25/11/16

Ocho canciones de Leonard Cohen - Traducidas por Gustavo Solórzano-Alfaro (2008-2016)




Ocho canciones que son poemas, una pérdida que no es pérdida, una derrota que no es derrota. Una vez más Gustavo Solórzano-Alfaro colabora con el Signo roto y nos comparte sus notables traducciones, esta vez de Leonard Cohen, que recién se fue, pero se quedó entrañable en todos y todas.

Suzanne

Suzanne te lleva a su casa, cerca del río.
Podés escuchar los botes
y pasar la noche a su lado.
Vos sabés que está medio loca
pero por eso mismo querés quedarte.
Te alimenta con té y naranjas
que vienen desde China,
y justo cuando pretendés decirle
que no tenés amor para ofrecerle
te atrapa con sus ideas
y deja que el río responda
que siempre has sido su amante.

Y vos querés viajar con ella,
viajar a ciegas,
y sabés que confiará en vos
porque has tocado su verdadero cuerpo con tu mente.

Jesús fue un marinero
cuando caminó sobre las aguas.
Pasó mucho tiempo vigilando
desde su solitaria torre de madera,
y cuando estuvo seguro
de que solo los ahogados podían verlo
les dijo: “Todos los hombres serán marineros
hasta que el mar los libere”.
Pero él mismo estaba desecho,
mucho antes de que el cielo se abriera.
Olvidado, casi humano,
se hundió en tu sabiduría como una piedra.

Y vos querés viajar con Él,
viajar a ciegas,
y creés que a lo mejor confiarás en Él
porque ha tocado tu verdadero cuerpo con su mente.

Ahora Suzanne toma tu mano
y te lleva hacia el río.
Viste plumas y harapos
de los mostradores del Ejército de Salvación.
El sol se derrama como miel
sobre nuestra señora del puerto
y ella te enseña dónde mirar
entre la basura y las flores.
Hay héroes en las algas
y niños en la mañana
que buscan el amor
mientras Suzanne sostiene un espejo.

Y vos querés viajar con ella,
viajar a ciegas,
y sabés que confiará en vos
porque ha tocado tu verdadero cuerpo con su mente.


Famoso impermeable azul

Son las cuatro de la mañana,
a finales de diciembre.
Te estoy escribiendo ahora
solamente para saber si estás mejor.

Nueva York es frío,
pero me gusta donde vivo.
Hay música en la calle Clinton
durante todo el atardecer.

Escuché que estás construyendo una casita
en lo profundo del desierto
y que ahora no tenés mucho por qué vivir.
Espero que guardés al menos un recuerdo.

Sí, Jane vino con un mechón de tu cabello.
Dijo que vos se lo entregaste
la noche en que planeabas quitarte de en medio.
¿Alguna vez lo hiciste?

La última ocasión en que te vimos
lucías mucho más viejo.
Tu famoso impermeable azul
tenía una hombrera rasgada.

Fuiste a la estación
para esperar todos los trenes,
pero viniste a casa
sin Lili Marlene.

Y trataste a mi mujer
como si fuese apenas un trozo de tu vida,
aunque cuando ella regresó
ya no fuera la esposa de nadie.

Te veo ahí con una rosa en tus dientes,
como cualquier otro gitano delgado y ladrón.
Veo que Jane se despierta.
Te envía saludos.

Y qué te puedo decir,
mi hermano, mi asesino,
qué posibilidades tengo
siquiera de decir algo.

Supongo que te extraño,
supongo que te perdono.
Estoy contento
de que te atravesaras en mi camino.

Si alguna vez venís,
sea por Jean o por mí,
pues bien, tu enemigo está durmiendo
y su mujer es libre.

Sí, y gracias por la angustia
que borraste de sus ojos.
Pensé que estaba ahí para bien
así que nunca intenté arreglarla.

Y Jane vino con un mechón de tu cabello.
Dijo que vos se lo entregaste
la noche en que planeabas quitarte de en medio.

Con toda sinceridad,

L. Cohen


Hotel Chelsea #2

Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Hablabas tan segura y tan dulce, 
pegándome una mamada en la cama desecha,
mientras las limusinas esperaban afuera.

Esas fueron las razones y esa fue New York,
corríamos por el dinero y por la carne.
Para los músicos eso era el amor,
y puede que aún lo sea para los que quedan.

Pero vos te escapaste, ¿no es cierto?
Le diste la espalda a la multitud.
Te escapaste y nunca te escuché decir:
“Te necesito, no te necesito,
te  necesito, no te necesito”
y todas esas necedades.

