30/3/12

Mario Cornejo - Cadáver



Mi Cadáver, Acrílico sobre papel por EMEBEZETA


Cadáver

El cadáver estaba tirado ahí, viéndome, como si yo fuera el muerto y no él.

Traté de ignorarlo por un rato, pero no pude. Me miraba con sus ojos muertos llenos de vida, de una manera incómoda para un cadáver. Intenté cerrando los párpados, pero el simple conocimiento de que al otro lado de mis párpados había un cadáver que me veía, me volvió loco. Abrí los ojos. Ahí estaba él, en el mismo rincón, viéndome.

Decidí cubrirlo con un trapo, para que ya no me molestara tanto. Al mismo tiempo que lo cubrí, algo me cubrió a mí. Me asusté. Quité lo que me cubría a mí, sólo para descubrir que el cadáver estaba descubierto también. Me le quedé viendo, para intimidarlo, para darle a entender que el que estaba vivo era yo y no él. En eso de estarlo viendo, me fijé. Sus cejas eran ridículamente parecidas a las mías, lo mismo su boca, sus ojos, su pelo, su nariz, todo.

Me tomó un rato descubrir que el cadáver y yo éramos el mismo. Que toda mi realidad era un espejo. Él era yo de su lado del espejo y yo era él en mi lado del espejo.
  

Carla María y la vieja gritona
  
Carla María estaba tranquila en la mesa favorita de su restaurante favorito, leyendo su libro favorito -”La Metamorfosis” de Kafka-, usando sus lentes favoritos mientras esperaba a que su té favorito se enfriara.

Estaba pasando la página cuando una vieja entró gritando al restaurante. Todos voltearon a verla, la vieja gritó más fuerte; tres meseros salieron de la cocina para sacarla del restaurante. La vieja respondió a la presencia de los meseros gritando maldiciones de pueblo, los meseros la tomaron de los brazos y piernas. La vieja con un simple movimiento botó a los tres meseros.

Carla María se terminó resignando a que no habría paz para seguir leyendo, cerró su libro y se levantó de la mesa, caminó hacia donde estaba la vieja gritona y le dijo “Señora, ¿podría callarse?”. La vieja se calló por un momento, luego regresó a gritar. Carla María se molestó, retrocedió un poco para agarrar impulso, empujó a la vieja, hacia afuera, la vieja cayó al piso. Gritó. Gritó de dolor, de agonía, de felicidad, de tristeza.

La vieja había gritado por última vez.

  
Mario Cornejo nació el 9 de marzo de 1996 en San Salvador, El Salvador. Iniciado en la literatura a la edad de siete años por su padre, Rafael.  Desde los doce años no ha dejado de leer y de escribir. Actualmente trabaja en una colección de textos seguramente impublicable llamada “Dislexia”.

Ocasionalmente escribe sketchs y obras de teatro vanguardista para guardarlos posteriormente en un cajón con llave.

Estudia en el colegio jesuita “Externado de San José” desde el 2002.

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