz en los noventa y el proceso posterior en que nacen, se forman y escriben los autores y autoras reseñados descubrimos con asombro que no son una generación post-conflicto, que la formalización de las instituciones democráticas y electorales, los armisticios y la integración económica no son más que fachadas, los tópicos, las obsesiones si se quiere, en particular en las narrativas de Guatemala, Honduras y El Salvador, reflejan la herida abierta y sangrante todavía de la guerra, de las dictaduras, de los procesos revolucionarios, de la exclusión social y la marginalidad, incluso y sin que se tome a mal, hay relatos que si me hubiesen dicho que fueron escritos en la década de los años ochenta (cuando recrudecía el conflicto armado e intestinal) lo hubiera creído, pero no, fueron escritos en pleno siglo veintiuno.

Pero quizá me equivoco, a lo mejor la antología no es eso, sino la voluntad del antologador, o incluso, de su patrocinador el Goethe Institut. La antología aparece encabezada por el maestro Sergio Ramírez, el polígrafo centroamericano, pero salvo su prólogo, muy referencial y periférico, que casi nada dice sobre esta nueva narrativa salvo que reclama “universalidad” nos parece que su papel en la selección, lectura, y ensamblaje de la obra jugó un papel muy discreto y marginal (es que resulta evidente si contrastamos su trabajo como antologador en las ya viejas antologías del cuento centroamericano y nicaragüense que publicara EDUCA y la Editorial Nueva Nicaragua) pareciera más bien que hubo un equipo y una logística tras el proyecto bajo el aval de Ramírez, eso no tiene nada de malo, lo malo es que no se diga. La novedad de incluir a República Dominicana es inusual pero afortunada, qué esquiva es su literatura y su arte (que no es solo bachatas, merengues y salsas) y qué afortunados somos de poder asomarnos a su última narrativa en esta mínima muestra, lo que no salva de la endeble justificación de Ramírez de incluir a ese país en la antología “por su cercanía no solo en la lengua, sino también cultural” lo que justificará mi reproche: ¿y por qué no también Puerto Rico y Cuba? No importa, lo bueno nunca sobra, lo malo es no decir que era exigencia de los patrocinadores.

Pero entremos con un poco más de detalle en esta nueva narrativa centroamericana y dominicana, refirámonos a algunos casos concretos, destaquemos algunos textos que lo merecen, por Guatemala, “Ramiro olvida” de Maurice Echeverría, probablemente el mejor texto de toda la muestra, sobrecogedor, el viejo verdugo, torturador y asesino está viejo, y además está olvidando, el texto lo relata un viejo amigo, un amigo que rescata toda la humanidad de Ramiro, su camaradería, nos descoloca, nos repugna, el monstruo también es gente, también es persona, que extraña joya nos regala Echeverría en este texto.

Por Nicaragua, María del Carmen Pérez Cuadra nos ofrece “Navidad en Managua” un texto que al igual que “El estreno” de Vanessa Núñez Handal por Guatemala tienen un gusto conocido; en ambos casos me recordaron un texto de Salarrué, “Noche buena” de sus inmortales “Cuentos de barro”, la restauración de la justicia en uno y su imposibilidad en el otro, la niñez centroamericana, su inocencia llena de carencias y lombrices, moribunda de diarreas y de sueños engendrará su mara, su militar, su político, pero al menos esta vez el nudo en la garganta, dos textos que nos recuerdan que en nuestra América Central lo único que cambia es el clima.

En un espacio para la polémica, por El Salvador, Alberto Pocasangre y su texto “Tiras de carne” que el poeta Juan Carlos Olivas, considera un “burdo plagio” del cuento de Julio Ramón Riveyro “Los gallinazos sin plumas” y es que las similitudes entre ambos textos son abrumadoras, no podría creer que al maestro Ramírez se le pasara esto, pero pese a todo, el texto de Pocasangre me gusta más que el de Riveyro, y es que la marginalidad no puede ser original, siempre engendra igual dolor en todo tiempo y en todo lugar.

Por Costa Rica Carla Pravisani (posiblemente la más andariega y cosmopolita de la muestra) sobresale por su texto “Locaciones” tan hábilmente ejecutada como crónica de viaje, hasta San Pedro Sula (mi ciudad favorita en Centro América) y con una sutil contención narrativa sabe poner los puntos en las íes y resuelve un texto que es paradigma de la institucionalidad y el clientelismo político en nuestra región.

Y cerrando, por Panamá, Carlos Oriel Wynter Melo y su texto “El hambre del hombre” una delicia de texto, con unos guiños y un manejo del doble sentido y la picardía que hacen de su texto un delicatesen.

Buena sorpresa depara la narrativa centroamericana de la última generación, tan marginal como les gusta a otros vernos, pero nunca nos ha molestado mostrarnos tal cual somos, universales siempre.


Germán Hernández.


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