Te recuerdo muy bien en el Hotel Chelsea.
Vos ya eras famosa, tu corazón, una leyenda.
Me dijiste de nuevo que preferías hombres apuestos
pero que harías una excepción conmigo.

Apretaste el puño por aquellos como nosotros,
oprimidos por los cánones de la belleza.
Te arreglaste y dijiste: “Bueno, no importa,
seremos feos pero tenemos la música”.

Y no pretendo sugerir que fui quien más te amó.
No llevo la cuenta de todos mis amoríos.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Eso es todo. Ni siquiera pienso en vos muy a menudo.


Aleluya

He escuchado que existía un acorde secreto
que David tocaba y que complacía al Señor,
pero a vos no te interesa mucho la música, ¿verdad?
Va así: la cuarta, la quinta,
la menor disminuida, la mayor aumentada
y el rey, confundido, compone su aleluya.

Tu fe era fuerte pero necesitabas una prueba.
La viste bañándose en el techo.
Su belleza y la luz de la luna te derrotaron.
Ella te ató a una silla de la cocina,
rompió tu trono, te cortó el cabello
y de tus labios extrajo el aleluya.

He estado aquí, conozco este cuarto,
he caminado por este piso,
solía vivir solo antes de conocerte.
He visto tu bandera en el arco de mármol.
El amor no es una marcha victoriosa
sino un aleluya roto y frío.
  
Hubo un tiempo en que me dejabas saber
realmente qué estaba sucediendo,
pero ahora no lo hacés más, ¿cierto?
Recordá que cuando me mudé con vos
el Espíritu Santo también lo hizo
y cada suspiro que dábamos era un aleluya

Tal vez haya un Dios en lo alto,
pero todo lo que he aprendido sobre el amor
ha sido como dispararle a alguien que te supera.
Esto no es un llanto que podás oír en la noche,
no es alguien que haya visto la luz,
es tan solo un aleluya roto y frío.

Decís que tomé el nombre de Dios en vano,
pero ni siquiera conozco ese nombre,
y aunque así fuese, de verdad, ¿qué tiene que ver con vos?
Hay un destello de gloria en cada palabra,
no importa lo que hayás escuchado,
si un aleluya roto o uno sagrado.

Hice lo mejor que pude, aunque no fuese mucho.
No podía sentir así que intenté acariciar.
He dicho la verdad, no he venido a engañarte.
Y aunque todo saliera mal,
me pararé frente al Señor de la Canción
y en mi lengua no habrá nada más que un aleluya.


El futuro

Devolveme mi noche rota,
mi cuarto de espejos, mi vida secreta,
aquí está muy solo,
no queda nadie para torturar.
Dame control absoluto
sobre cada ser vivo,
y acostate a mi lado, mujer,
¡es una orden!

Dame crack y sexo anal,
cortá el último árbol que queda
y metéselo en el culo
a tu cultura.
Devolveme el muro de Berlín,
a Stalin y a san Pablo.
Hermano, he visto el futuro:
es un asesinato

No sabés nada de mí,
nunca lo harás, nunca lo has hecho,
soy el pequeño judío
que escribió la Biblia.
He visto a las naciones levantarse y caer,
he oído sus historias,
las he escuchado todas,
pero el amor es el único motor para sobrevivir.

A tu siervo se le ha dicho
que lo diga fría y claramente:
“Esto se acabó, no va más”.
Y ahora que las ruedas
del cielo se detienen
sentís el látigo del diablo.
Preparate para el futuro:
es un asesinato.

El antiguo código occidental saltará en pedazos.
Tu vida privada explotará de pronto.
Habrá fantasmas,
hogueras en el camino,
y el hombre blanco estará bailando.
Verás a tu mujer colgando boca abajo,
con la cara cubierta por su vestido.
Todos los miserables poetuchos se acercarán
e intentarán sonar como Charlie Manson.
Y el hombre blanco estará bailando.

Devolveme el muro de Berlín,
a Stalin y a san Pablo.
Dame a Cristo
o repetí lo de Hiroshima.
Destruí otro feto,
de todas formas no nos gustan los niños.
He visto el futuro:
es un asesinato .

Las cosas se dispararán,
se dispararán en todas direcciones.
No habrá nada,
nada que podás volver a medir.
La ventisca,
la ventisca del mundo
ha cruzado el umbral
y ha invertido el mandato del alma.

Cuando ellos decían: “Arrepentite”,
me pregunto a qué se referían.


Esperando por el milagro

He estado esperando,
todo el día y toda la noche.
Se me pasó el tiempo
y desperdicié la mitad de mi vida.
Hubo muchas invitaciones
y sé que vos me enviaste algunas,
pero yo, yo estaba esperando,
esperando el milagro.

