13/2/12

Ruido de Fondo – Javier Payeras



La novela Ruido de Fondo del guatemalteco Javier Payeras, fue publicada en 2006 y reimpreso en 2009 por Ediciones Piedra Santa en una bellísima edición que incluye además de la intensa novela de Payeras una breve selección de poemas suyos  y tres ensayos críticos de su obra por Oswaldo Zavala, Fernando Feliu –Moggi y el cuate Francisco Alejandro Méndez. Una edición de esta calidad es en verdad inusual en Costa Rica.

Novela confesional, escrita con una fluidez coloquial que nos arrastra por una lectura ágil, que interpela sin artificios.  Iconoclasta, irreverente, resentida, posmoderna, desencantada, podrían ser algunas de las formas de abordar su lectura. Pero todas ellas son insuficientes por sí solas. Ruido de Fondo viene a ser suma generacional y que va más allá del paisaje citadino de Guatemala. Si la ubicáramos en un lugar y un tiempo, Ruido de fondo podría ocurrir y ocurre  en San Salvador, en San José, en Managua, en San Pedro Sula también, está ocurriendo en un ahora y en un después, después de la caída del Muro de Berlín y de los Acuerdos de Paz en Centroamérica, es decir, a partir de los eventos eje y paradigmáticos del oficialismos triunfante, pero también ocurre y ocurrió después de la masacre de los padres jesuitas en El Salvador y el homicidio de Monseñor Gerardi tras el informe “Guatemala nunca más”, es decir, dentro de la verdadera constatación de la inercialidad de las piedras que chocan entre sí levantando polvo y amontonándose en una región hecha de escombros.

Resulta paradójico que a ésta generación de narradores centroamericanos a la que pertenece Payeras, se le llame  del “desencanto”, ¿Cuándo estuvo encantada? ¿Cuándo creyó en el fin de la historia? ¿De qué forma heredó las consignas de sus padres y abuelos? Al contrario, es una generación a la que se le negó la utopía, por eso no puede ser de desencanto, es una generación que expone el presente sin las decoraciones y eufemismos de la democracia electoral y neoligarca centroamericana, y se vuelve generación del “Asco”, la que no puede levantar altares y monumentos entre escombros.

Ruido de Fondo ocurre en un instante de autoexamen del protagonista, la noche misma en que abandonará su apartamento y la vista de la Plaza Armas y el pabellón nacional, no hay resoluciones ni nuevos propósitos tras esta decisión, simplemente la urgencia por irse sin pagar en medio de una mala racha. Pero esa última noche da lugar a un repaso por la infancia y juventud, por las aventuras sexuales y la indiferencia por el otro, donde cada habitante se afirma cínicamente en su trozo de cemento, de aire robado, la ciudad es un trozo de tiempo para sobrevivir, donde si no mato me matan, un lugar para evadir, chupar, coger y drogarse. El protagonista no puede transformar una realidad a partir de los discursos tradicionales, las viejas consignas revolucionarias están vacías, las guías turísticas describen un lugar encantado e inexistente, los discursos oficiales se pudren con el amanecer de la incertidumbre, la doble moral de los padres se hace pedazos con su ejemplo.

El narrador, no busca, no lloriquea ni hace rabietas, simplemente, como si en él se juntara la voz lúcida de una generación indiferente, que se sabe abortada por las generaciones hipócritas que le preceden, hace una declaración de una profunda honestidad moral, sin autoengaños y que resignadamente acepta que mañana  “seguramente volveré a comparar coca cuando tenga dinero, seguramente seguiré bebiendo, seguramente volveré a engañar a la mujer que quiero, seguramente mañana volveré a hacer lo mismo y volvería a hacer todo lo que he hecho”; de igual manera lo resumiría Onetti: “la vida es una mierda, y hay que tener el valor de no buscar pretextos”. El indicativo implícito parece ser “quemar las naves” El imperativo implícito también, pareciera la transformación total, sin concesiones y con la memoria alerta.

Germán Hernández

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