Sé que vos me amabas de verdad,
pero mirá, estaba atado de manos.
Sé que esto debió herirte,
sé que debió herir tu orgullo
pararte en mi ventana
con tu trompeta y tu tambor
y que yo estuviera ahí, nada más esperando,
esperando el milagro.

No creo que te guste,
no te gustaría este lugar.
No hay nada para entretenerse
y las sentencias son muy duras.
El director de orquesta dice que es Mozart
pero a mí me suena a musiquita cursi,
porque estoy esperando,
esperando el milagro.

Esperando el milagro
no queda nada más que hacer.
No he sido tan feliz desde que terminó
la segunda guerra mundial.

No queda nada más que hacer
cuando has sido engañado.
No queda nada más que hacer
cuando estás rogando por migajas.
No queda nada más que hacer
cuando tenés que seguir esperando,
esperando el milagro.

La otra noche
soñé con vos.
La mayor parte de tu cuerpo estaba desnudo
pero había una parte iluminada.
Las arenas del tiempo caían
de tus dedos y tus manos,
y vos, vos estabas esperando,
esperando el milagro.

Cariño, casémonos,
hemos estado solos muchos años.
Estemos solos juntos,
veamos si somos así de fuertes.
Sí, hagamos algo loco,
algo completamente equivocado
mientras estamos esperando,
esperando el milagro.

Cuando has caído en la carretera
y estás tirado en la lluvia
y te preguntan que cómo te está yendo,
por supuesto que dirás que no podés quejarte.
Y si te presionan por información,
ahí es cuando tenés que hacerte el tonto.
Solamente deciles que estás esperando
el milagro por venir.


Ligera como la brisa

Ella se posa desnuda frente a vos,
podés verla, probarla,
y se te entrega ligera como la brisa.
Podés bebértela o amamantarla,
no importa de qué forma la adorés
siempre y cuando sea de rodillas.

Así que me arrodillé en el delta,
en el alfa y en el omega,
en la cuna del río y de los mares.
Y como una bendición del cielo,
como por un segundo fui curado
y mi corazón estuvo en paz.

Cariño, he esperado
mucho por tus besos,
por que algo suceda,
algo como esto.

Sos débil y e inofensivo,
y dormís  sobre tu apero
y el viento sopla fuerte entre los árboles.
Y esto no es exactamente una prisión,
pero nunca serás perdonado por lo que sea
que hayás hecho con las llaves.

Está oscuro y nieva.
Amor mío, debo marcharme.
El río ha empezado a congelarse
y estoy harto de fingir.
Estoy desecho de tanto inclinarme,
de haber vivido tanto tiempo arrodillado.
Pero entonces ella baila con toda su gracia,
y tu corazón endurecido está lleno de odio,
y ella se desnuda pero solo para provocarte.
Vos te das la vuelta, asqueado,
por tu odio y por tu amor,
y ella se te acerca ligera como la brisa.

Hay sangre en todos los brazaletes,
podés verla, probarla.
Y vos le decís: “Por favor, cariño, por favor”.
Y ella te responde:
“Bebé con ganas, peregrino,
pero no te olvidés de que debajo
de esta resplandeciente camisa
todavía hay una mujer”.

Así que me arrodillé en el delta,
en el alfa y en el omega,
me arrodillé como un creyente.
Y como una bendición del cielo,
como por un segundo fui curado
y mi corazón estuvo en paz.


Debido a…

Debido a unas cuantas canciones
en las cuales hablé de su misterio,
las mujeres han sido
excepcionalmente amables
con mi vejez.
Ellas guardan un lugar secreto
en sus ocupadas vidas
y me llevan a él.
Luego se desnudan,
cada una a su manera,
y me dicen:
“Leonard, mirame,
mirame por última vez.”
Entonces se inclinan sobre la cama
y me cobijan
como a un bebé que tirita de frío.


Referencias

“Suzanne”. “Suzanne”, Songs of Leonard Cohen, 1967.
“Famoso impermeable azul”. “Famous Blue Raincoat”, Songs of Love and Hate, 1971.
“Hotel Chelsea # 2”. “Chelsea Hotel # 2”, New Skin for the Old Ceremony, 1974.
“Aleluya”. “Hallelujah”, Various Positions, 1984.
“El futuro”. “The Future”, The Future, 1992.
“Esperando el milagro”. “Waiting for the Miracle”, The Future, 1992.
“Ligera como la brisa”. “Light as the Breeze”, The Future, 1992.
“Because of”. “Debido a…”, Dear Heather, 2004.


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